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La conquista de la enseñanza privada

Javier Úbeda Ibáñez
Redacción
viernes, 9 de noviembre de 2007, 02:08 h (CET)
No son tiempos para dejarse atontar por tópicos, para dejarse enredar por maniobras envolventes que hay que desenmascarar ante la opinión pública. Y en el terreno de la enseñanza la tarea es más urgente.

Desde hace tiempo la enseñanza privada está siendo objeto de numerosos ataques por parte de diversos grupos de orientación marxista. Si el asalto a la educación pública es más sencillo y viene exigido por la táctica gramsciana, conquistar la enseñanza privada es más difícil, porque no les resulta fácil introducirse en ella, ya que los principios y los fines que persiguen les excluyen, y no es previsible que sean llamados a enseñar en ella quienes sean conocidos como marxistas. Por tanto, sin despreciar los intentos en ese sentido, los caminos para hacerse con la enseñanza privada son dos: uno, el proselitismo para conseguir que quienes ya están introducidos se conviertan al marxismo -bien sea mediante una labor personal, bien mediante la implantación, por ejemplo, de textos de contenido marxista-; otro más costoso y laborioso, pero más eficaz: su supresión.

¿Por qué se oponen de modo tan tajante a la enseñanza privada? En primer lugar, porque es un campo de la cultura que no pueden permitirse el lujo de tolerar si quieren realizar la conquista del Estado y si no están dispuestos a admitir la oposición ideológica de quien no comparta su visión del hombre y del mundo.

Pero además, desde un punto de vista marxista, la enseñanza privada aparece como una cuestión de principio, como un aspecto de la propiedad privada, origen para el marxista de todo mal social. Como es sabido, la propiedad privada constituye para el marxismo el origen de todas las alienaciones que sufriría el hombre en la sociedad burguesa. Si para los marxistas, la educación impartida en los países capitalistas aparece como un monopolio que ostenta la clase dominante y que asegura la explotación de los trabajadores a favor de la burguesía, la enseñanza privada representa la quintaesencia de dicho monopolio. Por esa razón debe desaparecer, ser destruida.

Para la supresión de la enseñanza privada se están utilizando los métodos más sibilinos. Uno de ellos puede ser mediante la imposición legal de condicionamientos que terminen ahogándola, o al menos, impidiendo su proliferación. Sin embargo, lo más efectivo es conseguir que la enseñanza privada sea estatalizada. Es más fácil estatalizar un sector y hacerse con él a través del propio Estado, que copar todos los centros privados.

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Javier Úbeda Ibáñez es escritor.


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