Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Copo   CUENTO  

Un cuento para una tarde de domingo

Nunca sabré, en aquel agrupamiento de ternura y misericordia, quién anunció el dolor a la tarde
José García Pérez
domingo, 17 de mayo de 2015, 02:21 h (CET)
Dialogaba esta tarde con la siguiente frase de Fernando Pessoa: “Entre mí y la vida hay un cristal tenue. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla.”

Escuche en el peso del sopor el dolor de un gemido. A la sombra del ficus, un perrito abandonado por sus amos entristecía con su mirada los ojos de un pequeño niño rubio que rozaba sus limpios y rubios cabellos con las sucias vedejas de una lana que un día debió ser blanca.

Nunca sabré, en aquel agrupamiento de ternura y misericordia, quién anunció el dolor a la tarde.

Caminé en la noche hacia la playa de la “Casita Azul” donde su fina arena parecía otorgarle una alfombra de albura. Me situé próximo a la tenue algarabía del salpique de espumas; mi desnudo cuerpo recibió el frescor de algunas gotas perdidas.

Localicé en la negra noche mis estrellas preferidas: Antares, Spica y Altair. Parecían permanecer ociosas; las miré con el amor de quien sabe que las noches son más hermosas con la seguridad de su presencia.

Iniciaron su proximidad a mí. Cerré los ojos. La humedad de las arenas penetraba mis espaldas, el pinar de “La Casita” unía a su fragancia el sabor de las flores de sal; un último “silabario” de trinos de chamarín me transportaba al silencio.

Entreabrí el alma, y los párpados percibieron tres destellos al unísono. Sentí quebrarse el cristal a que aludía Pessoa, y palpé el deseo de vida que me estuvo negado anteriormente.

Creo que mi cuerpo descansó dormido al tiempo que mi espíritu se alimentaba con el latido de un corazón despierto al asombro.

Unas suaves y húmedas caricias bendecían mis doloridos pies. Un perrito de lana más blanca que la pureza de una niña bosnia, me besaba; entre sus tusones, un rizo anudado de rubio cabello de niño.

Todo era apacible. Sonreí.

Sé que vosotros y vosotras, amigos y amantes de la poesía, tenéis otras historias que contarme. Las espero.
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Teresa Lozano, nada ligera (y II)

Son los viejos instantes, las pérdidas, las ausencias y las certezas de que el hombre está solo

El protocolo de la investidura del presidente del Gobierno

El acto de investidura es la condición previa a superar antes de tomar posesión del cargo

Se acelera el cambio

Parece que el cambio climático y el calentamiento global ya están causando graves problemas. La desertización de amplias zonas del planeta avanza a pasos agigantados

“La Iglesia católica no es extranjera”

Carlos Navarro, Castellón

Escuchar a los empresarios de Cataluña

Valentín Abelenda Carrillo, Tarragona
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris