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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Francisco Giner de los Ríos (1839-1915)

Francisco Arias Solis
Redacción
martes, 20 de marzo de 2007, 16:16 h (CET)
“Como se fue el maestro
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió? ... Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.”


Antonio Machado

A don Francisco Giner de los Ríos.

“Cuando aparecía don Francisco -escribía Antonio Machado- corríamos a él con infantil algazara y lo llevábamos en volandas hasta la puerta de la clase”.

Giner de los Ríos era sabiduría, sensibilidad y doctrina, todo ello fundido en un singular e inolvidable estilo de vida. “Aunque no hubiera dejado escrito nada, como no lo dejó Sócrates, su obra viviría entera”, nos dejó dicho Miguel de Unamuno.

Francisco Giner de los Ríos nace en Ronda el 10 de octubre de 1839. Su iniciación universitaria empieza en Barcelona, de donde pasa a la Universidad de Granada. En esta ciudad recibe los grados de licenciado en Derecho y bachiller en Filosofía y Letras. En 1863 Giner se traslada a Madrid, y en la Universidad Central hace estudios del doctorado de Derecho.

Recién llegado a la Corte traba amistad con Julián Sanz del Río, introductor y principal representante del krausismo en España. Buen número de los krausistas españoles son andaluces: Canalejas, Salmerón, Castelar, Federico de Castro y Giner de los Ríos. Sanz del Río, nace en Castilla, pero a los diez años va a educarse a Córdoba y más tarde estudia Derecho en Granada.

Sorprende leer, hoy que tanto se habla de la Unión Europea lo que Krause escribió en el Ideal de la Humanidad hace casi dos siglos (la primera edición alemana se publicó en 1811). Krause preveía que “sobre los Estados existentes en Europa puede venir en un tiempo, y mediante ellos mismos, una unión superior política...”

En 1866, Giner gana por oposición la cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional en la Universidad de Madrid. Giner, fue sin duda la personalidad más eminente y eficaz del krausismo español. Escribió copiosamente de filosofía, sociología, derecho, filosofía del derecho, pedagogía, literatura y arte. Era el más enciclopédico y el más sugestivo de los krausistas españoles. Con ser notable toda su obra como pensador nada supera la del pedagogo en acción. En 1875, fue expulsado temporalmente de su cátedra de la Universidad de Madrid, con muchos otros profesores. Giner es conducido por la guardia civil a Cádiz y recluido, durante los primeros días de su destierro, en el castillo de Santa Catalina. En 1876, funda la Institución Libre de Enseñanza, primero de enseñanza superior y después sólo primaria. Giner creía que el español adulto es irreformable y que sólo tomándolo ab ovo, podía sacarse de él algún partido. Y lo sacó, evidentemente. Por aquella modesta institución pasaron muchos hombres y mujeres que luego fueron eminentes en la enseñanza, en la ciencia, en la política y en la literatura.

Y a su sombra y bajo la inspiración de Giner y sus auxiliares, señaladamente su segundo de a bordo, Manuel Bartolomé Cossío, el redescubridor del Greco, nacieron otras instituciones encargadas de difundir la cultura: la Escuela Superior del Magisterio, el Instituto Modelo de Enseñanza Secundaria, la Residencia de Estudiantes y la Junta de Ampliación de Estudios.

Nadie honradamente puede negar que todas estas instituciones creadas o inspiradas por Giner de los Ríos, hizo mejores hombres de los españoles. El espíritu de Giner alienta en cada uno de esos institutos, a saber, la visión de una España futura, obra de jóvenes generaciones a las que una nueva educación panhumanística había redimido de la penuria intelectual de antaño. Ese espíritu coincide con el “ideal de humanidad” del racionalismo armónico, en los decenios anteriores a la primera gran guerra. Cuando Giner muere en Madrid el 17 de febrero de 1915 ya se ha quebrantado ese ideal, pero, hay motivo más que suficiente para seguir profesando el de Giner con fe robusta. Y como dijo Antonio Machado: “Allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España”.

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