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Opinión
Etiquetas:   COVID   VOX   Salvador Illa  

La izquierda totalitaria no será derrotada ni razonando ni argumentando

El descaro del señor Illa no tiene parangón. Cuando Madrid disminuye el número de contagios él decide rebajar los necesarios, para mantener la alarma, hasta 200 casos
Miguel Massanet
jueves, 15 de octubre de 2020, 11:03 h (CET)

La realidad es que, al Gobierno y sus ministros, ya no les hace falta andarse con disimulos para actuar guiados por sus propias y partidarias conveniencias. Ya les basta con llevar la mascarilla antivirus, porque la careta política que llevaban puesta, simulando ser un gobierno democrático, objetivo, imparcial y preocupado especialmente por los ciudadanos y su bienestar, hace ya tiempo que se la han quitado y ahora ya no se toman la molestia de disimular sus decisiones y sus actos de autoritarismo y desprecio por los derechos constitucionales, su respeto por sus adversarios políticos y su deber para con el pueblo español de explicarle la verdad, la realidad de las circunstancias extraordinarias por las que está pasando España y la evidencia de que, desde el inicio de la pandemia del Covid 19, su actuación ha sido de negación primero, manipulación de las cifras de contagiados y muertos después y, finalmente, pretender desviar la atención de los españoles iniciando una campaña a sangre y fuego sobre la comunidad madrileña y, especialmente, de clara venganza contra la señora presidenta, Isabel Ayuso, por haber interpuesto un recurso en contra de la actuación de la Administración socialista, que ha merecido la aceptación y subsiguiente resolución favorable del TSJM, algo que no ha digerido el señor Pedro Sánchez que, como dictador en ciernes, no acepta que se le corrija y se enmienden sus decisiones o las de los suyos.

Lo cierto es que aquellas cifras manipuladas, retocadas y dadas oficialmente por buenas, por parte de la Administración socialista, de 27.000 fallecidos por culpa del coronavirus, cifra que permaneció inmutable, pese a que se evidenciaba que debían añadirse más, ahora ya nadie duda que sobrepasa los 60.000 pese a que oficialmente, Illa y su camarilla, insisten en que sólo son 33.000, una cifra ridícula que ya nadie acepta, pero que la tendencia de ocultar la realidad de la pandemia, de este Gobierno, se resiste a modificar. Sin embargo, el número de contagiados ya nadie niega que ha sobrepasado, en España, los 800.000 casos.

En España, señores, hemos llegado a un punto en que sólo los necios, los ignorantes, los interesados en ocultar los errores de quienes nos gobiernan y los sectarios adeptos a la izquierda, pueden pensar que nuestro Gobierno no nos está llevando, directamente, a un régimen inquisitorial, a ir socavando las raíces de nuestra Carta Magna, a proclamar de hecho lo que de derecho sería imposible hacer o a la supresión de nuestras libertades individuales con continuas normas que, poco a poco, las van recortando para ser reemplazadas por normas, decretos, decisiones ministeriales o autonómicas que intentan vaciar de contenido aquellos artículos de nuestra Constitución que hacen referencia a derechos de la ciudadanía y que están en contraposición con lo que intentan imponernos determinados partidos de izquierdas partidarios de la supresión de la libertad de mercados, de la iniciativa privada, del derecho de propiedad y del derecho de cualquier ciudadano a aspirar a mejorar su estatus económico mediante su preparación, esfuerzo, actividad e inteligencia que le sirvan para tener una posición en la sociedad por encima de aquellos otros que no han querido, no han sabido o no han podido, por su falta de capacidad o sus limitaciones intelectuales aspirar a trabajos de mayor beneficio.

En consecuencia, no queda otra alternativa que iniciar una nueva etapa en la que, los constitucionalistas, los partidarios de respetar nuestras tradiciones y nuestro patrimonio cultural y de conservar aquellos valores, ética y moral que hemos venido recibiendo a través de nuestros ascendientes, deberemos tomar conciencia de que no vale seguir recluidos en las cavernas de la resignación, la indiferencia, la confianza en que las cosas irán a mejor por sí solas o a que un milagro divino vaya a cambiar radicalmente lo que está sucediendo en España; dejen de mantener sus ensoñaciones, sus debilidades, sus conformismos y, permítanme que lo diga claro, su miedo; esperando que lo que nos aguarda no sea tan ominoso como se presenta. Cuando personajes tan poco significativos, de tan escasas dotes y procedentes de tan distintos y poco apropiados oficios para el cargo público que están ocupando, como es el caso del señor Salvador Illa (un filósofo ocupándose de un ministerio de tanto relieve como es el de Sanidad), se pueden permitir cambiar las reglas del juego sobre la marcha con la evidente, disparatada, prevaricadora, inusual y malévola intención de poner en un compromiso a la presidenta de la comunidad madrileña, tenemos que llegar a la conclusión de que se han acabado los juegos, la paciencia, la tolerancia, la discreción y el seguir actuando como cobardes, dejando que se nos trate como a gallinas de corral que aguardan, pacientemente, que quienes se ocupan de ellas decidan un día acabar con su existencia.

