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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Una sed necesaria

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 2 de abril de 2007, 10:56 h (CET)
Uno siempre orienta sus antenas hacia determinadas ASPIRACIONES personales, familiares o más colectivas. Otra cosa será si lo hacemos con una intención o una fuerza suficientes, o por el contrario sin verdadera decisión. De la potencia de esos anhelos dependerán en gran parte los objetivos que se consigan. Por lo tanto, es necesaria una auténtica sed que nos conduzca a proyectos o metas importantes. Es una de las esencias humanas. ¿Acaso no es así?

Que si la paz nos trae de cabeza, la insuficiente sanidad nos acogota, la inseguridad ciudadana nos mantiene sobresaltados, de la educación hemos perdido la noción y quisiéramos recuperar el sentido de la palabra política. Somos personas ligadas a una serie de circunstancias. Los desequilibrios son frecuentes, los enfrentamientos también; por ello las FRUSTRACIONES abundan. El escepticismo un tanto estoico y pasivo no favorece una salida conveniente desde el pozo en que nos hemos metido, mas las respuestas aturrulladas tampoco.

Si a uno le da por preguntar a unos y a otros, ¡Ay!, escucharemos respuestas para todos los gustos. Gente fría despreciativa, divagaciones, pura retórica vacía de contenido, o intereses ocultos curiosos. Cada sector pronunciará su dictamen. ¿Todas tendrían el mismo valor como opiniones? Si no tomamos parte activa en el proceso, se nos pueden indigestar tantas aportaciones foráneas. Como refleja muy bien Ángel González en un breve poema: "Si quieres saber lo que es el agua... bebe". Uno ha de participar en esa elaboración de los proyectos. Para eso se necesita sed de la buena, ansia; de un ejercicio personal que nos involucre.

Uno de los vocablos más pronunciados en todo el mundo es el de PAZ. Como no cesan los conflictos, se echa de menos la paz. ¿Será verdad que son tan intensos los anhelos de esa paz?¿Hay verdadera sed de paz? ¡Un vocablo tan sencillo y cuántas interpretaciones del mismo! Por que ya digo, allí donde uno mire se comienza por zancadillas y se acaba con crueles trancazos. ¿Hace falta insistir en políticas contra el terrorismo o referirse a posturas sociales agresivas? A veces son más asquerosos los instigadores o colaboradores ocultos. No nos engañemos, cuando uno de verdad siente sed, no se entretiene con zarambainas ante un vaso de agua; y si no lo tiene, lo busca con denuedo. La deslealtad se mezcla con las crueldades más sibilinas y la paz no llega a vislumbrarse. Si el deseo de paz fuera intenso ... ¡Pacifique usted!, simplemente pacifique y no emponzoñe.

Estamos en fechas propicias para la consideración de una SED NUEVA. Como tal habría que considerar aquella llegada a Jerusalén de un personaje como Jesús de Nazaret, sencillo, pero con un mensaje. El Domingo de Ramos sirve de pórtico para una labor introductora. Al margen de las diferentes creencias, estamos ante la manifestación de una nueva manera de interpretar la sed por un mundo mejor. No cabe ninguna duda, ese mensaje implica una respuesta exigente. No estamos en muy buenas condiciones para que prescindamos olímpicamente de unas aportaciones valiosas. Este enfoque de la sed se convierte en novedoso para las diferentes épocas, sobre todo por la persistente tendencia actual a menospreciar los criterios. Uno puede optar por otras soluciones, más no parecen lógicas las actitudes displicentes. Ahora bien, ¿Queda algo de lógica?¿Sirve para algo la lógica?

En el supuesto de no tener sed intelectual o de sentimientos nobles, propiciaremos a grandes zancadas la FUGA de los CEREBROS. Si los hubiera, ¿Qué pintan en un ámbito donde no se piensa con sanas ambiciones? No les queda otro remedio a esas neuronas, deberán de emigrar a otras cabezas u otras generaciones; Al hacerlo, dejarán a los cráneos actuales muy vacíos; lo que puede convertirse en una moda más. ¿Para qué alimentar cerebros cuando no se les va a usar? A calaverazo limpio y se acabó.

Si nos referimos a la SED FÍSICA, propiamente a la necesidad de agua, se generan también algunos matices interesantes. En primer lugar es necesaria para la vida y se va aminorando con la edad; por ello conviene estimular la ingesta de agua en personasmayores, de no hacerlo serán frecuentes ligeras o fuertes deshidrataciones. En asunto tan vital no debieran establecerse diferencias entre los humanos; el acceso al agua potable deviene en un bien universal. Pasando de ese escalón inicial, diferentes intereses se van enseñoreando de la distribución del agua. Surgen costes, se dedica el agua a usos bien diferentes -Industria, cultivos, recreo-, o hasta llegan a dominar los piques políticos. ¿Cómo explicaremos sino el que se plantee una oposición radical al trasvase del Ebro, conociendo el caudaloso excedente en su desembocadura? Por otro lado, ¿Se justifica un trasvase ante un uso inadecuado de esas agua o para simples campos de golf?¿Cuánto se va a invertir en plantas desaladoras habiendo excedentes de agua? La necesidad inicial deviene en una serie de usos y aplicaciones de una complejidad creciente.

Aquí son aplicables aquellas CATEGORÍAS aristotélicas para la valoración de las cosas: Sustancia, cantidad, cualidad, relación, tiempo, lugar, situación, condición y, ¡Cómo no!, acción y pasión. Por eso es tan complicado todo esto y necesitaríamos una dosis más fuerte de sentido común para su apropiada utilización. Los más propensos al esoterismo hablan de una sociedad de la concordia universal, como si esto fuera un coro de benditos. Esas concordias también tienen un gato disimulado en la trastienda, esas grandes bondades suelen derivar en dominios secretos -Verdaderos contubernios- y obediencias serviles. ¡Mucho ojo con las grandes concordias que pretendan anular la sed de cada uno!

Con frecuencia, estas cosas de la vida, y la sed lo es por entidad propia; tienen tantas influencias colindantes que acaban en magias y manejos ocultos. Desde el terreno de la física hasta el más intelectual. Probablemente todos quisiéramos la más intensa sed para lo bueno; la IMPLICACIÓN personal en los eventos ya no es tan común. La dilapidación del agua, las trabas para una justicia mejor o la poca sed para conseguir los más valiosos atributos personales; esas si parecen constantes habituales.

Estamos abocados a una soledad personal, de cada uno, a la hora de afrontar las diferentes maneras de sentir la sed. En ello nos va una parte crucial de la vida. Semana Santa, vacaciones, indiferencias o contubernios. La sed nos conduce al OBJETIVO perseguido. Es difícil echar balones fuera en esta nuestra liga de campeones.

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