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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Una boda post mortem

Nemesio Barreto Monzón
Redacción
jueves, 10 de enero de 2008, 06:57 h (CET)
Esta anécdota sobre una extraña boda celebrada en Asunción en la segunda década del siglo pasado fue contada inicialmente por Doña Josefina, en 1994, una anciana que hasta hace poco aún vivía. Con todo, es de prever que el paso del tiempo haya "adulterado" la anécdota, pero los especialistas en fe de erratas pueden corregirla o modificarla.

En la época en que ocurrieron los hechos Josefina tenía 13 años y vivía con su familia sobre la calle Aquidabán, hoy Manuel Domínguez. Como de costumbre, Doña Carmen, su madre, le mandó al almacén de Don José Arestivo a hacer las compras del día. Allí, mientras le atendían, escuchó el comentario de que Don Aurelio Alonso había fallecido. De regreso a casa le contó a su madre lo que había escuchado. Doña Carmen le reprendió severamente por traer chismes a la casa y de paso le aclaró que el que había fallecido en enero de ese año era el rico empresario Don Guillermo Alonso, padre de Don Aurelio. Sin embargo, Doña Carmen habrá quedado con la duda, pues al día siguiente 21 de noviembre de 1926, fue ella misma al almacén de Don José a hacer las compras y a hojear los diarios que regularmente aparecían en la capital, como La Tribuna, Patria, El Orden, El Diario, El Liberal, etc. Discreta como era, se despidió sin hacer comentarios sobre el “tema Alonso”; le bastó saber que los diarios no hacían referencia alguna sobre la supuesta muerte de Don Aurelio.

Asunción era por aquellos años una ciudad de poco más de 100.000 habitantes, según el censo de 1924, y cualquier rumor circulaba por la ciudad tan rápidamente que cuando algún diario lo confirmaba ya había dejado de ser noticia. Fue lo que probablemente ocurrió cuando el 23 de noviembre los diarios confirmaron el hecho: Don Aurelio Alonso había fallecido a las 11 de la mañana del día 22. Con todo, la nota necrológica más inquietante apareció en el diario: “El Orden”, que en su edición del día 22 decía: “Don Aurelio Alonso falleció a las once de la mañana del 26 de noviembre y fue enterrado al día siguiente a las 09:00 horas en la Recoleta”.

Don Aurelio era hijo de Don Guillermo Alonso, un español, oriundo de Cádiz, que emigró a Paraguay terminada la guerra de la “Triple Alianza”. Se estableció en Asunción, ciudad donde se casó con Carmen Navarro. De este matrimonio nacieron tres hijos, Aurelio, Cipriano y Ángela. Don Guillermo era muy conocido por ser el fundador y propietario de la fábrica de cigarrillos “La Vencedora S.A.” Pese a que una semana antes ya había obreros liando cigarros en los galpones donde hoy está el “Mall Excelsior”, Don Guillermo declaró fundada “La Vencedora” el 24 de noviembre de 1895. La Vencedora estaba ubicada originalmente en la calle Palma esquina Alberdi, en un edificio de dos plantas de la época del Mariscal López. Don Guillermo pronto se convirtió en un hombre rico e influyente y fue a su pedido que se nombró un cónsul de Paraguay en Cádiz en 1903, Martínez de Pinillo. Cuando Don Guillermo Alonso realizó un viaje a España, durante su breve visita a Cádiz, Martínez de Pinillo le obsequió el libro y la partitura de “La boda de Luis Alonso”, zarzuela con música de Gerónimo Giménez y texto de Javier de Burgos. Nada se sabe de que Don Guillermo haya asistido a alguna función de la mencionada zarzuela, lo que sí se sabe con certeza es que no vivió lo suficiente para asistir a la segunda boda de su hijo Aurelio. Lo que ocurrió con Luis Alonso el día de su boda con la joven Maria Jesús, personajes de la zarzuela, no es comparable con lo que ocurrió el día de la boda de Aurelio Alonso con Laura Jaeggli, pero podría ser fuente de inspiración de otra zarzuela

Don Guillermo Alonso, inmensamente rico, murió en enero de 1926. Heredó su fortuna su hijo Aurelio Alonso, abogado y ex juez en lo civil, casado con María Meyer, quien murió de parto también en 1926. La muerte de su padre, de su esposa y del hijo que esperaba, le sumió a don Aurelio en una profunda depresión, según Doña Maria Romero, ama de llaves, que empezó a trabajar con Don Aurelio en 1921. El teléfono 427 sonaba cada vez más frecuentemente en la casa del Dr. Mario Luis De Finis, era Don Aurelio que necesitaba de sus servicios. A Doña María Dinha Vierci, esposa del médico, no le agradaba que su marido tuviera que salir a cualquier hora de la noche para ir a la atender a Don Aurelio; le preocupaban los desplazamientos nocturnos, el largo trecho que separaba a una casa de la otra obligaba a su marido, el médico, a cruzar toda la ciudad, iluminada apenas por unos descoloridos faroles. El matrimonio De Finis-Vierci vivía sobre la calle Montevideo 310, mientras que el viudo Don Aurelio Alonso vivía sobre la Avenida Colombia (hoy Mariscal López y República Francesa). A pesar de todo, el Dr. Mario De Finis se convirtió en médico de cabecera de Don Aurelio y fue el que confirmó su fallecimiento el día 17 de noviembre de 1926. Al morir Don Aurelio, su casa pasó a ser habitada por el Dr. Lucilo Antonio Da Cunha Bueno, Encargado de Negocios de Brasil en Paraguay, y desde entonces se convirtió en Residencia de los embajadores de Brasil.

