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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El Parlamento se convierte, en un 'parlamento urbano'

Elena Baeza (Málaga)
Redacción
miércoles, 28 de febrero de 2007, 14:25 h (CET)
En julio de 2005 se hacía entrega al Congreso de los Diputados de la última remesa de firmas en apoyo de la Iniciativa Legislativa Popular en defensa del matrimonio y la familia. Fueron en total más de un millón y medio las personas que, tal como establece la normativa, estamparon su firma en los pliegos numerados y visados por la junta electoral central, en defensa de un proyecto de Ley que propone que el matrimonio se configure como la unión entre un hombre y una mujer entre sí y que proteja el derecho de los menores en situación de adopción a tener un padre y una madre. Fueron miles los fedatarios de toda España los que colaboraron en esta iniciativa, y una multitudinaria manifestación en Madrid, que propone la salvaguarda de los derechos del matrimonio, la familia y los niños, en relación con otro tipo de uniones. La propuesta lejos de suponer ninguna discriminación para nadie, pretende reforzar el mandato legal que tiene el matrimonio; que es la unión entre un hombre y una mujer, realidad jurídica que como tal, ha desaparecido de nuestro Código Civil.

Lamentablemente, la fiesta democrática no podrá ser completa, al negársele al Foro de la Familia la posibilidad de defender la propuesta en el seno del Congreso. Para paliarlo, el Parlamento se convertirá, en esta ocasión, en un “parlamento urbano” en el que un representante del Foro realizará esa defensa en las inmediaciones de la Cámara Baja a la misma hora en la que estará siendo presentada en el interior del hemiciclo.

El hecho en sí de que la iniciativa, por fin, se debata en el Congreso de los Diputados es ya una buena noticia, porque las iniciativas legislativas populares son uno de los mecanismos que permiten fortalecer y sanear el sistema democrático, al dar voz a la sociedad civil. Lástima que la disposición de la mayoría de los grupos sea hacer oídos sordos, ante una propuesta que pretende proteger un bien de primera magnitud para el presente y para el futuro, como lo es el verdadero matrimonio. La familia pilar básico de la sociedad cuya realidad y necesidades son cada vez más ignoradas por nuestros representantes políticos, y la infancia que tiene el derecho a educarse bajo el amparo de un padre y una madre, se juegan mucho con esta iniciativa.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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