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Etiquetas:   Un lugar llamado desarrollo   -   Sección:   Opinión

Escuchar sin juzgar: Cómo ahorrarte unos cuantos problemas

La escucha, un arma más poderosa de lo que crees
César Piqueras
@cesarpiqueras
miércoles, 16 de julio de 2014, 07:15 h (CET)
Decía Gandhi que tres cuartas partes de los problemas de este mundo se acabarían si nos escucháramos los unos a los otros. No podría estar más de acuerdo con él, en los equipos y en las empresas con las que trabajo me doy cuenta que el simple hecho de escucharnos hace que todo vaya mucho mejor. Sin embargo escuchar no siempre es fácil…

La escucha, un arma más poderosa de lo que crees
Al escuchar al otro permitimos que su percepción de la realidad, su mundo y su forma de ver las cosas sean expresadas. La sola expresión de otras realidades ya es una forma de apaciguar conflictos presentes y futuros. Los peores conflictos aparecen cuando algo no se expresa, cuando algo no se dice, se calla, cuando a alguien no le damos voz, ni oportundidad de hablar sobre su percepción de la realidad o su “verdad”.

Antes de seguir leyendo, por favor, reflexiona sobre esta pregunta ¿Que es aquello que no estás diciendo? (si sigue callado dentro de ti crecerá el conflicto, y sus consecuencias)

En coaching de equipos trabajamos con este concepto constantemente y decimos que cualquier voz no escuchada será una fuente de problemas, conflicto y de falta de creatividad en el equipo.

Lo mejor de la expresión, es que por medio de nuestra empatía natural con el otro (que no podemos evitar porque tenemos neuronas espejo) su percepción acaba enriqueciendo la nuestra, haciendo que nuestra forma de ver un problema sea más completa, más creativa.

Por eso la escucha es un arma tan poderosa, podríamos decir que es un ¡arma de comprensión masiva! Porque al escuchar liberamos al otro de algo que necesita compartir, y mediante nuestra escucha y aceptación logramos el entendimiento tan necesitado en todas las relaciones humanas. Imagino como sería una guerra en la que miembros de ambos bandos, independientemente de su color político, raza o etnia, se sentaran junto a un fuego y se escucharan los unos a los otros… ¿habrían guerras? yo creo que no.

Es curioso ver como aparecen los conflictos entre las personas y los equipos. Normalmente en cualquier conversación de equipo detecto un momento en el cual una persona no se siente escuchada, se siente juzgada antes de tiempo. Juzgar es etiquetar: está bien, o mal, es bueno, o malo, es correcto o incorrecto, estás en lo cierto o te has equivocado, te pongo la etiqueta y no te doy otra opción.

Cuando esto ocurre, cuando vemos que el otro nos juzga antes de habernos expresado levantamos un muro inconsciente entre nosotros y el otro…y empiezan los conflictos.

Escuchar sin juzgar, ¡qué difícil!
Cada vez que escuchamos a alguien tendemos a chequear desde el primer segundo si las ideas que nos expresa están o no de acuerdo con nuestra forma de ver el mundo. En este momento, es cuando empiezan los problemas, porque estamos imposibilitando que nuestras neuronas espejo se centren en comprender al otro.

Al juzgar nos ocupamos de pensar en algo, en lugar de escuchar y empatizar con la otra persona.

Aunque es normal que un diálogo interno esté dentro de ti, de mi y de todos, en la escucha tenemos que saber parar este parloteo de nuestra mente y tenemos que estar allí para el otro. La forma de evitar juzgar a alguien ser consciente de este diálogo interno y ser capaz de aparcarlo a un lado para otro momento, por eso el mindfulness o atención plena está tan de moda en contextos empresariales, porque nos permite ventajas como esta, estar en el aquí y el ahora, contigo.

Los buenos negociadores son buenos porque consiguen que, al final y después de todo, una parte y la otra se hayan expresado, se hayan sentido algo entendidas y hayan podido obtener algo a cambio de la negociación que no habrían obtenido de otra forma.

Los mejores líderes de un equipo consiguen que en su equipo exista expresión suficiente, comprensión suficiente, ideas suficientes, y después de todo ello, un objetivo común que todos de alguna forma queremos alcanzar. También hay otros líderes, aquellos que no escuchan, que juzgan antes de que hayas terminado la primera frase, que callan voces, y que con el tiempo consiguen que existan grandes disfunciones dentro del equipo, la primera de ellas la ausencia de confianza: si no eres capaz de escucharme, tampoco no me puedo fiar de ti.

Sueño con un mundo en el que exista este tipo de comprensión profunda hacia las necesidades del otro. En el cual sea más fácil construir juntos porque ambos tenemos la necesidad de convivir y de crear. Imagino que muchos de nuestros conflictos actuales se acabarían diluyendo, porque no sería necesario el rencor, ni el odio, ya que habría aparecido un nuevo componente entre nosotros: el perdón.

Dice Mandela “el perdón libera el alma, por eso es un arma tan poderosa”.

Hace pocos meses que Mandela ya no está entre nosotros, muchas personas recuerdan que fue un gran conciliador. Pero pocos saben que creó para los verdugos que habían cometido crímenes en la época del Apartheid el Comité para la Amnistia en el cual se ofrecía amnistía a aquellas personas que confesaban sus crímenes. Puedes imaginar que se vivió mucho dolor entre familias de víctimas escuchando la confesión de sus verdugos, pero también hubo mucha reconciliación.

Es algo de lo que no se habla demasiado alto, no lo habrás escuchado en TV muchas veces, a muchos puede que no les convenga que algo así sea público, quizá no interesa tanto lo de reconciliarse. También para las víctimás se creo el Comité para las Violaciones de los Derechos Humanos. Me pregunto como sería ahora el mundo si consiguiéramos reconciliar a todas aquellas partes que están en conflicto.

Pero claro, para reconciliar hace falta escuchar… y eso…cachis… eso nos cuesta un poco más.
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