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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Monoteísmo desconcertante

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 17 de enero de 2007, 22:27 h (CET)
Dolores Bramon, profesora de estudios islámicos, comentando el viaje de Benedicto XVI a Turquía dice que en la visita que hizo a la mezquita azul movía los labios como si estuviese orando. La erudita dice: “Seguramente todo iría mejor si, parafraseando a George B. Shaw, cuando dijo que ingleses y americanos se distinguen por el hecho de que hablan la misma lengua, recordasen que judíos, cristianos y musulmanes se diferencian por el hecho de creer en un mismo Dios” . ¿Es cierta esta declaración? Vayamos poco a poco y retrocedamos en el tiempo y vayamos al inicio de la historia de las tres religiones monoteístas que comienza en Abraham.

Cuando Abraham tenía setenta y cinco años Dios le llama y le promete bendecirle para que sea fuente de bendición. Este compromiso divino contenía la promesa de convertirlo en un gran pueblo (Génesis,12:1-3). Para poder llegar a ser un pueblo numeroso como las estrellas del firmamento, al ya viejo Abraham le hacía falta un hijo. No tenía hijos.

En el capítulo 15 de Génesis Dios le dice a Abraham que no tema, que está a su lado. El patriarca le dispara su angustia: “No me has dado descendencia, y mi heredero lo será uno de mis criados” (v.2). Ahora es cuando la promesa de Dios se va concretando: “No será éste tu heredero, lo será un hijo que te nacerá” (v.4). Pasan los años y Abraham sigue sin tener hijos. Ahora entra en escena Sara, su mujer que le ofrece a su criada Agar para que se acueste con ella para que pueda tener el hijo que tanto desea y que ella no le puede dar. Dicho y hecho. Abraham se acuesta con Agar y fruto de esta relación nace Ismael. Éste no es el hijo que le promete Dios. Es el fruto de la voluntad humana que quiere cambiar el horario de Dios. En el capítulo 21, el Señor se acuerda de Sara y cumple todo lo que había prometido. A pesar de que Abraham ya era muy viejo, tenía cien años, y Sara “que ya le había pasado la edad de tener hijos”, tuvo un hijo, Isaac.

Ahora Abraham tiene dos hijos. Ismael se pierde en la oscuridad de la Historia para reaparecer en el siglo VII de nuestra Era. En Isaac se destaca el horizonte de la esperanza de la promesa de Dios. A causa de los dos hijos que se pelean entre ellos, se producen discusiones entre los esposos que terminan, por instigación de Sara, con la expulsión de Agar y de su hijo Ismael. Esto entristece a Abraham. Dios vuelve a dejar oír su voz y le dice al padre afligido: “Haz caso de lo que te dice Sara, porque la descendencia que llevará tu nombre vendrá de Isaac”.(11:12). Ahora le promete que de Ismael hará un gran pueblo porque es simiente suya. Pero la herencia pasa por Isaac, el hijo de la promesa.

No tuvo bastante Abraham con esperar veinticinco años antes de que se cumpliese la promesa de Dios que ahora éste le pide que le sacrifique a su hijo. Abraham está dispuesto a hacerlo porque sabe que Dios puede resucitar a los muertos. Cuando está a punto de cortarle la yugular, Dios se lo impide y le provee de un carnero para el sacrificio. Esta situación la aprovecha Dios para volverle a recordar la promesa>: “Todos los pueblos de la tierra se valdrán del nombre de tu descendencia para bendecirse, porque has obedecido lo que yo te había mandado” (22:18).

¿Cuál es la descendencia a través de la cual ha de llegar la bendición a todas las naciones de la tierra? El apóstol Pablo nos lo descubre. “Pues bien, las promesas se hicieron a Abraham y a su descendencia. No dice: «y a las descendencias», como si fuesen muchas, sino que se refiere a una de sola «y a tu descendencia», que es Cristo” (Gálatas,3:16).

El dios del Islam no es el mismo Dios de los cristianos porque, a pesar de que cree que Jesús es un profeta, no es el Hijo del Padre celestial, es decir, no es Dios. Sin este reconocimiento no se puede creer de verdad en el Creador, el único Dios, porque Jesús es el camino que conduce a Él.

Parece ser que judíos y cristianos podrían ir cogidos del brazo porque comparten el Antiguo Testamento como fuente de revelación divina. La revelación de Dios, pero, no se termina en el Antiguo Testamento, llega hasta la última letra de Apocalipsis. Esta segunda parte de la revelación, que no es una innovación, sino el cumplimiento de la primera, nos descubre de una manera más clara cual es la descendencia de Abraham. Este patriarca, como todos los mortales cometió muchos errores. Tenía , pero, una característica muy preciosa: fe. Creyó en la promesa de Dios. Creyó que su descendencia a través de la cual llegaría la bendición a todas las naciones de la tierra sólo era una: Cristo, el Mesías. Por esto, el apóstol Pablo puede escribir a los cristianos de Galacia que eran de origen pagano: Y si vosotros sois de Cristo, también sois descendencia de Abraham, herederos de la promesa” (Gálatas, 3:29). Para la ortodoxia judía esta declaración paulina era una blasfemia porque para ellos, solamente los judíos son descendencia de Abraham. Jesús se encarga de desmentir esta pretensión en una discusión que mantuvo con algunos representantes de la ortodoxia judía de su tiempo. Éstos decían: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les responde: “Si fueseis hijos de Abraham, haríais sus mismas obras…Vuestro padre es el diablo y queréis hacer sus deseos” (Juan,8).

¿Qué obra hizo Abraham que se exige hagan sus hijos? Una de muy sencilla y que cuesta mucho hacer: Creer. Sólo por creer en la promesa de Dios fue bendecido. La ortodoxia judía, existen movimientos mesiánicos que no tienen nada que ver con ella, no tiene el mismo Dios que los cristianos porque si no creen que Cristo es el Mesías que esperan no pueden tener a Dios como Padre. Jesús lo deja bien claro: Vuestro padre, es decir, vuestro dios, es el diablo.

Llegamos a la conclusión que existen tres religiones que se dicen monoteístas y que no tienen el mismo Dios. Esto no se puede sostener. Si sólo hay un Dios como afirman, ¿cuál es el verdadero? Jesús hace una declaración muy valiosa: “Quien busca, encuentra” . Quien busca sinceramente la verdad sobre esta cuestión tan vital, encuentra al dios único y verdadero. A veces cuesta. ¿Qué es que sea valioso y no cueste? La promesa es firme. Jesús que no miente porque es Dios, afirma: “Quien busca, encuentra”.

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