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La Organización de Cooperación de Shanghái, un polo alternativo frente a la hegemonía de EEUU

Leonid Ivashov
Redacción
miércoles, 25 de julio de 2007, 23:10 h (CET)
La principal herramienta de la política estadounidense es el dictado económico, financiero, tecnológico y militar.

Implantándolo, EEUU procura asegurarse la hegemonía mundial. Su estrategia de seguridad nacional indica explícitamente la necesidad de garantizar el acceso sostenible, es decir, controlado, hacia las regiones clave del planeta, las comunicaciones estratégicas y los recursos globales. Se trata de una estrategia consagrada en forma de ley, lo cual nos lleva a la conclusión de que a EEUU le esperan en el futuro conflictos todavía más fuertes con Rusia, China e India.

Washington se empeña en construir un sistema capaz de neutralizar el potencial nuclear de sus rivales estratégicos, Moscú y Pekín, para lograr un monopolio en el terreno militar. EEUU quiere desplegar su escudo antimisil no solamente en Europa sino también en otras partes del mundo, para ver cuanto está pasando en Rusia y China. Asimismo, procura incrementar su arsenal ofensivo a un ritmo que supera incluso al del período de la Guerra Fría.

Después del colapso de la Unión Soviética, la OTAN perdió el carácter defensivo que había tenido a la hora de su fundación, en 1949, para transformarse en una herramienta poderosa y agresiva al servicio de la oligarquía mundial, afanosa de establecer su dominio a escala planetaria. El nuevo concepto estratégico de la Alianza, aprobado en abril de 1999 gracias al esfuerzo de EEUU, contempla funciones novedosas y amplía su ámbito de responsabilidades al mundo entero, sin limitarse al Atlántico del Norte. El actual secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, visita con frecuencia Australia, Nueva Zelanda o Japón. La Alianza empezó a saltarse el Derecho Internacional y el Consejo de Seguridad de la ONU. EEUU, entretanto, promueve la expansión de la OTAN y se niega a ratificar el Tratado sobre las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), atribuyéndose el derecho de actuar al margen de limitaciones algunas y configurar las tropas a su antojo.

EEUU hace cualquier cosa por que Rusia no sea una jugadora autónoma. Los debates sobre defensa antimisil, Irán y Kosovo no han generado fórmulas de compromiso.

Es importante que Rusia consolide sus posiciones y recupere su potencial geopolítico. A principios de la década del 70, cuando Moscú había logrado la paridad nuclear con Washington, éste acabó por darse cuenta de que no podría ganarle en el ámbito militar y aceptó negociar de igual a igual. Como resultado, fueron firmados el Tratado de Defensa Antimisil (DAM), en 1972, y los posteriores acuerdos sobre la limitación de armas estratégicas ofensivas (SALT). Lo único que respeta EEUU es la fuerza. Si se siente en una posición más fuerte, jamás hace concesiones a nadie.

Para neutralizar los planes de la hegemonía mundial, es preciso construir un polo alternativo, y existe ya un fundamento para hacerlo: la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

En realidad, parece un tanto incorrecto hablar de la fuerza estadounidense. EEUU tiene poderío militar, economía vigorosa y cantidad enorme de moneda huera que puede imprimir de forma ilimitada, pero el rango geopolítico del país está por los suelos. EEUU inspira muy poca confianza política al resto del mundo.

En 1999, China y Rusia plantearon ante la Asamblea General de la ONU la necesidad de preservar el Tratado DAM de 1972. A favor de la propuesta votaron todos los países, con cuatro excepciones: EEUU, Israel, Albania y Micronesia. El resultado testimonia el total aislamiento internacional de EEUU.

Será imposible resolver sin la participación de Rusia la situación configurada en el Medio Oriente, los Balcanes, la Península de Corea u otras regiones del planeta. Lo anterior se aplica en igual grado a China que es capaz de hacer frente a la presión por parte de EEUU. China goza de gran prestigio en el mundo, tiene una economía poderosa y una moneda fuerte.

La OCS debería reclutar a nuevos aliados y juntar el potencial de aquellos países que desean y son capaces de implementar una política autónoma. Primero, es necesario proclamar oficialmente el rechazo a la hegemonía mundial por parte de EEUU. Segundo, China y Rusia deberían denunciar ante el Consejo de Seguridad de la ONU el despliegue del sistema DAM estadounidense, como acción que altera la arquitectura de seguridad global y amenaza a toda la comunidad internacional. China, India y Rusia podrían formar un frente único ante el dictado de EEUU. También es posible plantearse como tarea la estabilización del sistema financiero global. En el marco de la OCS podría formularse una filosofía novedosa, basada en la armonía de civilizaciones y en el uso racional de los recursos naturales. La mayoría de los Estados seguramente apoyarán tales medidas. Así se irá formando un nuevo polo político, el polo de la paz. La misión de la OCS es crear un nuevo modelo del desarrollo para la civilización humana.

Al imperio estadounidense podría oponerse únicamente una alianza de civilizaciones: la rusa, cuya órbita incluye a la Comunidad de Estados Independientes (CEI); la china; la hindú; la islámica y la latinoamericana. Es un espacio inmenso en el que podríamos crear mercados más equitativos, nuestro propio sistema financiero de carácter estable, nuestro engranaje de seguridad colectiva y nuestra filosofía, basada en la prioridad del desarrollo intelectual del hombre frente a la moderna civilización occidental que apuesta por los bienes materiales y mide el éxito con mansiones, yates y restaurantes. Nuestra misión es reorientar al mundo hacia la justicia y el desarrollo intelectual y espiritual.

A día de hoy, la OCS ya le aventaja a EEUU en poderío económico, número de habitantes, reservas de recursos naturales y, lo que es más importante, en lo ético y en lo espiritual. Si se suman a la OCS el mundo islámico y las naciones de América Latina, será un organismo de influencia global.

Nota: Fundada en 1996, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) incluye actualmente a seis países miembros: China, Kazajstán, Kirguizistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán. Les corresponde el 61% del territorio de Eurasia y el 25% de la población mundial.

India, Irán, Mongolia y Pakistán tienen el rango de observadores en este organismo, dentro del cual se ha creado también un grupo de contacto OCS-Afganistán.

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Leonid Ivashov, coronel general, experto en materia de defensa, para RIA Novosti.

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