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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Interrupción de la normalidad escolar

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
miércoles, 12 de septiembre de 2007, 21:56 h (CET)
Más que una leve sonrisa nos ha producido a los que hemos leído las amenazas de la ministra Cabrera, sobre la implantación de Educación para la Ciudadanía en los colegios: “Espero no tener que llegar a extremos de tomar medidas ya que los efectos más perniciosos que podrían tener es interrumpir la normalidad de la vida escolar”.

Y es que conociendo el absentismo escolar, violencia explícita e implícita en las aulas, aumento del alcoholismo y drogadicción como para tener que poner fuerzas policiales en los institutos, falta de respeto al profesorado, que entre muchas otras se le adiciona la norma legal que su partido ha aprobado por el que se legalizan los novillos, poco más existe para alterar esa "normalidad de la vida escolar". Sin hablar, del bajísimo nivel educativo español detectado en los más relevantes informes internacionales. Las medidas que vaya a tomar por que los alumnos objeten a EpC, o lo colegios no cumplan requisitos adoctrinadores de esta asignatura, huelen a humo de pajas visto lo visto actualmente, ya que a la ministra no se le conoce aportación de medida alguna por la problemática existente antes de su ley. Mucho catedrático podrá reunir para apoyar esta asignatura, pero los sargentos patateros de tal misión -los profesores- son los que deberán inculcar dudosos aspectos morales ante estos alumnos existentes que podrán replicar o responder ante clases de practicas como las afectivo-sexuales. Gracia tiene la cosa, y el mamporro que se puede ganar algún profesor que autorice esta "interrelaciones" definidas en la asignatura, por parte de una alumna segura de sí misma. Esta "normalidad escolar" es posible que se vea mejorada por la no obligatoriedad de la asignmatura u objetando. Lo que sí es seguro que su aplicación incrementará esta normalidad escolar existente, o sea, aumentará sin ninguna duda el conflicto escolar. La ministra parace desconocer a los niños y adolescentes.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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