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Etiquetas:   Momentos de reflexión   -   Sección:   Opinión

Educación equilibrada

Saber dosificar instrucción y disciplina es lo que se necesita para que los niños se conviertan en ciudadanos responsables
Octavi Pereña
martes, 30 de septiembre de 2014, 08:02 h (CET)
Si viviésemos en un paraíso exento de pecado no existiría el problema de la educación de los hijos debido a que no tendrían predisposición a hacer el mal. Como no existe este escenario ideal se debe ejercer la educación que forzosamente va acompañada de disciplina. Si esta no existe los niños se mal encaminan. En el proceso educativo debe existir un equilibrio entre instrucción y coerción. La instrucción imparte conocimientos, maneras de vivir. El niño manchado por el pecado original no hace caso de las instrucciones paternas y quiere ir por los caminos que le hacen desgraciado. Es por ello que la Escritura nos da este sabio consejo: “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza, mas no se apresure tu alma a destruirlo”. (Proverbios 19:18). El Nuevo Testamento también limita el ejercicio del castigo: “Vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).

Hoy existe un desequilibrio entre información ética y disciplina. La palabra ética prácticamente ha desaparecido del diccionario. La ética está basada en un conjunto de normas inalterables de comportamiento de origen divino que han estado vigentes a lo largo de la Historia humana debido a la pecaminosidad del hombre. Arthur Jackson con una buena dosis de percepción dice: “Es de sentido común poner el sello en el lacre mientras esté blando”. Quienes éramos niños en la posguerra se nos enseñaba la conveniencia de frenar la tendencia a la perrería de los niños con el símil del árbol que se puede enderezar cuando el tronco es tierno, una vez endurecido y leñoso se rompe en el intento. La Biblia y la experiencia coinciden en que la corrección del comportamiento infantil debe empezar cuanto antes mejor. Los mejores padres no lo son aquellos que se limitan en dar vida biológica Los animales lo hacen pero no educan. Los mejores padres son aquellos que enseñan a sus hijos a vivir. Ello implica estar al tanto de su comportamiento y aplicar disciplina antes de que el lacre se endurezca o que el tronco se haga leñoso. Se dice que detrás de un joven delincuente o gamberro se encuentran unos padres excesivamente permisivos que miman con demasía a sus hijos y no los preparan para el mundo real. Miran hacia otro lado si sus hijos dan muestras de descarriarse y descuidan disciplinarlos porque no quieren enfrentamientos. Los dejan abandonados a su suerte y terminan siendo una fuente de problemas que no les permiten dormir. Como muy bien dice el pedagogo : “La pedagogía del dejar hacer es de una gran comodidad inmediata para los padres, porque hacer cumplir aquello que se ha ordenado siempre es más difícil, pero es la garantía de problemas en el futuro…El dejar hacer, el consentir es, en educación aquello de ”pan para hoy y hambre para mañana”.

Durante los alborotos que se produjeron en Londres y otras ciudades inglesas se preguntó a David de 36 años si el desorden producido era un problema de la policía. El entrevistado respondió: “De la policía al cien por cien, porque hoy en día un padre que pegue a su hijo va directamente a la policía, y las criaturas crecen de esta manera: sin disciplina.”

Julian Tan, en su escrito Porque estoy contento de que se me zurrase en mi infancia, explica su experiencia, que se “ crió en el seno de una familia asiática típica. Su padre era el amo y sus palabras ley…y que desobedecer las órdenes del padre era un pecado capital que nunca quedaba sin castigo. Y el castigo que a menudo era del que te acuerdas…De hecho, debo a su amor áspero que utilizaba para convertirme en un miembro responsable de la sociedad, que sabe respetar a los ancianos, y se esfuerza en trabajar duro en cualquier trabajo honrado…Supongo que el castigo físico se ve de manera negativa en Occidente debido a la línea fina que existe entre él y el abuso de niños. Esta distinción puede ser muy difícil de hacer y lo más fácil es considerar ambas inaceptables. No es mi propósito entrar en tecnicismos al respecto, lo cierto es que jamás se excedieron durante mi infancia. Mi padre jamás me pegó estando borracho y nunca lo hizo por nimiedades. De hecho, posiblemente fui castigado, zurrado, bofeteado menos de cinco veces durante mi vida y siempre tuve claro porque se me castigaba. Es muy probable que este tipo de castigo fuese tan poderoso en llevar un mensaje en casa. Las ocasiones fueron pocas pero me hicieron aprender las duras consecuencias de un comportamiento inaceptable de ser desobediente a mis padres. No fue nunca el dolor del acto físico (que honestamente no se puede comparar con la vergüenza) que me hizo poner en el sitio que me correspondía, pero la amenaza sí que lo hizo…No pretendo trivializar la violencia doméstica ni los abusos infantiles de ninguna de las maneras en este escrito, pero por lo que hace al castigo físico, estoy contento de que se me zurrase cuando era niño”.

La instrucción bíblica de cómo educar a los hijos es muy clara: “Hijos obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida en la tierra. Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:1-4).
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