Laura Jaeggli, “la bella Laura”, como decía Doña María Romero, era hija de Alfredo Jaeggli (Jäggli), oriundo de Winterthur, Suiza, conocida por sus relojes Kellenberger, cuyas colecciones se conservan el museo de la ciudad (uhrensammlung Kellenberger). Don Alfredo, relojero de profesión, emigró a Paraguay hacia 1890. Se afincó en Asunción, ciudad donde contrajo matrimonio con la señorita Laura, hija del italiano Luis Volta. Don Alfredo y Laura tuvieron seis hijos, dos varones y cuatro mujeres, una de ellas se llamaba Laura, como su madre, y uno de los varones se llamaría Alfredo, como su padre.

En deplorable estado se encontraba Don Aurelio, cuando un día domingo Don Alfredo Jaeggli Volta fue a presentarle su hermana, la bella Laura Jaeggli. Desde entonces el rico viudo recibiría constantes llamadas de Laura. Como las llamadas no eran suficientes para consolar al viudo, Laura visitaba frecuentemente a Don Aurelio y le insinuó en diversas ocasiones un nuevo matrimonio. Pero el amor de la bella Laura, el bálsamo que podía curar las penas de Don Aurelio, no tuvo el efecto esperado. Don Aurelio no logró sobreponerse a la muerte de su querida esposa María Meyer, enfermó y murió de tristeza el 17 de noviembre de 1926.

El padre Pucheu, sacerdote francés (1880-1953), director del Colegio San José de Asunción (1925-1931) fue llamado de urgencia y al Dr. Mario De Finis amablemente le despidieron por no haber ya nada que hacer por el difunto. Fue llamado otro médico cuyo nombre Doña Maria Romero nunca supo, pues también ella fue despedida al día siguiente. El Padre Pucheu estaba con los trámites de la extremaunción cuando Don Alfredo Jaeggli Volta le dijo que dejara eso para después de la boda. El Padre Pucheu ofició la boda, a la que asistieron unas diez personas, distinguidos caballeros y altas autoridades nacionales. El ritual era el de siempre: “acepta usted como esposa…”, el muerto, al que ya le costaba permanecer parado, asentía con la cabeza, ayudada por Laura y otro caballero. Cuando el ritual llegó al punto de “…jura amar a su esposo hasta que la muerte los separe”, intervino Don Alfredo, “sea breve, Padre”, entonces dijo el cura “podéis ir en paz”. El casamiento civil fue hecho simultáneamente, de modo que cuando concluyó la parte que le tocaba al Padre Pucheau, Laura estaba felizmente casada con Don Aurelio. Terminada la ceremonia los contrayentes dieron una corta recorrida por el barrio y luego partieron “con rumbo desconocido” para comenzar una incierta luna de miel. El día 22 de noviembre de 1926, Laura Jaeggli de Alonso anunció que su amantísimo esposo había fallecido súbita e inesperadamente y que el entierro se haría en el cementerio de la Recoleta a las 09:00 del día 23.

Don Cipriano Alonso, hermano del difunto, que no había estado en la boda, sospechaba que algo extraño había ocurrido. Pero no dijo nada. Cuando se inició el juicio sucesorio, contrató a su amigo y vecino, el abogado José Patricio Guggiari, quien un año y pico más tarde sería presidente de la República del Paraguay. Por su parte, Doña Laura, acompañado de su hermano Alfredo, llegó a la casa del Dr. Luis De Gasperi, que vivía sobre la calle 25 de Mayo 441, y contrató sus servicios para representarla en el juicio. Ante el duelo de titanes que se avecinaba, el Dr. De Gasperi le advirtió a Doña Laura que si el juicio se prolongaba no debiera descartarse un acuerdo entre las partes. Nada se sabe si hubo o no un acuerdo extrajudicial. Lo cierto es que el juicio sucesorio duró menos de un año y Doña Laura se quedó con casi todos los bienes de su “difunto” esposo. Alfredo Jaeggli, el promotor de la boda, como era de esperar, se quedó con la parte del león, pues a fines de 1927 ya era gerente general de la fábrica de cigarrillos “La Vencedora”, de la que luego pasó a ser propietario. Todos los protagonistas de esta anécdota ya fallecieron. Doña Josefina no recuerda que fue de la vida de Doña Laura, pero sí de algunos: el padre Pucheu murió en 1953; José Patricio Guggiari en 1957; Alfredo Jaeggli Volta llevó una vida de millonario hasta su muerte en 1965; se quedó con la biblioteca que fue de Don Aurelio Alonso y publicó un libro titulado “Albino Jara. Un varón meteórico”. Doña María Romero murió en el 2003; a Doña María Dinha Vierci, viuda del Dr. Mario De Finis, el Congreso Nacional le otorgó una pensión graciable en 1997, recuerda Doña Josefina.

Finalmente, por simple coincidencia, o por extraña ironía, “La Vencedora” quedó completamente consumida por el fuego el día 6 de febrero de 1966, exactamente cuarenta años después que Laura y Aurelio se conocieron.

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