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Etiquetas:   Momentos de reflexión   -   Sección:   Opinión

¿Por qué permite Dios el dolor?

El dolor no tratado adecuadamente añade fatiga y agotamiento emocional
Octavi Pereña
lunes, 2 de febrero de 2015, 09:24 h (CET)
La prensa de todo el mundo se ha hecho eco de las palabras que Glysella la niña de 12 años le dirigió al papa Francisco durante su viaje a Filipinas: “Hay muchos niños abandonados por sus propios padres, muchas víctimas de muchas cosas terribles como las drogas o la prostitución. ¿Por qué Dios permite estas cosas? La pequeña Glysella como todos los que hacen la pregunta ¿por qué Dios permite estas cosas?, la plantean mal. Realmente la pregunta que deberían hacerse es: ¿Por qué existen estas cosas malas?

El mundo en que vivimos no es el mundo que realmente fue ni es el mundo que será mañana. El mundo de hoy es un mundo pervertido por el pecado. El mundo que será lo esboza el apóstol Pablo cuando personifica a la creación otorgándole sentimientos, escribe: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujeta a vanidad, no por propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza, porque la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:19-25). El final de la historia que se inició en el paraíso terrenal será en el cielo eterno en donde “Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni más clamor, ni más dolor, porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21: 3,4).En tanto el cielo nuevo y la tierra nueva sea algo futuro debemos aceptar convivir con el dolor en sus diversas formas.

La sociedad hedonística en que vivimos es el resultado de haber abandonado a Dios, busca la felicidad a cualquier precio debido a que no acepta la presencia del dolor. No lo consigue y, ante el fracaso da cabezazos contra la pared con lo que consigue agravar todavía más la situación. El ser humano busca en las lágrimas el consuelo que no le aportan. “Cada vez hay menos tolerancia en esta sociedad nuestra, que se recrea en la superficialidad y el hedonismo de los grandes paneles publicitarios y la sensación de confort inmediato y etéreo de las redes sociales, por ejemplo.” (anónimo).

Nos guste o no debemos convivir con el dolor. Lo sensato sería intentar descubrir si el sufrimiento tiene algo que aportar a nuestro bienestar. Dustin Sharameck ha dejado escrito: “Una buena teología es esencial si hemos de sufrir bien”. El mejor libro de Teología, sin duda alguna es la Biblia y en él encontramos respuesta a la pregunta ¿por qué permite Dios el dolor? Una de las carencias educativas de hoy es la falta de disciplina en la educación de los hijos por parte de los padres. Esta ausencia tiene un precio muy alto de malestar social. Los hombres en general no reconocen que el Padre de nuestro Señor Jesucristo sea el Padre de todos quienes creen en su Hijo unigénito. El Padre celestial como buen Padre que es disciplina a sus hijos: “Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado, y habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él, porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos, porque, ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos… Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12: 4-11).

El apóstol Pedro indiscutiblemente se dirige a verdaderos cristianos cuando escribe refiriéndose a “una herencia incorruptible, reservada en los cielos para vosotros que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está reservada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que ser sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, ser hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:4-7). Las dificultades por las que atraviesan los verdaderos cristianos son para su santificación para que en el postrer día se los pueda presentar ante sí mismo “sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santos y sin mancha” (Efesios 5:27). Oro en bruto que hoy son los verdaderos cristianos deben pasar por el crisol de la aflicción para separar las escorias para poder resplandecer como el oro puro.

Joni Eareckson Tada que en su adolescencia fue una cristiana no practicante, debido a un desafortunada zambullida se quedo parapléjica y de ahí a la conversión a Cristo, escribió: “A veces Dios permite aquello que odia para conseguir lo que ama. Por medio de enfermedades puede hacer mucho bien. No entenderemos a Dios ni a su manera de hacer las cosas hasta que no lleguemos al cielos, pero nos ha dado muchas pistas que nos permiten entender que podemos confiar en Él, y que si Él permite alguna cosa que odia, debe ser para conseguir algo maravilloso. Él quiere que Cristo esté en ti y sea tu esperanza de gloria”.
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