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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

El lenguaje metafísico

La lucha del lógos es la manifestación de la fuerza del lenguaje
José Manuel López García
miércoles, 17 de junio de 2015, 22:41 h (CET)
El reciente libro titulado Ser de palabra de Ángel Gabilondo y Gabriel Aranzueque, trata del lenguaje de la metafísica, y es la plasmación de una reflexividad, que comenta y analiza, a lo largo de 497 páginas, desde perspectivas novedosas, los conceptos de la tradición metafísica de la filosofía occidental.

Este libro aporta abundantes explicaciones sobre muchos conceptos metafísicos que son, parte esencial del saber filosófico, a lo largo de la historia de la filosofía occidental. A modo de breves notas sobre esta obra comento unas pocas cuestiones.

El asombro es el inicio de la filosofía y el deseo constante de preguntar por la realidad es lo característico del impulso ontológico de la reflexión metafísica.

La diferenciación entre lógos o discurso, y dóxa u opinión delimita dos formas de enfocar la relación entre lo que se dice, y la fundamentación de lo expresado. «Lógos no solo designa hablar en el sentido de decir; también designa aquello en lo que la presencia de las cosas presentes se produce».

La lucha del lógos es la manifestación de la fuerza del lenguaje, como herramienta imprescindible para entender el mundo, y también para desvelar los misterios, o intentar poner luz para conocer lo, aparentemente, incognoscible. Es al menos la pretensión de alcanzar un saber cada vez más omnicomprensivo. «No necesariamente se sigue de ello que el lenguaje haya de reducirse a expresión como, sin embargo, Heidegger subraya. Habrá de tenerse en cuenta que si es phoné es phoné semantiké, una emisión sonora que significa algo, y estudiar hasta qué punto ello desborda los límites de la mera expresión», se dice en el libro.

La verdad o la alétheia es la aspiración permanente de la ciencia y del conocimiento riguroso y verificable. Y es también lo que impulsó el afán de investigación de Platón y Aristóteles, y, en general, de la filosofía helena antigua. Es la verdad objetiva que se plasma también por medio del diálogo.

La actitud dialógica es una de las formas expositivas de la actividad filosófica, y fue practicado, genialmente, por Platón. Pero también existen otros modos de argumentar, reflexionar y criticar acerca de ideas y conceptos.

El aspecto de las ideas es la forma del ser de las cosas y de lo real. Y las ideas, indudablemente, están entretejidas unas con otras, por eso el saber filosófico está tan lleno de matices y complejidades, si se compara, con planteamientos lineales de las cosas y del mundo. Según Ángel Gabilondo: «Es un ver de especiales características, bien enfocado, como es debido, un ver lo que tiene en verdad más ser, lo que se tiene más en su ser, un ver correcto y adecuado, una exactitud, una precisión». En realidad, es el libre intercambio de ideas y argumentos, lo que da lugar a la búsqueda compartida de la verdad, y lo que aprehende la verdadera esencia de lo que es.

Lo concreto adquirió mayor solidez conceptual con la metafísica aristotélica, y su afirmación de las sustancias individuales en comparación con la sustancia segunda. Indudablemente, el ser humano es el que da fundamentación a la representación de la verdad, de un modo coherente.

Conocer es una actividad que se basa en el percibir y el pensar, y la certeza es lo que vuelve seguro lo que se conoce, ya que el conocimiento, para serlo realmente, debe ser indudable.

Respecto a la fundamentación de la metafísica y la comprensión del objeto existen diversas doctrinas filosóficas, y numerosas cuestiones abiertas al análisis y la reflexión. El mismo Kant escribe: «Con todo, sería desacertado reducir la cosa en sí al ámbito del sujeto. Al contrario, la cosa en sí es el ser interior del objeto, el ser interior del objeto que no es para el sujeto». «Hay para nosotros cosas dadas a nuestros sentidos como objetos […], pero no sabemos nada de lo que pueden ser en sí mismas».

En el fondo, la metafísica o la filosofía es el pensar, a través de la interrogación constante y siempre inacabada, acerca de la realidad, en toda su amplitud y complejidad. Y unas preguntas llevan a otras, en un proceso de investigación y reflexión profundo e interminable.

La filosofía opera con conceptos, y con una jerga específica y especializada, aunque sea un saber de segundo grado. Nunca se acaba de pensar, porque la tarea de intuir, sentir, comprender, deducir, calcular, etc.

La metafísica se interesa por la realidad tanto mundana como humana, porque los que filosofan quieren comprender, sentir y pensar todo. Por eso es fundamental. Y vivir y filosofar, en realidad, es lo mismo, si estamos atentos y reflexionamos, sobre la propia vida, etc.
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