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Opinión
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Marchante y Caram, la ignorancia y el activismo al servicio de Podemos

Miguel Massanet
jueves, 13 de agosto de 2015, 07:26 h (CET)
Es evidente que la temeridad de determinadas personas, la incapacidad para reconocer sus propias limitaciones o la egolatría que les hace pensar que están capacitadas para funciones o trabajos para los que carecen de toda preparación; corren pareja con el peligro que representan para aquellas personas que, de buena fe, les prestan atención sin tomar la precaución de valorar sus palabras, analizar sus propuestas o tomar en consideración sus afirmaciones, antes de darlas por buenas o aceptarlas como convenientes para los ciudadanos de una comunidad.

Yo no sé lo que pretenderá la señora Karmele Marchante, pero sí sé lo que esta señora ha dado de sí en las tertulias en las que ha participado, en los realities shows en los que ha intervenido o en los programas basuras a los que, sin ningún remilgo, ha asistido; donde siempre se ha caracterizado por dar la nota, demostrando su escasa calidad como periodista, su forma primitiva de tratar los temas y su más que evidente desconocimiento de muchas de las materias sobre las que ha querido opinar. Tenemos la impresión que ha llegado a un punto en el que no le ha quedado más remedio, para intentar superar su mediocridad como persona, que intentar llamar la atención aprovechando su currículo como tertuliana estrambótica, para arrimarse a la política, en la que nunca ha destacado, presentándose en el ocaso de su trayectoria como periodista, como “experta” entregada a la causa del independentismo catalán, de la mano de una “monja”, no sabemos lo que opinarán de ella en el Vaticano, pero que a los españoles más nos parece una activista enviada por Maduro, encargada de apoyar a los comunistas de Podemos en un intento de acabar con la democracia española, que una devota religiosa. La monja de Tucumán, Lucía Caram, entrometida y descortés con un país que le ha prestado su hospitalidad, donde se le permite desbarrar libremente, algo que, seguramente, no le sería permitido hacer en su propio país; no ha tenido inconveniente en adherirse a la causa catalana, promocionando el supuesto derecho de independizarse de España; confundiendo religión, caridad, igualdad o bienestar, con las propuestas comunistas a las que da apoyo o los cuentos de la lechera que, en materia económica, los separatistas catalanes pretenden hacer creer a quienes les siguen; sabiendo que los están engañando de una manera vergonzosa, absurda, malévola y engañosa; vendiéndoles una Catalunya independiente como una posibilidad de más igualdad, más prosperidad y más libertad cuando, de todos es conocida la situación en la que quedaría la futura “república catalana” fuera de Europa, debiendo valerse por sus propios medios, sin posibilidad de financiación de los bancos europeos, con una deuda cercana a los 63.000 millones de euros de los cuales, más de la mitad, se la debe a España.

Suena a broma que el señor Puigcorbé, como Guardiola y otros actores y deportistas o iluminadas, como la Marchante o la Caram, personas que, al menos por la edad que ya tienen, debieran entender algo más de lo que demuestran, de lo que es la globalización, la legislación de la UE, como se comportan los órganos económicos y el propio Parlamento Europeo; se sigan emperrando en hablar, con pleno desconocimiento de la materia y de las circunstancias que rodearían a una Catalunya independiente, contribuyendo a crear más confusión de la que ya existe sobre el tema y confundiendo a ciudadanos de buena fe que pudieran pensar que personajes tan conocidos dicen la verdad y no una serie de vulgaridades, sin apoyo de los verdaderos expertos sobre estas materias que por activa y por pasiva se han mostrado, unánimemente, en contra de la posibilidad de una Catalunya fuera de España.