No sabemos lo que está sucediendo en el PP, pero no encontramos que ni en Casado ni en los que le acompañan se haya hecho lo suficiente para ayudar, en su lucha con el gobierno, a la señora Ayuso. Lo que sí sabemos es que no tienen tiempo para más luchas internas, personalismos ni ambiciones políticas, que puedan ir en contra de la solidaridad y unidad que hoy en día se les puede exigir, desde sus bases, que deben mantener. No valen más paños caliente ni preocuparse por los votos que van a necesitar para vencer, en su día, al PSOE, pero de lo que estamos convencidos es de que, si no empiezan a tomarse en serio su deber como oposición y comienzan a luchar con las mismas armas que lo están haciendo sus oponentes de las izquierdas; es evidente que España está condenada a muchos años de estar sometida al yugo del comunismo bolivariano que van a ser los que, en definitiva, vayan a sacar la mejor tajada de esta obsesión por acabar con el Rey, el jefe del Estado español, la Iglesia contra la cual hace siglos que luchan ( algo que no sabemos si el papa Francisco tiene muy claro, cuando viene ejerciendo de peronista convencido) y, la unidad de la nación española.

Gozan para ello de la ayuda de los fiscales, a las órdenes de la Fiscal General del Estado, señora Delgado, que se ha olvidado que su cargo público no es de derechas ni de izquierdas sino al servicio de la nación española, y se ha convertido, junto a la abogacía del Estado, en uno de los medios más útiles para poner en peligro la supervivencia de uno de los poderes del Estado que mejor han contribuido a que España no se haya convertido en un país desguazado por los independentismo y una nación entregada a la hoz y el martillo, empuñados por este personajillo surgido de las aulas universitarias, Pablo Iglesias, que tiene tal empacho del viejo comunismo bolchevique que ha sido incapaz de entender que, en este mundo de hoy, unas ideas como las que él y su mujer, tan fanática y feminista como él, no tienen la menor posibilidad de salir adelante aunque, y eso sí es cierto, si pueden conseguir acabar con una democracia, de la que reniegan, para implantar un régimen comunista bolivariano parecido al de la Venezuela, del señor Nicolás Maduro, en España.

¿De qué medios disponen los partidos que hoy forman la única oposición, aunque minoritaria, que se enfrentan, aunque fuere tímidamente, al señor Sánchez y su mayoría de izquierdas? Pues, aparte del poder Judicial, sometido a la constante presión del gobierno y sus ministros, no vemos con claridad, qué otro tipo de grupo político sería capaz de oponer un freno eficaz a la voluntad de Sánchez y su Gobierno. La izquierda ha conseguido dominar a un 90%, y nos quedamos cortos, de la prensa hablada y escrita, una mayor parte de las cadenas de TV; de modo que tiene la supremacía a la hora de vender su demagogia y de tejer el ambiente favorable para que el PP y VOX queden inermes ante los continuos ataques que se hacen contra ellos. Sólo si el PP se toma en serio lo de dar la réplica, oponer su información a la del Gobierno, y dar publicidad a sus propuestas y a las denuncias de los errores del Gobierno podrá intentar rehacerse; en caso contrario no tendrá nunca la posibilidad de venderse ante el electorado como un partido capaz de mejorar, si no consigue superar la deficiente actuación del actual gobierno socio-comunista que estamos teniendo que soportar. Un gobierno que con sus artimañas, en lo que son expertos, ha conseguido neutralizar a una derecha que es incapaz de crear a un equipo de periodistas e informadores capaces de contrarrestar y desmentir las falsas noticias que continuamente y sin réplica van difundiendo, quienes nos gobiernan, siempre impunemente.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tememos que el deterioro de la situación que se adivina que se va a producir, con virus o sin virus, en los meses de invierno que se avecinan, comporte un aumento significativo del paro, un incremente de los ERE, no ERTE, que de un vuelco a las estadísticas de paro al pasar más de 750.000 trabajadores, que no trabajaban pero no figuraban en las listas oficiales del paro, cuando sí se les incluya en ellas a partir del mes de Enero del próximo año. Sin duda alguna esta circunstancia y la probabilidad de que el aumento de parados en la industria y el comercio vaya aumentado de una manera espectacular, nos pone en guardia respecto a lo que puede suceder ante un situación tan dramática, si las masas se mueven y los comunistas como es evidente que sucederá, se dedican a sembrar cizaña para que se levanten contra empresario y el propio Gobierno de la nación. El gran filósofo de estoicismo, L. A. Séneca, nos dejó para la posteridad la siguiente frase: “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”.

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