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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Reo ante la vida

Antonio García-Palao
Redacción
jueves, 8 de febrero de 2007, 19:42 h (CET)
Si un individuo fuese visto en un prado alanceando a un toro se le procesaría por maltrato animal. Pero si en vez de ser una sola persona, se junta un pueblo entero para hacerlo, entonces no sólo no se denuncia ante las autoridades sino que se celebra a su amparo y se habla de tradición e identidad local para atraer visitantes y observadores que agiten sus pañuelos en loor de multitud. ¡Qué contradicción, qué tergiversación de la ley y qué ruindad moral!

Las sabias palabras "No hagas a otros lo que no quieras para ti" debería hacernos reflexionar para incluir a todos los seres vivos que nos rodean. Si un pequeño ratoncito es poseedor de un código genético en más de un noventa por ciento igual al nuestro, así como la mayoría de los mamíferos y aves, ¿por qué no iban a sufrir el dolor y el acoso?. ¿Es que no sufren las mismas enfermedades que nosotros?. ¿Acaso no anhelan la libertad si se les priva de ella?. ¿Es que no reconocen, protegen y alimentan a sus hijos?. ¿Es que no conocen el miedo?. ¿Es que no perciben el afecto y el cariño de otros seres vivos?. ¿Es que no disfrutan de los bienes naturales que la naturaleza ofrece?. ¿Es que no tienen habilidades para orientarse, construir nidos o madrigueras, comunicarse entre ellos o procurarse alimento o refugio?. ¿Con qué fundamento se les trata injustamente?

Es muy triste y doloroso sentirse impotente ante el sufrimiento ajeno. También lo es convivir con la ignorancia o insensibilidad que denigra al ser humano con actos crueles e innecesarios para con otros.

Sea cual sea el pensamiento filosófico, religioso o ético que abrigue una sociedad, no es aceptable asumir el desprecio y la injusticia como referentes morales. Tampoco lo es ejercer la violencia y causar daño a otros seres vivos para provecho propio. Ya está bien de tanta ignominia. Ya está bien de tanto dolor. Ya está bien de tanta hipocresía.

La bondad, la verdad y la belleza son incompatibles con la crueldad, la injusticia y la falta de empatía, seas creyente o ateo, gnóstico o agnóstico, de derechas o de izquierdas, rico o de clase desfavorecida. Si encima está en tu mano evitarlo gracias a tu condición social o por tu posición en ámbitos de poder político o mediático y no ejerces tu responsabilidad acorde con el cargo, no mereces el aire que respiras ni el pan que comes. Un día serás reo ante la Vida y en su momento ante tu propia conciencia. Perderás el respeto que hoy disfrutas y lo que es peor, tu propio respeto.

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