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Opinión
Etiquetas:   Estados Unidos   Obama  

Examen de conciencia

El cambio social requiere una modificación del comportamiento precedido por el arrepentimiento a Dios
Octavi Pereña
martes, 12 de mayo de 2015, 08:00 h (CET)
En el contexto de las muertes recientes de negros en Estados Unidos a manos de la policía, el presidente Barack Obama ha dicho: “Somos una nación que necesita hacer un examen de conciencia”. ¿Sobre que base debe hacerse el examen de conciencia? Debe existir un modelo con el que poder comparar nuestro comportamiento si es que se desea hacer un fructífero examen de conciencia que permita hacer las correcciones necesarias que regeneren la justicia social. El presidente Obama es consciente de que algo no funciona bien, pero no sabe como conseguir cambiar lo que se hace mal. La gravedad del problema social es de tal magnitud que es imposible darle solución.

Muchas personas tienen constancia del profeta Jonás, aquel hombre que se lo tragó un gran pez y que estuvo en su vientre durante tres días y tres noches. Esta historia se la considera un cuento para distraer a los niños durante las largas noches de invierno. La historia de Jonás no es una fábula. Jesús confirma su historicidad cuando dijo: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:40).

¿Qué tiene que ver Jonás con la situación moralmente caótica de Estados Unidos, el mundo en general y España en particular? Tiene mucho que ver porque Jonás fue un hombre escogido por Dios para llevar a Nínive, la gran ciudad, un mensaje de arrepentimiento: “Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella, porque ha subido su maldad delante de mí” (1:2). La maldad existente en la gran ciudad no había pasado desapercibida ante los ojos de Dios, y decide intervenir. Jonás, con el propósito de evitar ir a Nínive a predicar el mensaje de arrepentimiento que tenía que hacer en nombre de Dios, decide huir a Tarsis. El Señor hizo una gran tormenta en el mar que amenazaba hundir la nave en que viajaba Jonás. Entonces para aplacar la ira de Dios, ya que Jonás le había dicho a la tribulación que aquella tempestad se debía a su desobediencia, decidieron lanzarlo al mar para apagar la ira divina. “El Señor, pero, había preparado un gran pez que tragase a Jonás” (v.17). Pasados los tres días y las tres noches “mandó el Señor al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (2:10). Una vez desembarcado el Señor le dijo al profeta desobediente: “Levántate, y vé a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré” (3:2). Jonás, siguiendo las instrucciones recibidas de Dios dice a los ninivitas: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (3:4). El profeta Nahum describe la condición moral de Nínive en estos términos: “¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarse del pillaje!” (3:1). Estaba atiborrada de maldad pero Dios en su misericordia le concede sesenta días de moratoria antes de ser destruida. Sobrevivió unos cien años cuando fue conquistada por los medos al mando de Arbaces.

El texto describe el arrepentimiento de Nínive: “Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor al menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su trono, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza…” (Jonás 3:5-9). La reacción de Dios ante el arrepentimiento de los ninivitas fue: “Y Dios vio lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino, y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo” (v.10).

Volvamos a Jesús que tiene palabras para nosotros: “Y los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar” (Mateo 12:41).

La necesidad de hacer un examen de conciencia nacional nos lo recuerda la Biblia cuando dice: “Hay una generación limpia en su propia opinión, si bien no se ha limpiado de su malicia: Hay generación cuyos ojos son altivos y cuyos párpados están levantados en alto. Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cochillos, para devorar a los pobres de la tierra, y a los menesterosos de entre los hombres” (Proverbios 30:12-14).

Si somos una generación limpia en nuestra propia opinión jamás podremos hacer un examen de conciencia. Si no somos conscientes de la perversidad que se esconde en nuestra alma es totalmente imposible la regeneración política y social tan necesaria. Si no se produce esta regeneración, el Señor, a pesar de que lo desconocemos nos ha dado un plazo para que podamos arrepentirnos. Tan pronto como se acabe vendrá el juicio de Dios. Muchos, ante la perversidad humana que contemplan nuestros ojos piensan que el tema del juicio de Dios es un mito creado por la religión con el propósito de tener atenazadas a las personas: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:8,9). Los ninivitas tuvieron sesenta días. Jerusalén, a partir de Jesús unos cuarenta años. Nosotros desconocemos el final de la moratoria, pero el juicio de Dios se acerca. Por ello debemos prestar atención a las palabras que Jesús dijo al principio de su ministerio público: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17).
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