El daño que estos “redentores de la humanidad” hacen a los pueblos a los que pretenden convencer; sus absurdas reflexiones igualitarias y su lucha contra el capitalismo; sus ideas sobre cómo se debe luchar contra la pobreza y sus propuestas imposibles, como las de la Caram cuando habla de un mundo “en el que todos nos queramos como hermanos”, cuando estará convencida de la imposibilidad de que esto ocurra y, mucho menos si, los medios que propone para conseguirlo, son el eliminar el capitalismo, el único sistema que, mediante la iniciativa privada, el esfuerzo, la inteligencia y los que arriesgan su dinero en una empresas; es capaz de proporcionar empleo, dar prosperidad al país, elevar el nivel de vida de los ciudadanos, competir con la empresas extranjeras y mejorar el PIB y dar confianza a los inversores extranjeros para que tengan interés en invertir en nuestra nación.

Cuando escuchamos a los dirigentes del Gobierno catalán hablar de sus posibilidades de autofinanciamiento, en una Catalunya, independiente, lo primero que me viene a la memoria es la valoración que las agencias de rating le vienen otorgando a la deuda pública de la autonomía catalana, fijada en la BBB- (con tendencia negativa) lo que es equivalente a lo que se conoce en el argot económico como deuda basura. ¿Quién sería que invertiría en la deuda de una nación con tal valoración? Lo que no dice ni la Caram ni la Marchante, porque lo ignoran, es que en poco más de un año más de 1.500 empresas se han marchado de Catalunya, unas 500 se han trasladado a Madrid y otras a otras provincias españolas, donde tengan la seguridad de que no les van a asaetear a impuestos, tal y como sucedería en una Catalunya fuera de España.

Que tomen nota los Mainat ( un señor que se ha hecho millonario gracias a las TV españolas, vendiendo sus programas basura), ahora en la candidatura unitaria encabezada por el comunista Romera; y los expresidentes del Parlamento catalán, todos ellos incluidos en la famosa lista unitaria; suponemos de que por saber que no tienen nada que perder si fracasan, (porque ninguno de ellos tendría problemas para subsistir con holgura) de lo que ocurriría con sus negocios si quedaran excluidos de sus relaciones con España. Lo que, sin embargo, no pueden garantizar al resto de ciudadanos catalanes y mucho menos a los pensionistas que serían los primeros en pagar los platos rotos de tal insensatez.

Pero, tanto la Karmele Marchante, como el señor Puigcorbé ( a sus postrimerías como comediante) o la monja Caram (¡cuelgue sus hábitos y no se valga de su condición de religiosa para convertirse en una agitadora más del partido comunista!); han descubierto que, una manera de llamar la atención, de que se hable de ellos y de sacar jugo, sin peligro alguno, es arrimarse a lo que, hoy en día, parece estar de moda en una parte de la burguesía catalana que, inconsciente de lo que están haciendo, están favoreciendo el juego a partidos de índole comunista, como Podemos ( que ya tiene conversaciones con los partidos independentistas de izquierdas para futuras alianzas post electorales), que se frotan las manos convencidos de que, un resultado favorable a la independencia, pondrá a los catalanes en sus manos en unos pocos meses. Lo malo es que, en Catalunya, somos muchos, más de los que se pudiera imaginar, a los que, como a mi, la camisa no nos llega al cuerpo al ver como, desde el Gobierno Central, han dejado que el problema catalán haya adquirido una virulencia y unas dimensiones que nunca se debería haber consentido que llegaran a constituir una amenaza tan grave para la unidad del Estado español.

Y es que, señores, contrariamente en lo que sucede en el resto de países europeos, el considerarse español, el defender los símbolos que nos identifican como tales, el pretender una solidaridad entre todas las regiones y el pedir poder expresarse en español en todas las autonomías y que, en las escuelas y universidades de toda la nación, se impartan las clases en castellano; se ha convertido en algo poco menos que imposible y, en algunas partes, como Catalunya, constituye una actividad peligrosa que, en algunos casos, como el rotular en español, puede ser objeto de sanciones y multas.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que, lo que ocurre en Catalunya, no es más que un anticipo de lo que ocurrirá en el País vasco o en Galicia, si el Gobierno de la nación sigue en su actitud contemplativa como si esperara que se produjera un milagro que lo solucione todo. Muchos ciudadanos ya no nos fiamos de que ello ocurra y estamos temblando.
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Joan Ruiz 14/ago/15    16:50 h.
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