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El presente dicta las prioridades del futuro

Elnur Aslánov
Redacción
domingo, 28 de enero de 2007, 09:35 h (CET)
Hojeando hace poco artículos de Financial Times, di con una idea interesante: ”Durante los últimos dos decenios de la faz de la Tierra vienen desapareciendo los regímenes autocráticos. Sin embargo, en muchos casos la caída de la dictadura no conduce a la democracia, sino al caos”.

Sobre el telón de fondo del nuevo ordenamiento mundial en proceso de formación se pone de relieve el afán notorio de convertir la “extensión de la zona de libertad y democracia” en intervención global introduciendo por doquier determinadas formas de acción y estereotipos. A las sociedades, a las que hasta ahora les han sido ajenos los principios de gobierno democrático, se les inculcan las reglas de conducta que reflejan la pertenencia a la civilización única al estilo de Harry Potter y el rock- grupo Lordi.

La democracia es una forma de civilizada rivalidad política en que participan los representantes más fuertes de las élites de la sociedad, lo que en modo alguno pone en tela de juicio el postulado de que la democracia es la mejor forma de gobierno del pueblo, ya que la humanidad no ha inventado aún nada mejor. Pero esa contienda se sostiene entre las élites, los líderes y aquellos quienes están implementando la estrategia de desarrollo en perspectiva. De ahí se desprende que la democracia ha de ser considerada como producto del desarrollo interno de tal o cual comunidad. Además, la democracia se estructura sobre principios de la paz, estabilidad y desarrollo permanente de la sociedad.

Sin embargo, las pasiones que tienen la propiedad de convertir lo animado en lo inanimado y la crueldad con la que el hombre extermina a sus prójimos, condujeron a que tan sólo durante los cinco siglos y medio el planeta fue escenario de 15 mil guerras y conflictos armados que segaron 3,5 mil millones de vidas humanas. Lamentablemente, esta cifra crece sin cesar, mientras que la fantasía humana ofrece nuevos métodos y justificaciones de las nuevas expansiones.

En resumidas cuentas, hacia principios del siglo XXI entre las nuevas ideas capaces de argumentar la intervención global no queda más que la democracia.

Naturalmente, las sociedades en proceso de transformación –las que en la actualidad realizan el paso de un sistema al otro y, al mismo tiempo, están expuestas a la influencia de todo un abanico de conceptos tales como “modernización”, “westernización” y “multiculturalismo” rechazando de hecho la disidencia interna y externa- habrán de definirse respecto a una estrategia certera y orientada hacia su desarrollo social, lo que no es nada fácil de hacer. En realidad, el ordenamiento que se está formando a escala mundial, excluye policentrismo y bipolaridad y, en general, cuestiona las ideas de romanticismo democrático. Este fenómeno halló su reflejo en el reciente discurso de George Bush que marcó el comienzo de una nueva estrategia estadounidense hacia Irak. Al mismo tiempo, las palabras de Bush atestiguan que es muy difícil, casi imposible, imponer por fuerza la democracia desde fuera. Aunque de hecho, el problema es mucho más complicado. Pese a que en diversas épocas históricas cambiaron gobernantes y formas de gobierno, la esencia siguió siendo invariable: el mundo es administrado por los más fuertes. Pero conviene preguntar: ¿acaso logran ellos hacer más tranquilo y seguro el espacio mundial?

Actualmente, el mundo no llegó a ser más seguro, sino, más bien, todo lo contrario. Algunos sujetos de las relaciones internacionales se hallan sometidos aún a la rígida disciplina ideológica y de bloques. Pese a que dejó de existir la demanda de liderazgo unipersonal a escala global, no se tomó conciencia de la nueva situación. Somos testigos del desequilibrio policéntrico en el marco de los institutos multilaterales. Este hecho influye también en considerable medida sobre la formación de la política respecto a las sociedades del período transitorio, a las que “se exportan” guiones “de terciopelo” que sirven a los intereses geopolíticos, mejor dicho, geoeconómicos egoístas.

Al mismo tiempo, los intentos de inmiscuirse burdamente, al socaire de “defensa de la democracia”, en los asuntos interiores de otros países, ejercer la presión política sobre ellos e imponerles dobles estándares a la hora de evaluar los procesos electorales y el estado de los derechos y libertades civiles, causan quebrantos a la universalización de los valores democráticos. Naturalmente, surge el interrogante: ¿podrá la democracia occidental, recurriendo a la “fuerza bruta” y ocupando nuevos espacios, servir de modelo para las sociedades no occidentales? Es evidente que la incompatibilidad de la democracia occidental con los principios institucionales internos de las sociedades no occidentales sólo podrá degenerar en el enfrentamiento global.

En estas condiciones, para la sociedad industrial contemporánea la democracia será mucho más eficiente que el autoritarismo. El Azerbaiyán en proceso de transformación tiene como meta principal estructurar un sistema democrático seguro y estable. Sin embargo, en una sociedad como Azerbaiyán, la democracia no deberá ser entendida como objeto de implantación caótica o intensa “tipo Brown” de las nuevas formas de acción y de mentalidad. En vista de ello, el tránsito democrático nacional debe considerarse en el contexto de las transformaciones que necesita Azerbaiyán. A este respecto, el desarrollo económico por etapas es una de las condiciones fundamentales, ya que la garantía de la independencia financiera del Estado crea premisas para elevar el bienestar de sus ciudadanos y cambiar las tendencias de acción estatal. También es importante reforzar el papel que el Estado desempeña en la región y hacer inversiones concretas en los ciudadanos del país, cuyo potencial creativo y espiritual se convertirá en recurso clave que podrá asegurar la capacidad competitiva del Estado en el futuro.

Está meridianamente claro que los valores fundamentales de la democracia acusan carácter universal, pero cada país los realiza a su manera, teniendo en cuenta sus tradiciones, cultura e idiosincrasia, lo que se manifiesta también en la táctica de acciones estatales en los ámbitos interior y exterior, determinada por la administración del país.

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Elnur Aslánov, asesor del jefe del Gabinete de la Presidencia de Azerbaiyán, miembro del Consejo de Expertos de RIA Novosti.

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