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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Teoremas limítrofes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 17 de junio de 2007, 22:20 h (CET)
Ni qué decir al respecto, desearíamos disponer al completo de unos poderes y conocimientos bien atados, a nuestro servicio, ratificados e insuperables. Ese perfecto dominio ha de basarse en proposiciones bien contrastadas. Un TEOREMA viene a representar alguna de esas realidades, referidas en general a los campos de mediciones precisas. Pitágoras precisando medidas geométricas, Einstein en sus ámbitos físicos y diferentes dientíficos modernos, participaron en la organización habitual de esos de esos enunciados.

Yo diría que por pura lógica nos atraen más los teoremas confirmativos de nuevos avances, de aportaciones importantes. Bien estará esta tendencia a la percepción de soluciones, cuando no llegue a obcecarnos y sólo pensemos en los problemas resueltos y sus demostraciones. Y esto lo digo por una tozudez de los hechos de cada día, como también de algunos otros teoremas que se empeñan en un reflejo nítido de unas INCÓGNITAS de difícil o imposible resolución. Difícil o imposible, hasta el extremo de que esa misma imposibilidad es la afirmación del teorema. NO nos conviene un alarde con los logros, si se mantienen preguntas no solventadas. ¿No solventables?

Esas limitaciones convertidas en teoremas expresan aquello que no podemos alcanzar, reflejan esa impotencia. Podemos fijarnos en el Teorema de FERMAT. Este abogado lo anotó en los márgenes de sus libros y no escribió la demostración. Afirmó: Pueden obtenerse sumas de dos números cuadrados que correspondan a otro número cuadrado (3 al cuadrado = 9; 4 al cuadrado = 16; y 9 +16 = 25, que a su vez es el cuadrado de 5), pero no podrá obtenerse nada similar con el cubo de diversas cifras, ni tampoco con otras potencias más elevadas. Al no estar reflejada la demostración, esto supuso un reto apasionante para los matemáticos, fuente de variados intentos a lo largo de años. Entre intentos y cábalas se perfiló la demostración del teorema por Andrew Wiles. De una parte se consolida una certidumbre, la propuesta de Fermat, pero ella misma expresa de forma rotunda ese límite del cálculo matemático. No se pueden sumar cubos de dos números que sean equivalentes a otro cubo distinto. Costó muchas horas de estudio y de trabajo el descubrimiento. Expresa nítidamente algo que no se puede obtener.

La lista de ignorancias y problemas nos acosa por todas partes. No obstante, estamos imbuidos de una presunción orgullosa, el avance de la ciencia resolverá con el tiempo todas las incógnitas. Muy petulantes, despreciamos el mundo de lo misterioso; también a quienes lo estiman como básico y fundamental. Eso resalta el atractivo contundente del conocido Teorema de GÖDEL. Allá donde se utilicen afirmaciones, axiomas, fórmulas, en un sistema de razonamientos; en cualquier sistema que contenga la aritmética, existe por lo menos una fórmula, que no podrá ser demostrada jamás, aun siendo verdadera. Esa incompletud es constituyente de lo que realmente somos. Aunque traten de vendernos la idea opuesta, cabe la intransigencia de este teorema como testigo de cargo.

¿Cuál será su repercusión en los ambientes de ahora? Aunque se la ignore, actuamos con sistemas de razonamientos y la fórmula no explicada estará presente. Gödel establece que la verificabilidad, la comprobación, es un concepto más débil que la verdad. Digamos que alguno de los cimientos es inestable, lo queramos o no. ¡Límites y fronteras constituyentes! La sucesiva superación de retos no excluirá la fórmula esencial y desconocida.

Si sólo se tratase de un enunciado ..., pero lo trágico radica en su gran repercusión sobre la vida diaria, fórmulas frustrantes sin una explicación satisfactoria. En ocasiones no encontramos ni el primer enunciado básico, el desbarajuste adquiere proporciones mostruosas. Qué pasa sino con los ASESINATOS de FAMILIARES, del género abominable y sin una manera de contenerlos. Uno puede centrarse en el estudio de los recursos psicológicos, de los formativos, o de vigilancias y manifestaciones; pero la evidencia golpea, no articulamos remedios, ni nos aproximamos a una resolución útil. La indiferencia o la frivolidad priman en los comportamientos previos, los condicionantes abruman y los estallidos alarman.

La tétrica estadística de los accidentes de tráfico, lesionados con secuelas, muertos y familias destrozadas, situan a ese goteo continuo en una nueva ecuación sin solución ni explicación satisfactoria. El TRÁFICO, especialmente por carretera, no deja de percutir en los diferentes sectores sociales. ¿Se asumirá sin más como pago lógico de la civilización? Observamos diversos planteamientos bien intencionados. Se lanzan campañas sugerentes, otras amenazantes. Cuando se consigue una buena autovía, ya se quintuplicó la cantidad de vehículos. Los automóviles mejoran en sus aportaciones cualitativas. Impresiona como subimos de nivel en esta materia, mas no se consigue el impulso o la tecla conveniente. ¿Cómo debemos catalogar esta impotencia?¿Insuperable?

Menudo dilema se le plantea al derecho y a la Justicia en general con las llamativas SENTENCIAS EJEMPLARES. Los 3200 años para los traficantes de armas o de órganos, para los violadores contumaces, o su aplicación a terroristas reincidentes, ¿A quienes pretenden engañar? Los hechos confirman unas duraciones e intensidades de las penas notablemente atenuadas. El entramado creado contribuye al desprestigio judicial. No conviene escudarnos en los protagonistas de turno; los votantes, los legisladores parlamentarios y los sucesivos tramos de la Ley tienen su correspondiente responsabilidad. ¿A qué debemos atenernos? La desazón derivada de las desproporciones mencionadas exigiría una ajustada explicación, que quizá tampoco existe.

Circulamos con una vitalidad concentrada en la Avenida del AMOR y del ODIO, cuyo trazado tiene un perfil de lo más ambiguo e impreciso, con muchos tramos de mala visibilidad. Tarea ardua, por consiguiente, la distribución adecuada de sus emociones o de los instintos; ya de por sí no entran fácilmente por los cauces habituales, sus derroteros son crípticos.

Si al fin ha de fallar siempre una comprobación, se impone una sospecha permanente y crítica ante todo intento de pronunciamientos absolutos. Otra cosa es que seamos propensos a unos dictámenes con ínfulas de insuperables. No debieran hacernos olvidar los teoremas y sus comprobantes. El último tramo no se confirma nunca.

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