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Etiquetas:   Política   GOBIERNO   Cataluña  

Mentiras de verde y charol

Ahora toda España, bueno, al menos la que no vota partidos que defienden la ideología de extrema derecha, está alterada al conocer que en un cuerpo tan digno como la Benemérita hay individuos, incluso mandos, que son capaces de mentir y falsear pruebas para atacar un gobierno legítimo
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 29 de mayo de 2020, 08:52 h (CET)

Se han abierto los cielos y los políticos de Madrid han visto descender a la tierra, cual un nuevo paráclito la verdad. Algunos llevamos años denunciando la actuación irregular de una parte importante de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía. Pero las denuncias que, principalmente, se han hecho desde Catalunya a raíz de los hechos ocurridos durante las votaciones del 1-O y en meses posteriores han sido como predicar en desierto. Es natural que desde la extrema derecha y la derecha extrema defendieran con uñas y dientes, como están haciendo ahora, las actuaciones policiales. Al fin y al cabo desde las filas del PP, C’s y VOX, con la excusa de defender la sagrada unidad de la patria, se viene predicando y demandando mano dura contra cualquiera que no comulgue con sus totalitarias ideas sobre España, la Constitución y los Derechos Humanos. Para ellos, detentadores y propietarios de la verdad en temas patrios, los demás, los que no se avienen a su manera de entender la política y su noción de España, son tan sólo unos amigos de los terroristas, hijos de terroristas o, simple y llanamente terroristas. Basta con escuchar en sede parlamentaria los rebuznos aristocráticos que suelen lanzar.

Ahora bien, lo que no era tan natural es que desde las llamadas fuerzas de izquierda se mirara hacia otro lado cuando los hombres de verde y charol se excedían en sus atribuciones, practicando detenciones que nunca llegaban a condena judicial, si es que llegaban a juicio, detenciones que tan solo buscaban meter el miedo en el cuerpo de los disidentes de la doctrina oficial. Se excedían en sus atribuciones cuando montaban pruebas falsas y las presentaban ante esa prensa amiga, obediente y esclava ante el poder uniformado, siempre dispuesta a aventar esas falsas noticias filtradas por los mismos que habían practicado las detenciones, una prensa que siempre ha puesto el desodorante de sus miserables páginas para tapar el olor a podrido que ha salido más de una vez de cuarteles y comisarías. Y durante mucho tiempo los partidos ahora en el Gobierno, especialmente el PSOE, han hecho el Don Tancredo, quedándose quietos y callados ante las embestidas policiales a la democracia,

Y ahora, cuando son ellos los acusados con falsedades, trampas y manipulaciones de la Guardia Civil, elevan sus clamores al cielo de los justos, olvidando que durante años, tanto en el Gobierno como en la oposición han estado callados y sumisos ante abusos mucho más grandes que los que ahora estiman se les están infligiendo. Han caído en la cuenta que, desgraciadamente, ellos se sientan en las sillas del Consejo de Ministros, pero hay un gobierno en la sombra, el deepstate tan de moda, en el que, además de las fuerzas económicas, los militares y la Monarquía, también hay jueces, policías y guardias civiles que quieren tomar caldo de la olla del poder. Y que junto con una parte de la prensa más miserable y los partidos de la extrema derecha y la derecha extrema, que han llegado a un punto en que tanto monta y monta tanto PP como VOX, están dispuestos a desalojar de Moncloa al actual Gobierno. Son los defensores de los salvapatrias habituales, los de la bandera en la muñeca y la cartera en cualquier paraíso fiscal.

Aplaudieron y condecoraron al coronel Pérez de los Cobos, jefe de la represión en Catalunya el 1-O, condecoraron a los que apalearon votantes indefensos en ciudades y pueblos catalanes, les premiaron con 21 millones de euros en pago a sus horas extraordinarias. Y callaron ante la brutalidad desplegada ante los colegios electorales catalanes y que toda Europa pudo ver. Callaron tanto que la solicitud de reprobación de la Vicepresidenta Cospedal anunciada por Pedro Sánchez al mediodía del 1-O despareció horas más tarde y nunca fue solicitada. Y siguieron callando, y ahora hay nueve presos políticos encerrados y condenados gracias a las mentiras que diversos testimonios policiales dijeron ante el Tribunal Supremo donde se impidió a las defensas contrastar las declaraciones de los testimonios policiales con las imágenes reales de los videos tomadas aquel 1-O. Como callaron también ante la condena a los ya conocidos como jóvenes de Altsasu, años en la cárcel por una pelea de bar con un mando de la guardia civil, juicio sobre el que también sobrevuela la duda de la existencia de pruebas falseadas.

Ahora toda España, bueno, al menos la que no vota partidos que defienden la ideología de extrema derecha, está alterada al conocer que en un cuerpo tan digno como la Benemérita hay individuos, incluso mandos, que son capaces de mentir y falsear pruebas para atacar un gobierno legítimo. Las buenas gentes que todavía creían en la justicia pensaban que cosas como estas tan sólo pasaban en las dictaduras de más allá de los océanos, y, de repente, un zarpazo de realidad les ha hecho ver que no todo es tan limpio como creían. Ahora las mentiras, las falsedades y la creación de pruebas falsas afectan a quienes votaron, a su gobierno, al que presume de ser el gobierno más republicano y progresista de toda la historia de España. Pero los palos del sombrajo todavía no les han caído al suelo, piensan que es la primera vez que pasan estas cosas, que no es lo habitual. Y, tal vez por eso, nadie, todavía nadie, ha pedido perdón, o ha elevado su voz para denunciar que a estas alturas del siglo XXI en España hay presos políticos encerrados porque la guardia civil también, como ahora, falseo datos, mintió en el juicio, y todo con la ayuda y aquiescencia de los magistrados del Supremo. Sonrío, ahora, cuando leo que la Abogacía del Estado, la misma que acusó de sedición a los políticos y líderes sociales catalanes, defiende al Gobierno hablando de una “causa general” contra el mismo. No, señora Seoane, la “causa general” fue contra el independentismo catalán. El Gobierno lo que tiene frente a si es el Estado, cuyas fuerzas no quieren en España un Gobierno con un mínimo de idea de progreso. Y para ello se han servido, se sirven y se servirán de las cloacas del poder, que, no olvidemos, en más de una ocasión han estado a las órdenes del Gobierno para ir contra los disidentes. Por tanto, ahora que no se quejen, recogen lo sembrado. 

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