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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

Animal filosófico

José Manuel López García
lunes, 8 de septiembre de 2014, 06:40 h (CET)
El filósofo Carlos París fallecido este año 2014 en su magisterio y en el libro El animal cultural elabora o construye análisis e interpretaciones que clarifican el horizonte presente y futuro de la humanidad. Si bien parte de la realidad del hombre que es animal noético siguiendo los planteamientos aristotélica o cosa que piensa, si lo consideramos desde la perspectiva metafísica cartesiana. Ciertamente, el ser humano es también un animal metafísico o filosófico, porque su afán interrogador no posee límite, y su curiosidad es interminable. Fue un pensador con una profunda vinculación con las tesis marxistas y señaló de modo decidido que se debe ir: «Hacia la plenificación de lo humano». En este sentido concuerda con las ideas de Zubiri en su metafísica realista intramundana. También insiste París, acertadamente, en lo esencial de la libertad ejercida como proyecto autónomo en la realización de la vida.

La influencia de la denominada tecnoesfera sobre las formas de vida es clave para el entendimiento completo de las diversas personalidades, ya que determina o condiciona en cierta medida las conductas. De esto ya se dio perfecta cuenta Carlos París, y lo explicito en su obra de un modo preciso. Logoesfera es otro término que explica claramente la decisiva significación de los diversos lenguajes en la conformación de una cosmovisión y configuración cognoscitiva, desde un punto de vista informacional y categorial, en relación con la actividad cerebral del animal humano.

Ya Gramsci había dicho que todo ser humano es filósofo algo que remarca también París. Esto supone que lo humano es universalizable y, por tanto, la racionalidad que debe regir los destinos de la sociedad sería deseable que estuviera al servicio de la justicia, y suprimiera cualquier clase de discriminación y marginación en el mundo. Carlos París se muestra esperanzado y considera posible y factible un lento progreso de la sociedad y de los seres humanos. Desea que la humanidad se levante «de su miseria hacia su mayor grandeza». Indudablemente, este pensador español reitera la necesidad de cambios políticos y sociales muy profundos para hacer realizables los proyectos vitales de las personas, en unas condiciones económicas generales que limitan muy considerablemente las posibilidades vitales de la mayoría de los individuos. Y es que el paro puede lanzar hacia la marginación. De todos modos, la gran ventaja del mundo actual es que vivimos en el universo de la representación y del conocimiento. La acción debe estar orientada por la reflexión.

Todo es analizable y repensable, lo que también abre unos ámbitos de discusión de posibles soluciones a los males de nuestro tiempo.Y en este orden de cosas, la labor crítica, analítica y argumentadora de cada ser humano como animal filosófico o metafísico es crucial. En la sociedad del conocimiento y de la información en la que vivimos estamos condenados a ser libres como bien dijo Sartre, pero esta libertad es reflexiva y dialogante. Lo que presupone que, si se parte de la finitud humana lo más decisivo es la existencia terrena, y no la supramundana que para París no existe. Todo puede ser objeto de reformulación transformadora y esto es lo más determinante para una mayor plenitud humana. Porque escribe Carlos Paris: «Precisamente porque estamos en camino, las realizaciones parciales, los vislumbres son esenciales, como clavijas en que vamos sujetando nuestra lenta ascensión».

Los valores de la justicia y de la libertad son los que dirigen el legítimo deseo de bienestar de todos los ciudadanos de todos los países del planeta. La capacidad de razonamiento es lo que nos distingue o diferencia de los animales irracionales, pero es una función cerebral o cognitiva que debe servir para potenciar la felicidad de todos, y no para el mantenimiento de la desigualdad, la injusticia y la opresión.
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