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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los sueños, un fenómeno psíquico

Helena Trujillo (Málaga)
Redacción
viernes, 22 de febrero de 2008, 00:58 h (CET)
Los sueños han constituido desde siempre fuente de interés, sin embargo su comprensión científica no ha realizado en más de diez siglos sino escasos progresos. Los pueblos primitivos, en los que ya surgía esta curiosidad, admitían que el fenómeno onírico traía consigo revelaciones divinas o demoníacas, poseyendo la intención la de anunciar el porvenir. La concepción precientífica de los antiguos sobre los sueños se hallaba seguramente de acuerdo con su concepción del Universo, en la que acostumbraban proyectar en el mundo exterior aquello que ocurría en la vida anímica.

Actualmente, tras la producción del texto La interpretación de los Sueños, publicado en el año 1900 por Sigmund Freud, son muy pocos los científicos que dudan aún de que los sueños son una función psíquica propia del durmiente, sin embargo es necesario un trabajo teórico para conocer las condiciones de su génesis, su relación con la vida psíquica despierta, las singularidades de su contenido, su fugacidad y su repulsa por el pensamiento despierto.

Tres distintas orientaciones se han acercado al estudio de los sueños:

- La primera ha sido adoptada por varios filósofos, para los cuales la base de la vida onírica es un estado de la actividad psíquica que consideran superior al normal.

- En oposición a estas hipótesis, la mayoría de los autores médicos coinciden en que apenas atribuyen a los sueños el valor de un fenómeno psíquico. Según la hipótesis médica, los sueños son provocados exclusivamente por estímulos físicos o sensoriales, que actúan desde el exterior sobre el durmiente o surgen en sus órganos internos.

- La opinión popular mantiene la creencia de que los sueños tienen un sentido. Los métodos de interpretación más empleados consisten en sustituir por otro el contenido del sueño, trozo a trozo, conforme a una clave prefijada, considerando el sueño como un símbolo.

Constituye un hecho incontestable, que el estado de los órganos internos es susceptible de influir sobre los sueños, sin embargo, el sueño no reproduce fielmente el estímulo, sino que lo elabora, lo incluye en un conjunto determinado o lo reemplaza por algo distinto. Hemos de admitir, como punto de partida, la hipótesis de que los sueños no son un fenómeno somático, sino psíquico.

La inclusión de los sueños en el discurso de los pacientes fue lo que hizo suponer que debían poseer algún sentido propio y lo que nos convenció de su importancia en la vida psíquica de las personas. Freud aporta la demostración de la existencia de una técnica psicológica que permite interpretar los sueños, y merced a la cual se revela como un producto psíquico pleno de sentido. Para poder tener acceso al sentido del sueño es preciso un trabajo teórico sobre el relato del sueño que realiza el paciente, digo relato porque Freud destaca que no es el sueño soñado lo que interesa al Psicoanálisis, es el relato del sueño el material de partida para nuestro estudio. Para ello instamos al paciente-soñante a comunicarnos todas las ideas que acudan a su mente, sin excepción, es decir, la técnica de interpretación de los sueños es la misma que la que empleamos en cualquier tratamiento psicoanalítico: asociación libre y transferencia. Siendo el método empleado el de la interpretación-construcción.

Cuando iniciamos nuestra labor, se oponen a ella numerosos obstáculos. A nuestra imaginación acuden ocurrencias, pero no dejamos que surjan todas con absoluta libertad. De algunas de ellas pensamos que no tienen nada que ver con el sueño, otras las encontramos absurdas e insignificantes. Todo esto perturba el resultado de la libre asociación al realizar una selección indebida. Otra dificultad es comunicar determinadas ideas que pueden resultar desagradables de comunicar a otra persona y en muchos casos se opta por silenciarlas. Justamente, las ideas que quiere reprimir se revelan como las más importantes y decisivas en el descubrimiento de lo inconsciente. Cuando un niño no quiere abrir su mano para mostrarnos lo que en ella encierra, es que seguramente esconde algo que no debiera haber cogido.

Tras la labor de interpretación, el sueño se nos revela como la realización de un deseo. La circunstancia de ser el deseo el estímulo del sueño y su realización el contenido del mismo, constituye uno de los caracteres fundamentales del fenómeno onírico. Sin embargo, en muchas ocasiones el sueño no se muestra conscientemente como una realización de deseos, ello se debe al trabajo ejercido por la censura. Las tendencias contra las cuales se dirige dicha censura, son tendencias reprensibles e indecentes desde el punto de vista ético, estético y social, son cosas en las que no nos atrevemos a pensar o en las cuales no pensamos sino con horror. Estos deseos censurados y que reciben en el sueño una expresión deformada son, ante todo, manifestaciones de un egoísmo sin límites ni escrúpulos. Hay que reconocer la participación de dos sistemas: uno que aporta el deseo y otro que aporta el contra-deseo o la censura. El sistema consciente se opone al desarrollo del deseo, por eso la deformación onírica. El modo de atravesar la censura para el deseo inconsciente es transformarse, desfigurarse, como peaje para poder hacerse consciente. Por ello la apariencia del sueño nunca nos muestra el sentido inconsciente del mismo.

Habéis oído decir que, según el psicoanálisis, todos los sueños tienen una significación sexual, pero ahora podréis observar por vosotros mismos hasta qué punto este juicio es equivocado. Hay sueños que son realizaciones de deseos, otros en los que se trata de la satisfacción de las necesidades más fundamentales, como el hambre, la sed y el ansia de libertad, sueños de comodidad y de impaciencia, y por último, otros puramente avariciosos o egoístas. Lo que sí es indiscutible es que los sueños que aparecen considerablemente deformados son en su mayoría la expresión de deseos sexuales.

Los deseos perversos que hallan su satisfacción en el sueño, tienen sus raíces en el pasado. Es el niño en sus primeros años el que da prueba del más alto grado de este egoísmo que se muestra en nuestros sueños. En principio el niño se ama a sí mismo, sólo más tarde es cuando aprende a amar a los demás. El sueño nos transforma, como vemos, en niños, y por ello no debemos avergonzarnos al descubrirnos deseantes. El sueño muestra el deseo realizándose en forma de un suceso psíquico alucinatorio. Sin dejar de dormir satisfacemos un deseo, y satisfaciéndolo podemos continuar durmiendo.

Lo más interesante del descubrimiento freudiano de la importancia de los sueños en la vida psíquica es que soñar, soñamos todos, sanos y enfermos, por lo que demuestra que no sólo tienen inconsciente los neuróticos, sino que también tienen inconsciente los sanos. Si todas las personas tienen inconsciente todas tienen deseos sexuales, infantiles, reprimidos, causa de todas las inhibiciones de pensamiento y de acción.

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Helena Trujillo Luque es psicoanalista del Departamento de Clínica Grupo Cero. Málaga.

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