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Trampa del gobierno

​En todo caso, si la Oposición real cayera en la trampa del Gobierno, acompañándolo en sus aventuras, habría aceptado corresponsabilidades que constitucionalmente no le corresponden
José Luis Heras Celemín
viernes, 30 de octubre de 2020, 10:02 h (CET)

Al ver lo que hacen Sánchez e Iglesias, desde PSOE y UP, cuando en sus ‘argumentarios’ (argumentos destinados a defender una opinión política) mezclan a la Oposición con asuntos del momento (pandemia, estados de alarma, toque de queda o Presupuestos Generales de Estado) puede pensarse que no saben qué hacen, que han mezclado sus sueños con la realidad; o que usan sus juegos para sacar beneficio del Estado de Derecho. Para analizarlo, recordemos el art. 97 de la Constitución: “El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes”. Pero el Gobierno, ante la realidad actual, aprovecha sus portavoces y altavoces mediáticos para lanzar un argumento tramposo: En esta situación, la oposición debe implicarse y ayudar al Gobierno en lo que decida, sea lo que sea y aunque no lo conozca.

Vistos los modos del Gobierno de coalición, los hábitos de las formaciones políticas que lo mantiene, y las artimañas de sus dos principales líderes (‘Aló presidente’ y conato de casi bendición ‘urbi et orbi’ de Sánchez tras sus aficiones-aflicciones papales; y actitud de Iglesias ante la justicia y las investigaciones que le afectan), parece lógico no olvidarlos y ver el cometido que nuestro sistema reserva a la oposición. Nos encontraremos, así, con la máxima principal en democracia: El Gobierno gobierna y la Oposición controla.

Por otra parte, como en un Estado de Derecho la actividad del Estado debe hacerse según ley, conviene ver quien, según la ley, puede hacer propuestas para que el poder Legislativo, de las Cortes, las haga leyes. Nos encontraremos así con las dos formas que permiten que las propuestas se conviertan en normas: Proyecto de Ley, que solo puede presentar el Gobierno ante las Cortes. Y Proposiciones de Ley (P.L.) y ‘no de Ley’ (PNL) que, también, puede iniciar la Oposición si cumple lo previsto (solicitándolo al Congreso o Senado por un grupo parlamentario, con 15 diputados o 25 senadores; a través de las Comunidades autónomas; o por iniciativa popular). Con ello se define que la Oposición únicamente puede ‘ayudar’ con propuestas en la tarea de legislar, al margen de la acción Ejecutiva del Estado, con Proposiciones de ley o no de ley que deben aprobar la Cortes. Sin embargo, el Gobierno y los partidos que lo sostienen, erre que erre, lanzan su trampa: La oposición debe implicarse y ayudar al Gobierno en lo que decida, sea lo que sea y aunque no lo conozca. El argumento puede rebatirse reduciéndolo al absurdo: Si la Oposición siguiera al Gobierno en sus intentos, acertados o equivocados, en vez de sumar en beneficio de la sociedad, dificultaría que ésta pudiera utilizar otras propuestas. Así se colocaría en una posición tan gansa como la que aparece, diseñada para unos grupos políticos de la Oposición que no son iguales y conviene diferenciar: Los que puedan acompañar al Gobierno por motivos e intereses que no es momento de analizar, independentistas, afines y algunos otros. Y los que forman la oposición que puede sustituir al ejecutivo de coalición actual PSOE-UP.

En todo caso, si la Oposición real cayera en la trampa del Gobierno, acompañándolo en sus aventuras, habría aceptado corresponsabilidades que constitucionalmente no le corresponden; y permitido la transformación del Estado de Derecho y Bienestar actuales en algo distinto y peligroso. Agravado por dos tipos de amenazas: Unas graves y conocidas, concretadas en la pandemia, con las crisis sanitaria, económica y social. Y las muy graves, que ponen en riesgo el sistema y están ahí, disimuladas por unos estados de alarma que restringen libertades y se alargan sin precisar ni calibrar motivos, encubiertas por toques de queda que someten al pueblo a la voluntad de un Ejecutivo omnipotente con objetivos desconocidos (y temidos), convertidas en emboscadas asociales a costa de la propuesta mutante de unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) que, aún presentados como de consenso, son incompatibles con las ofertas y programas de la Oposición.

Hasta ahí, la trampa desnuda del Gobierno que, en buena lógica, al ser descubierta, produce aversión. Pero, por lo visto, la trampa desnuda se ha vestido con una argucia que puede no ser única. En principio, se trataba, solo, de convencer a la Oposición de la utilidad de ayudar al Gobierno frente a la pandemia. De ahí nacieron los Estados de Alarma, la propuesta del toque de queda y los guiños para negociar los P.G.E. Pero, aún sin lograrse, el Gobierno ha cambiado el envite y ya no pretende que la oposición ayude, sino que, además, comparta responsabilidades desde las Comunidades Autónomas que domina. Se propone, pues, que sean las Comunidades Autónomas, dominadas por la Oposición o no, las que promuevan, controlen o acaben con el estado de alarma, asumiendo competencias que corresponden al Gobierno y liberando a éste del desgate y efectos que resulten.

¿Cobardía, jugada política sucia, o estulticia? No hay por qué elegir, solo constatar que Sánchez e Iglesias intentan burlar su obligación de gobernar. Sin dimitir, pretenden ceder su responsabilidad a las CC.AA, a los partidos que lo acepten y a los que consientan la trampa del Gobierno. 

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