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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Mujer y trabajo

Piedad Sánchez de la Fuente (Málaga)
Redacción
jueves, 8 de marzo de 2007, 21:22 h (CET)
El día 8 se celebra el día de la mujer trabajadora. Todas somos trabajadoras, no solo las que trabajan en una empresa concreta. La mujer que se queda en su casa cuidando el hogar, y su familia, es tan trabajadora como pueden serlo las otras.

Los movimientos feministas tomados a broma y con ironía (aquellas sufragistas desfilando por las calles de Londres, vestidas de negro y no muy agraciadas físicamente) a pesar de sus defectos y excesos tuvieron y tienen razón en sus reivindicaciones y sobre todo fueron abriendo camino a las mujeres en el mundo del trabajo y en el reconocimiento de sus valores y derechos en la sociedad.

La mujer desde las antiguas civilizaciones y a lo largo de la Historia, ha estado sujeta a lo que ha dispuesto una civilización y una cultura virilocrática a más no poder. Hemos sido lo que el hombre ha querido dentro de un ambiente dicho en román paladino totalmente machista, que nos ha considerado de mil formas distintas excepto como lo que somos, “personas”. La doctora Ana Sastre lo escribió hace algún tiempo “Solo la mujer-persona es el gran acontecimiento que espera la realidad de nuestro tiempo”. Y hace siglos Gracian lo dijo también: “Persona es lo más difícil de la vida”.

La mujer poco a poco, incluso equivocándose, se está liberando de una imagen forjada por el hombre a veces cruel y a veces poética, pero nunca verdadera. Hemos sido la media naranja cuando en la noche de los tiempos el ser humano se postró en dos mitades, las cuales andan buscándose incompletas y con ansiedad.(J.B. Torelló)

Después por muchos siglos fuimos el complemento del hombre, pero por supuesto la superioridad era para él. El hombre es inteligente, fuerte, lógico, pensador. La mujer es práctica, débil, no tiene capacidad para las ideas abstractas, emotiva y casera.

Más adelante en la edad media caballeresca y con los trovadores que cantaban nuestros encantos de manera platónica fuimos el reposo del guerrero, la reina de nuestros castillos o de nuestras chozas, pero reinas que no pintaban nada. Era un cierto despotismo más o menos ilustrado “Todo para la mujer, pero sin la mujer”.

Pero el tiempo pasa y llegan los movimientos feministas que atacan con histérica violencia esta situación de inferioridad lanzándola en una lucha desigual a responsabilidades y trabajos que solo el hombre hasta entonces había asumido. Y a partir de ese momento la mujer ha demostrado que es capaz de prácticamente todo. Que solo le había faltado preparación para asumir esos papeles que la estaban esperando.

La mujer puede ser tierna, sensible y a la vez capaz de dirigir una empresa o un tractor, con la misma eficacia que el varón más cualificado. Con otras palabras: “Hombre y mujeres, poseen todas las cualidades que constituyen la persona humana y resulta arbitrario y gratuito definir algunas cualidades como típicamente masculinas y femeninas” (O. Schwar). Lo que pasa es que el ambiente en el que se nace y se es educado tiene una gran influencia en las personas. Y la mujer al haber estado sometida al hombre llegó a creerse todas las teorías masculinas. Todo esto ha caído por su propio peso gracias a los estudios que realizaron los austriacos Adler y Allers. Ellos pusieron de relieve la importancia decisiva de la educación, las tradiciones y las estructuras sociales en el desarrollo de las propiedades psicológicas del hombre y la mujer sin por supuesto que ello comporte un determinismo.

Ahora cuando se habla de genero y no de sexo, hay que tener cuidado porque podemos crear una teoría que dañaría al ser humano como ninguna otra, pues nos sabríamos con claridad qué somos. En definitiva el hombre es hombre y la mujer…, mujer. Como dice Cervantes “Pues ella es hembra…ha de seguir su natural instinto”.

Que nos dejen avanzar por nuestro camino, que nos dejen elegir y no nos cuelguen más sambenitos.

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