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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Pérdidas y hallazgos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 1 de enero de 2007, 14:46 h (CET)
El tiempo nos arrastra, querámos o no, nos hallamos metidos de lleno en peripecias que nunca hubiéramos sospechado. El cuerpo y la mente entran en el tobogán de una vida y salen transformados. ¿Arrastrados? ¿Llamados? ¿Protagonistas? Son cuestiones de interés, ellas deciden el sello dominante, el adecuado para representar a una persona. El ritmo de los pequeños sucesos personales es complejo y variado; en un sólo día pueden acumularse gracias y desdichas. Hay años en cambio con unas aportaciones escasas y pobretonas. ¿A qué nos hemos adherido nosotros en el año transcurrido? ¿Simples pasajeros en un tren más o menos alejado de sus railes adecuados? ¿Actores de la escena?

Fernando Pessoa escribió: "Me sucedió un poema". Este suceso le viene encima a quien es capaz de PERCIBIR las SEÑALES. A él le sucede el poema, le llega, pero su actuación es capaz de captarlo y darle forma. De inicio quiere presentarse como una operación pasiva, pero no todos seremos capaces de esa pasividad. Entraña una presencia intelectual y una sensibilidad de elevado rango. No basta con disponerse sentado a observar la caída de la breva. Por que, entre otras cosas, a lo mejor cae y no somos capaces de identificarla como breva; pudiéramos pensar que se trata del salvapatrias de turno.

¿A qué queda reducida la disyuntiva establecida entre la soledad y la compañía? De un lado, observemos esa soledad radical desde la cual no puede uno delegar las sensaciones más íntimas o algunas decisiones incómodas. O echemos una mirada a esas compañías de puro hormigueo febril, donde ni siquiera asoma la colaboración más perentoria, ni los hermanos directores son desinteresados. Más bien nos hallamos entre compañeros y agrupaciones donde el argumento solicitado es el del GREGARISMO cerril. En ellas es habitual presenciar el ahogamiento progresivo de las personas, su dilución en el conglomerado; y esa agrupación es en realidad el ente director.

Así cobra relevancia aquella carta del gulliveriano Jonathan Swift al poeta Alexander Pope, con dos fragmentos: "El principal objetivo de mis esfuerzos es irritar al mundo no divertirlo" y "Siempre he odiado a las naciones, profesiones, comunidades, y todo mi amor va dirigido hacia las personas concretas". No viene nada mal ese ESTÍMULO irritante para provocar una respuesta, por lo demás casi inexistente, debido a la abulia dominante; metidos como estamos en pleno guirigay. Se comprende que alguien pretendiera una relación concreta con personas individualizadas; se nos brindan demasiados ejemplos de lo contrario. Muy hermanos todos,¡Pero pasa lo que observamos a diario! Tampoco olvidemos esa otra provocación del odio a todos, para las agrupaciones en general, mucha generalización parece.

Desde el Cantábrico hasta la bahía gaditana, o desde los malhadados finisterres a las costas mediterráneas, la UBICACIÓN marcará con fuerza parte de las tendencias, impondrá su sello a quienes ejerzan la aventura. Con hambre de subir a cotas importantes o con el conformismo roma de un mero transeúnte. Lo de las cotas elevadas apenas suena como dato meteorológico, en cuanto a las aspiraciones queda un tanto distanciado. Por el contrario, la circulación ramplona de un simple caminante, pragmática y frustrante, tiene sin duda una audiencia más populosa y fiel, alpar que más número de practicantes.

A lo sumo se venden parcelitas de comportamientos, muy suyas e independientes, pero dentro de esa comunidad global y mediocre. Sophia de Mello dice en uno de sus versos: "Sirvo para que las cosas se vean". Importante responsabilidad esa, la de mostrar las existencias reales. ¿Contribuimos a esos descubrimientos? Y, sobre todo, en este salto de año, ¿Nos hemos mostrado con claridad contrarios a las actuaciones mostrencas y nefastas? Si no se dan las repulsas enérgicas... ¿Sólo comentarios triviales? Además, ¡Asombra el poco interés por las cualidades! ¿En qué medida hacemos que se vean? Si ni una cosa ni otra, ya me dirán ustedes lo que pintamos, ni pincel, ni brocha, con el dedo... gordo.

Pienso que nos convendría una buena dosis del mejor INCONFORMISMO. Nuestra vida chirría comprimida entre numerosos lobos que rugen. La dignidad sufre de las más diversas oposiciones. Por lo menos necesitamos identificar ¡De qué somos cómplices! Son muchos los escondrijos, taimadas las artimañas, y por ello se requieren agallas y tenacidades inconformistas. Es decir, un alejamiento fiero de los entreguismos tan frustrantes a nivel universitario, cultural, político, profesionales o familiares. Desafiantes y a veces detectivescos para cazar y destruir las polillas sociales o mentales que nos acucian. Y también laboriosos artesanos para la elaboración constructiva de oposiciones enérgicas a los desatinos.

Es necesaria a sí mismo la suficiente ILUSIÓN con ASPIRACIONES. No hemos de confundirla con un ilusionismo muy actual y vivaracho, pero ramplón e incluso tendencioso. No quedarnos en un tatuaje esquemático incapaz de una vitalidad necesaria. En la novela "Hasta que te encuentre" (John Irving), y en este campo de los tatuajes se reflejan dos imágenes susceptibles de acercarse a estos conceptos.

Se describe un "Hombre partitura" al que grabaron fragmentos de piezas musicales, la tinta convirtió en pentagrama sus brazos o caderas, todo su cuerpo. Como gesto quede ahí reflejado sin más, aunque también sometido a circunstancias personales; las notas grabadas en las zonas de flexión, con el movimiento se apelotonaban o se distorsionaban. Para la ilusión a la que me refiero, se exige superar esos gestos, dando por bueno el primer paso del tatuaje, pero sólo como comienzo de una cultura y práctica musical auténtica, abierta a las excelencias.

Graban tatuajes con la Rosa de Jericó, la planta que con el movimiento de la piel se abría y mostraba un misterioso interior atrayente. Ocurre lo mismo. Ese misterio interior puede ser deprimente. Sigue sin ser suficiente el gesto. No basta la planta ni el dibujo. O le damos contenido con las mejores cualidades o simplemente estaremos ante una flor sin mayores alcances.

Al final permanece incólume la cuestión, PÉRDIDAS o HALLAZGOS, he ahí el dilema existencial. Por que parafraseando a Gandhi, no se trata de encontrar el camino para los hallazgos, los hallazgos han de ser el camino. ¡No pretenderemos que lo sean las pérdidas!

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