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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Secuelas de la obesidad

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 7 de octubre de 2007, 22:26 h (CET)
Quisiera resaltar hoy algunos argumentos orientados a una sensibilidad intensa y a una prevención adecuada, de las múltiples complicaciones derivadas del exceso de peso. Entre los progresos innegables de las sociedades actuales, se va colando un progresivo incremento de los índices de OBESOS, por desidia o ignorancia en ocasiones, por enfermedad o por influencia de factores medioambientales y sociales. Por la causa que fuere, la respuesta deberá encaminarse a un cambio eficaz de las tendencias.

Las cifras de afectados son por sí mismas de una gran elocuencia, expresan el progresivo descontrol; y como consecuencia abren la espita para la proliferación de complicaciones y secuelas. Ya son del dominio común las altas tasas de obesidad entre los norteamericanos, con ejemplos desmesurados y despropósitos alimenticios conocidos, y aún peor, exportados. La lejanía no debe aminorar nuestras cautelas al respecto, pues como dije, se contagian con mayor fuerza los defectos. ¿Estamos muy alejados de los niveles de esas sociedades?

Obesity Reviews publica recientemente algunas cifras de los perfiles referidos a los excesos de peso según áreas de población. Se establecen sobre todo 2 grupos, uno de simple sobrepeso y otro de obesidad franca. Observemos esta panorámica en NIÑOS y ADOLESCENTES. Citemos primero un área de nutrición defectuosa, en Irán, 6.8 % tienen sobrepeso y 3 % obesidad. En la misma revista, Larrañaga y colaboradores presentan cifras del País Vasco, con 23 % de sobrepeso y 6 % de obesidad; es decir, 29 % con exceso de peso. Con el resto de España, Italia, Grecia y Malta, ocupamos los primeros puestos con niños y adolescentes gruesos. Mientras que Holanda, Dinamarca o Suecia presentan índices muy inferiores, la mitad exacta. Un honor claramente discutible, que aún se agrava si esos jóvenes viven con niveles socio-económicos bajos. ¿Somos conscientes de esta situación y su significado?

En Gastroenterology nos indican que la enfermedad por HÍGADO GRASO no producido por el alcohol, sólo por exceso de grasa, puede ser uno de los mayores problemas de salud en las próximas décadas. Se va dañando el hígado (Con alteraciones de Transaminasas y otros análisis), al tiempo que se provocan trastornos cicatriciales y hasta cirrosis hepática grave e incluso tumores. Dado que su confirmación diagnóstica es por biopsia hepática, no siempre se llega a efectuar; en ese supuesto es un proceso traidor que va minando las estructuras. ¿Es frecuente? Se han efectuado estudios en autopsias de sujetos con sobrepeso y se detecta este proceso en un 18 %. Cabrá esperar mayores problemas a mayores pesos. Como digo, un problema solapado, traidor y frecuente en obesos.

¿Cuál es la maldad de estos hígados grasos? Una vez más nos podemos encontrar de todo. Desde unos casos con poca peligrosidad en los cuales el hígado está grande y graso sin peores consecuencias, hasta los extremos de cirrosis y tumores. En el intento de eliminar esa grasa suele generarse un fenómenos inflamatorio de menor a más fuerte intensidad; se trata de una ESTEATO-HEPATITIS, tan prolongada como lo sea el exceso de grasa. Como tal, esa respuesta inflamatoria repercutirá en el resto del organismo de muy diversas maneras.

En estas funciones orgánicas relacionadas con la obesidad, está muy fuertemente implicada la genética. Los genes marcan las trayectorias para la obesidad, para la inflamación, y en general moviendo todos los hilos desde la trastienda. Se van identificando algunos GENES muy ligados a la inhibición del apetito y al peso del cuerpo humano. La Leptina y otros enzimas reflejan ese poderío de los genes y nos sirven de marcadores. Según la carga genética se producen respuestas distintas ante los alimentos, depósitos orgánicos de calorías y otras complicaciones. En este campo se registran notables avances, alejados aún de una práctica más satisfactoria.

Existe otro grupo de patologías asociadas a la obesidad y al entramado genético; como agrupación nefasta amplían de manera notable las complicaciones y secuelas. Me refiero al SÍNDROME METABÓLICO. En él se engloban, hipertensión arterial, obesidad centrada a nivel abdominal y pélvico, diabetes, ineficacia de la insulina, aumento de triglicéridos y otros trastornos. Casi por lógica, intervienen tantos procesos y variedad de genes, que convierten a este síndrome en una compleja fuente de males.

Para centrar el problema de las graves consecuencias de la obesidad, son de cita obligada los trastornos VASCULARES, por inflamación, por depósitos de grasas, por más esfuerzo. Los accidentes cerebrales, hemorragias o infartos, tienen una gran mortalidad y generan parálisis o deficiencias mentales posteriores. Estos accidentes se llegan a triplicar, a medida que los sujetos valorados pasan de pertenecer a un grupo de peso normal hasta el grupo de pesos más elevados (Publicado en Archives Internal Medicine). Ese aumento, el triple, nos situa en tasas de 50 pacientes cada año por cada 10.000 habitantes con estas condiciones. Cuando podían haberse quedado en 15 ó 20.

También nos encontramos con cifras demasiado elevadas con el infarto de miocardio y arterioesclerosis en general. Si además se suman tabaco, diabetes, hipertensión, etc., las cifras se agigantan. El alcohol es otro potenciador de complicaciones, incide sobre todo en hígado graso o cirrosis. La suma total inquieta y alarma.

Aquí también es muy famosa Santa Bárbara, cuando truena quisiéramos el milagro reparador o adelgazante, operación bikini, algas poderosas, tomar infusiones de alcachofa, o bien observar como pasea el perro. Son respuestas más bien tardías y quizá por eso mismo apropiadas a los poderes imposibles de Santa Rita. Por contra, como paradoja, las soluciones son accesibles y eficaces. En esa línea se debieran comenzar desde las primeras escuelas, con juegos y actitudes menos sedentarios, seducción alimentaria apropiada y cuidados expresamente dirigidos a evitar ciertos estereotipos propagados por los medios de difusión.

Ante muchas secuelas y cuidados tardíos; se impone la atención precoz, sobre todo a nivel de prevención, supone la máxima eficacia. Luchar después contra los imposibles, es frustrante y peligroso.

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