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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Ocultamientos objetivos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 12 de febrero de 2007, 10:37 h (CET)
Cada día nos captan la atención con grandes noticias, las más llamativas; llenas de truculencias la mayoría, desastres naturales, asesinatos, desgracias políticas, etc. ¿Nos pillan lejos?¿Sucedieron en los entornos conocidos?¿Permanecen en un escenario mediático indefinido? Desde la posición de las personas receptoras de la información, será importante tomar en cuenta algunas trabas habituales que impiden la claridad de los mensajes. ¿Informados o manipulados?

Escojamos algunos de los noticiones de reciente protagonismo. De pronto salta a la fama todo el pueblo de FAGO, las maravillas oscenses como testigos aturdidos de rencillas, comadreos, complicidades, silencios y verborrea. Después del asesinato de su alcalde se van sumando datos aparentemente clarificadores del suceso y la situación vecinal. O bien nos encontramos con la compra de ENDESA por E.ON; atrás quedó el embarazo de Gas Natural, más contubernio catalán con los gobernantes que embarazo. Los comisarios europeos dejaron en aborto las pretensiones. ¿A quién se quiere beneficiar con este juego de presiones?¿A los socios de gobierno?¿Será verdad que se trata de los intereses de los ciudadanos? Si ustedes lo prefieren podemos dirigir la mirada hacia las MANIFESTACIONES contra el terrorismo. Gran protesta, de tan enorme no cupo en una sola noticia. Que si obispos, partidos, víctimas de aquí y acullá... ¿Qué se cuece en la trastienda de unos y otros? No domina la sensación de estar informados hasta el tuétano en cada asunto.

Por desgracia nos estamos habituando con una naturalidad extraña al esceso de datos en un momento dado. La celeridad de las informaciones avasalla a unas mentes necesitadas de un ritmo más sosegado para asimilar apropiadamente las múltiples percepciones. Tampoco la educación consigue afrontar con eficacia ese reto. Estas premisas nos situan progresivamente ante una SATURACIÓN CEGADORA. Esta si que es universal y paradójica, se detectan muchas percepciones simultáneas que ocultan cada imagen o concepto en particular; la aguja en el pajar.

Eso convierte a los Fago, Endesa o Manifestaciones, en situaciones inaccesibles para los interesados directos y para el público. Por la prensa, y sobre todo con las imagenes televisivas se lanzan múltiples retazos de los sucesos, gran cantidad de fragmentos, con la cosiguiente dilución de lo esencial. ¿Cuáles fueron los entramados malignos infiltrados entre los habitantes de un pueblo? Además de Fago, suenan en la historia de numerosos pueblos. ¿Nadie sabe? Hay muchas maneras de emponzoñar la convivencia y colocar chinchetas en el suelo. En el asunto de las grandes empresas eléctricas, ¿Existe desfachatez del gobierno, con desprecio hacia los accionista y por encima de los usuarios? ¿Hubo contubernio catalán con el gobierno? Y si observamos las posturas frente al terrorismo, se establecen en una primera confusión, en vez de dialogar entre las fuerzas democráticas para acabar con el terrorismo, ¡Se dialoga con los terroristas! ¿Qué se negocia con ellos ocultamente? Mientras, las manifestaciones circulan por calles diferentes de diferentes ciudades mentales.

Otro ocultamiento objetivo lo constituye la SIMPLEZA TOTALITARIA. Se muestra algo como expresión de todo lo que hay, y punto. Un trazado, unas imagenes o unas palabras, como una incontestable verdad. En esta suposición es la contundencia quien engaña a los receptores de la información. Es muy habitual esta forma de pronunciamiento, en las diversas relaciones entre humanos se dan estas contundencias. Lo dice Blás, punto completo.

A los que se conducen con estas actitudes totalitarias no les importan los fundamentos o las razones; únicamente su razón y sus pretendidos beneficios. Estos pueden ser de fama, dinero o posición política. Intelectuales autoproclamados, magnates de la banca o de las constructoras, o chisgarabís de tres al cuarto encumbrados a algún pedestal político; cualquiera de ellos proclama sus sentencias con el beneplácito de los grandes medios. ¡Poderosos amos!

Al fin sólo se ve, y por lo tanto se compra, esa simpleza televisiva de unas imagenes suplantadoras de la realidad. Si no sale en los medios, no existe; manda ese mundillo y sus trapicheos. Es un fenómeno que se asimila con el beneplácito y jolgorio general. Viene bien, muy bien, a la hora de quejarse, ya uno se ve alejado y libre de culpa, los perversos serán quienes manipulen y accedan con facilidad a esas ventanas informativas. Así no puede extrañarnos la indolencia del ciudadano.

Ocupa un lugar significativo el MIMETISMO DESTRUCTIVO. Si bien la imitación es una escuela eficaz de aprendizaje en todas las civilizaciones conocidas, el exceso en estas actitudes las convierte en un automatismo nefasto. Se sobrepasó con mucho aquello de la imitación de los modelos; ahora cuando se detecta un modelo de algo, se le destruye y se acabó. Ahora se imitan modas y banalidades, extravagancias y abusos. Y aún deberemos estar satisfechos cuando no se imitan corrupciones, comportamientos violentos y demás desgracias. Somos más propensos a las epidemias de inconvenientes, que a la imitación de cualidades o esfuerzos para la convivencia. Sin embargo, la tendencia de esos mimetismos influirá poderosamente en el ocultamiento de aquellas personalidades que por no desarrollarse quedan a merced del más potente manipulador. Más que ocultamientos, se trata de una desaparición en toda regla.

¿A dónde nos conducirá esa opacificación cuando se dirige la mirada a las cosas fundamentales? La única cultura en activo hoy, se mueve por derroteros muy uniformistas, cerrados, y estructurados con los parabienes totalitarios. Es una tendencia dominadora. Alain Finkielkraut habla de la "derrota del pensamiento", manifestado más escandalosamente en las escuelas; en ellas comienzan a imponerse cuestiones ajenas a los razonamientos libres, orientaciones políticas, violencias y otras lindezas. ¿Dónde permanece el genuino reducto cultural? También Finkielkraut menciona la "imbecilidad de los pesimistas" cuando se convierten en agoreros de un futuro amenazante. No es el futuro, no dice, el presente es de por sí bastante siniestro. ¿No habrá mejores versiones culturales escondidas?

Somo seres muy abocados a limites y horizontes escuetos, estamos rodeados por la IGNORANCIA; aspectos psíquicos, genéticos, físicos o cósmicos, escapan a nuestros conocimientos. Pero los ocultamientos entrañan un doble defecto, o bien la pasividad por parte de cada individuo; o lo que es peor, una manipulación de la persona por agentes externos. En ambos casos, un atentado a la dignidad personal.

Estamos ante un esquema, observando los ocultamientos, que produce escalofríos.

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