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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Franghiz Ali-Zadeh

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
viernes, 28 de marzo de 2008, 01:33 h (CET)
Con buen tino y aún mejor timbre, la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura acaba de designar a la pianista Franghiz Ali-Zadeh como Artista para la Paz, en reconocimiento a su valor y valía, amén de su entrega por la causa. La música, hablo de aquella bien servida para ser rumiada, aparte de ser una compañera de divertimentos envidiable y singular, nos lleva del brazo del alma a la hondura del pensamiento. Cuando intimidamos con lo melódico, el mundo se nos modula y las ideas conciertan una sensación de goce de largo alcance y amplitud de miras. En virtud de esa euforia por la solfa, declarada de interés poético por todos los filósofos vestidos de ciencia, todo se ve menos distante y más concertado, más mejor y más cálido.

Quizás por este convencimiento pasional, la artista de Azerbaiyán se ha esforzado por concienciar al público sobre la importancia de la educación musical para huérfanos y niños necesitados. Cada día son más los chavales del mundo que piden amor. Está visto que el armónico refugio se traga todas las penas. Cuando uno está cobijado entre los sones de sus sábanas, el calor humano se nos torna humanidad y hasta es posible que la bestia humana deje de serlo, recite poesía social hasta por las orejas y cambie su piel por la de músico poeta. La música calma a las fieras.

Durante los dos años de su mandato, Ali-Zadeh apoyará programas de la UNESCO en el campo de la educación musical. Sus composiciones combinan la música moderna y tradicional, en particular el Mugham, un género proclamado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Estoy convencido de que la música es realmente el lenguaje universal de la belleza que el mundo necesita, su abecedario es capaz de unir e incapaz de dejar indiferente a nadie. La música está en el mismo pulso de la vida, en el universo del aire, en el del mar y en el de la tierra. Sólo hace falta dejarse cultivar y cautivar por ella. Estoy seguro de que la buena música de Ali-Zadeh nos alargará la vida y nos abreviará los desesperos. Hay que poner oído…y escuchar.

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