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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La revolución liberal

Antonio González (Málaga)
Redacción
viernes, 14 de marzo de 2008, 07:42 h (CET)
Hasta ahora todos los ensayos políticos efectuado por las izquierdas han llevado a la humanidad a grandes catástrofes sociales, acompañados casi siempre por escalofriantes baños de sangre.

Ha llegado el momento de hacer “revolución tangible”, la revolución de la verdad expuesta públicamente, una revolución acorde a los criterios liberales. Va siendo hora ya de que disputemos los espacios sociales que desde siempre las ideologías izquierdistas se han arrogado como propios, -la cultura, el pueblo, la calle, etc.-. Es llegado el momento de dejar patente de que no estamos instalados en la comodidad de la ética, de la moral y de las buenas costumbres y que esto, nos impide responder a las necesidades materiales y metafísicas de la sociedad. Y para que así sea, hay que “tomar” no sólo posiciones ideológicas más audaces; sino también los “anfiteatros de la intelectualidad”, los “foros culturales y sociales” -creando organizaciones y asociaciones políticas y laborales con raíces, mentalidad y proyecciones diferentes de las que conocemos en las posiciones de izquierdas- y, sobre todo, el “ágora de la calle como centro de conciencia de la sociedad”.

Es necesario hacer saber a nuestra nuestros contemporáneos quiénes son los que durante todos los acontecimientos históricos han actuado con probada mentalidad delincuencial, cuando no, con ánimo criminal y sólo para su propio provecho, descartando a la otra mitad de la sociedad por pensar diferente. Es obligatorio explicar los sucesos que a lo largo del tiempo, las hordas de izquierdas mundiales y muy especialmente aquí en España, sometieron a la humanidad a verdaderas hecatombes. Tenemos que utilizar los medios que hasta ahora no hemos sabido o querido poner a disposición de nuestras opciones, como vehículo para llegar a la gente y, contarles fielmente qué ha ocurrido en cada etapa histórica para que no se olvide los sucesos producidos por las ideologías mal llamadas “progresistas” y que no se les perdone tanto horror producido por su implantación ideológica en el cuerpo social de todos los estados del mundo.

Debemos y tenemos que explicar al pueblo quiénes los utiliza y traiciona aprovechando los engaños propagandísticos de los que se llevan sirviendo durante décadas. Sin complejos, disputemos los espacios sociales que ciertas ideologías mediante la demagogia se han apropiado históricamente -sin merecerlo-, engaños habilidosos que han comprado voluntades y han atrofiados los sentidos.

Alguien escribió: “POPULAR, se ha de interpretar como natural y propio del pueblo. POPULAR, es ser pueblo en toda su dimensión. POPULAR es, en definitiva, constitutivo del pueblo”.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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