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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Resonancias disléxicas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 5 de mayo de 2008, 02:36 h (CET)
No cabe duda, desarrollamos una serie de actitudes, las deterioramos o las mejoramos, pero no constituyen propiedades aisladas e independientes; permanecen ancladas en las estructuras, de un cerebro, de un organismo, o de la sociedad. Estamos ávidos por la percepción de cuanto nos rodea. Esas LECTURAS se proyectan hacia las letras o signos, como también, hacia imágenes del entorno; hemos de reconocer eso que observamos. Su aplicación, cuaja en el aprendizaje propio, y por consiguiente, facilitará las respuestas adecuadas. Como consecuencia inmediata, las deficiencias de esas lecturas, repercutirán en la personalidad de los afectados. Son múltiples las causas que puedan derivar en esos fallos; lesiones neurológicas, mala enseñanza o simples desajustes funcionales.

Englobamos en el concepto de DISLEXIA, a las dificultades para ese reconocimiento atinado de los signos y letras. Aunque se lleguen a detectar también en adultos, su relevancia se pone de manifiesto en los niños, sobre todo por la repercusión en sus diversos aprendizajes. Corroe toda la personalidad del infante, por que le facilita datos deformados de letras y señales de todo tipo. Así se verán alterados, sílabas, palabras enteras, la misma pronunciación; la sintaxis y el orden de las palabras. Se deriva de ello, un enorme impedimento para el enlace de los diversos conocimientos. Se añaden errores de cálculo, los guarismos no son identificados certeramente. Su incidencia ronda el 5 % (T.R. Miles), pero su grado de afectación es muy variable; y su detección, a veces, dificultosa.

Como causantes de estos problemas, se han identificado lesiones cerebrales, temporales u occipitales. Sin embargo, Emma Morris hace referencia a unos trabajos en la Universidad de Hong Kong; mediante técnicas de Resonancia Magnética, precisaban el alcance y significado de esas alteraciones neurológicas. Las lesiones tenían diferente UBICACIÓN, según el idioma del sujeto examinado. En chinos disléxicos, la lesión estaba en los giros frontales. Si eran de lengua inglesa, la alteración era fronto-parietal, e incluso occipital. Primera deducción a tener en cuenta, las características de cada lenguaje hacen trabajar a unas áreas cerebrales u otras. La lesión que afecta a un inglés, no lo hará a un chino; o viceversa.

Enseguida se pregunta uno si habrá DIFERENCIAS de este calado entre otros lenguajes. Sobre todo, con idiomas de estructura muy dispar. ¿Castellano? ¿Alemán? ¿Euskera? ¿Swahili? ¿Guaraní? Una vez más, se pone de manifiesto la dificultad para la generalización, un ejemplo nítido de las peculiaridades biológicas, brotan los matices por doquier. Ante hechos como las imágenes encontradas, los interrogantes son curiosos y variados. La diversidad muestra unas ramificaciones fascinantes, que además, abren horizontes amplios sobre áreas vitales. Sobre el tratamiento de los disléxicos, técnicas de enseñanza o maneras de percibir el entorno. ¿Cuáles serán las circunstancias más relevantes a tener en cuenta? ¿Cómo repercutirán hallazgos de este calibre en la comprensión de los lenguajes humanos?

¿Qué es primero? ¿Un gen determinado? ¿Estamos ante una sucesión de mutaciones? Por el momento no se ha detectado esa directriz genética. ¿Acaso deriva todo del uso? Por que el chino memoriza una serie de caracteres, como una especie de mapa que luego aplica. Mientras en inglés, las letras y los sonidos son el eje de su expresión. Diferente uso, distintas áreas cerebrales involucradas. Figurense lo que esto puede suponer para cada idioma, paises, grupos raciales y culturas variopintas. Tampoco podemos desdeñar las CUALIDADES particulares de cada sujeto; hasta dentro de la normalidad social, la realidad muestra y no acaba. Las evidencias de ayer y de hoy, se dinamitan por una modesta imagen radiográfica. Apasionantes descubrimientos.

De entrada, disponemos de una ampliación sobre el conocimiento del cerebro y sus mecanismos. Como suele ocurrir, lejos de simplificarse las cosas, apreciamos una complejidad insospechada de antemano. ¡Tozuda complejidad en los campos más diversos! Pese a quien pese, conocemos poco. Me atrae la contemplación de dos facetas positivas en relación con el asunto tratado hoy. Las posibles ALTERNATIVAS introducidas. De la parte terapéutica, los familiares y los profesionales, para acercarnos a los disléxicos, con una mentalidad renovada; si no les funciona bien la percepción de los jeroglíficos lingüísticos, quizá les venga bien una enseñanza basada en percepciones de sonidos u otras sensibilidades. De la parte educativa, no conformarnos con la horma uniformista y facilona; resulta clamorosa la necesidad de un aprovechamiento mejor de las cualidades, para cada persona y para todos.

Los errores y las malicias se cuelan por cualquier rendija; el lenguaje y sus vericuetos, con sus tramas enrevesadas, representa un terreno predispuesto a unos RIESGOS nada desdeñables. Sea por ignorancias, sea por intereses ladinos, los problemas y deformaciones del lenguaje pueden acrecentarse, en la dislexia y en la vida social. Su valoración dependerá de donde se coloque el dispositivo para la observación, desde que aspecto contemplemos las actuaciones; y con que intensidad lo hagamos. Muchos de esos peligros se pueden vislumbrar con facilidad; otra cosa es nuestro grado de atención y la coherencia en las actitudes. De cómo se proceda, derivarán unas determinadas consecuencias para los afectados.

¿Qué pasa si no se lee? ¿Cómo repercutirá en todo esto la cultura audiovisual imperante? ¿Cómo afectará el empleo de diferentes drogas? Cuando nos enfrentemos a discapacidades léxicas, veremos que se implican una gran cantidad de factores, se requieren estudios tenaces y bien planteados. La frivolidad en el tratamiento de todas esas circunstancias, sólo puede contribuir a un desconocimiento empobrecedor. No se ve por ningún lado, ni la respuesta única, ni los dogmatismos. Ahora bien, eso no debe confundirse con la ausencia de FUNDAMENTOS. Existe una aportación progresiva de avances, unas cosas se saben y otras no; el reto radica en el aprovechamiento de las alternativas, de las buenas alternativas se entiende.

Hay una parte INDÓMITA en la captación del lenguaje, salvaje; percibe otros pormenores , no el mero significado académico de las palabras. Ese resplandor alegre o la tenebrosa tristeza, esos gestos, detectables también en la misma pronunciación. Queramos o no, se capta esa señal, ese signo; que procede del trasiego profundo por el alma individual; muy alejados de la pretendida nimiedad evaluadora. En el fondo, se trata de una experiencia vital compleja, en la que participa todo el cerebro, no sólo un punto determinado. Por el contrario, cuando uno está alienado, por drogas o de tan liberado como pueda pretender, anula su cerebro; ni escucha, ni emite, desprecia algo de sus mismas profundidades. Si falla un punto, disponemos de otras áreas compensatorias, por que es muy estrecha la relación entre el lenguaje y las vías mentales.

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