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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Eritrea frente a la mutilación genital femenina

María Teresa Vaquero (Pamplona)
Redacción
jueves, 17 de mayo de 2007, 21:05 h (CET)
Según informaba IRIN , www.irinnews.org, el gobierno eritreo ha prohibido la práctica de la mutilación genital femenina, ya que no sólo es dolorosa sino que pone en peligro la vida de las mujeres.

Asimismo, el hecho de no denunciar a personas que tengan la intención de realizar estas prácticas será considerado delito.

Las autoridades son optimistas ya que las acciones tomadas a cabo para luchar contra la mutilación han comenzado a dar sus frutos y han sido bien acogidas en las zonas rurales, donde la práctica está muy extendida.

La tasa de mutilación genital femenina en Eritrea es del 94 por ciento, pero se espera que esta cifra disminuya ya que cada vez son más los padres que deciden no someter a sus hijas a esta costumbre ancestral que está en vigor en, al menos, 28 países.

Según UNICEF, cerca de 140 millones de jóvenes y mujeres han sufrido mutilación genital de algún tipo, lo que es frecuente en África, pero se practica también en algunas regiones de Oriente Medio y en el seno de comunidades de emigrantes de distintos países.

Las mutilaciones causan graves secuelas físicas y psicológicas y aumentan el riesgo de infección de VIH/SIDA, ya que se realizan con instrumentos no esterilizados.

Al menos 16 países africanos han prohibido esta práctica, que se realiza por una mezcla de tradición, religión y superstición y, desde noviembre del 2005 ha entrado en vigor el protocolo de Maputo, que la prohíbe y condena en su artículo cinco.

Pero este Protocolo sobre los Derechos de la Mujer en África que forma parte de la Carta Africana de los Derechos Humanos y de los Pueblos, es más amplio. Se abarcan derechos como la abolición de la discriminación de la mujer, el derecho a la dignidad, a la vida, a la integridad física y a la seguridad de la persona, el derecho a la educación y a la formación; también recoge derechos económicos y de bienestar social, el derecho a la sanidad y a la reproducción.

En algunos países como Senegal, Egipto o Sudán se trabaja activamente para luchar contra esta práctica ancestral que ya se realizaba en Egipto unos 6.000 años antes de Cristo, es decir, mucho antes de la aparición de las religiones monoteístas.

700 años antes de Cristo, Herodoto la menciona y en el siglo XVIII, un explorador informa de su existencia entre los cristianos de Abisinia y Egipto, entre los Árabes y los Coptos.

La mutilación suele practicarse en niñas de entre 4 y 10 años y es realizada por una partera o una anciana de la aldea. Se puede extirpar el clítoris o realizar una infibulación es decir, el cosido casi total de los labios mayor y menor.

Como anécdota diremos que en Europa, en el siglo XIX, el doctor Baker-Brown practicaba la ablación del clítoris para curar casos de histeria, migrañas o epilepsia. Hubo gran controversia y, finalmente, fue obligado a dimitir de su cargo de Presidente de la Sociedad Médica Británica.

La MGF no es un precepto islámico y así existen zonas bajo su influencia, como Marruecos, Argelia o Túnez, que no han estado nunca vinculadas a dicha práctica, que estaría determinada por las costumbres y la tradición, el control de la sexualidad y el fomento de la castidad; también se cree que disminuye el deseo sexual, que garantiza la fidelidad e incrementa el placer sexual masculino. Así mismo se piensa que las mujeres no mutiladas no pueden concebir, o que la vida del bebé puede estar en peligro si éste toca el clítoris en el momento de nacer.

Sin embargo, en muchos países la MGF es requisito indispensable para casarse, adquirir una determinada posición o, simplemente, para ser aceptada por la comunidad.

Los líderes religiosos son muy importantes a la hora de cambiar las actitudes de una comunidad como la musulmana hacia la MGF, ya que se piensa que la tradición y la religión dictan la práctica.

En realidad, para la erradicación de la MGF sería necesaria una actuación conjunta de los gobiernos, la comunidad internacional y la sociedad civil; los líderes tradicionales y religiosos deben luchar para concienciar a los líderes conservadores de la comunidad.

En Europa sería necesaria una legislación clara y contundente para evitar que los inmigrantes que viven en suelo europeo sigan con esta práctica; del mismo modo, habrá que proteger a las niñas que, durante las vacaciones en sus países de origen, sufren dicha mutilación.

El paso dado por el gobierno eritreo nos parece muy importante y esperamos que no sea solamente algo formal, sino que mejore la situación de las mujeres de este país.

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