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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

Empatía

Probablemente, la simpatía reflexiva sea cada vez más necesaria
José Manuel López García
lunes, 21 de julio de 2014, 07:15 h (CET)
En la sociedad del conocimiento, o en la era digital en la que vive la especie humana, y ante los retos que nos plantean el presente y el futuro el valor de la empatía adquiere una significación decisiva. Para la filósofa Edith Stein la actitud empática supone aprehender la alegría del otro o cosentir los sentimientos y emociones de los otros. Indudablemente, existen muchas formas de empatía y simpatía dada la naturaleza social de los seres humanos.Y si bien el logro de una empatía completa o absoluta es algo reservado para casos muy especiales y personales, la predisposición a la comprensión de los demás es algo positivo. Porque Stein parte de que existen diferencias entre las muy diversas personas que son el origen de la proyección del empatizar. Ya que escribe Edith Stein: «En tanto que la empatía es empatía completa, dice Lipps, no hay ninguna distinción entre el yo propio y el ajeno (y esto es lo que precisamente ya no podemos admitir como empatía), sino que ambos son uno».

Probablemente, la simpatía reflexiva sea cada vez más necesaria ya que la reiteración de la empatía no es un acto exclusivamente emotivo, sino que simultáneamente posee una potencia reflexiva indudable. Lo sentido y lo reflexivo no se oponen sino que se complementan de un modo constante y sin fin. De hecho, están integrados en el intelecto humano. Lo que Zubiri denomina inteligencia sentiente sigue esta misma amplia línea de la fenomenología de Stein, aunque partiendo de un original realismo fenomenológico radical. No hay que olvidar que Edith Stein fue ayudante de Husserl en Friburgo. La relevancia de la disposición de estados de ánimo que propicien la empatía con nuestros semejantes es algo crucial y que, actualmente, ante la crisis de valores, y los problemas económicos y sociales existentes adquiere una dimensión especial. No es extraño que Stein ya en su tesis doctoral de 1917 escriba lo siguiente: «Un estado de ánimo empatizado es experiencia de conciencia ajena en el mismo sentido que una toma de posición empatizada y encierra, como ella, una aprehensión del sujeto ajeno».


El concepto de aprehensión es muy claro, ya que indica que la captación de las actitudes, ideas y sentimientos de los otros debe partir de una disposición a la comprensión y, en todo caso, del diálogo y la argumentación exenta de planteamientos dogmáticos que no atienden razones. La superación de prejuicios o falsas ideas e interpretaciones es una tarea que hoy en día me parece indispensable y esto es realizable desde la aprehensión empática de las opiniones y razones de los demás. Las descalificaciones sin argumentaciones contrastadas no son válidas ni son justificables racionalmente. Y aunque las formas de pensar son muy diversas la argumentación no esta subordinada a las mismas. Estoy convencido de que es conveniente una mayor discusión crítica de las cuestiones y los problemas para alcanzar algunos puntos de acuerdo en el ámbito de la política y, en general, en todos los campos de la realidad humana. Los estereotipos y los argumentos de autoridad no deberían ser la base fundamental de muchas opiniones. Una empatía reflexiva es la solución a estos problemas anteriormente expuestos, puesto que facilita el diálogo, y no el monólogo autosuficiente, inmune a cualquier argumentación profunda. La propia Stein ya comprendía que los valores poseen un componente social que puede ser analizado y discutido empáticamente, porque dice: «Toda aprehensión de personas de otra clase puede llegar a ser fundamento de una comparación de valores». En todo caso, lo que no es racional ni demuestra empatía, a mi juicio, es no razonar y argumentar acerca de las opiniones de los demás antes de rechazarlas o aceptarlas.
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