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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

Pensamientos sobre el hombre y Dios según Zubiri

Zubiri propone una consideración de lo divino como experiencia de las cosas del mundo
José Manuel López García
viernes, 4 de julio de 2014, 07:05 h (CET)
Los planteamientos acerca de Dios de Zubiri reciben la impronta de su formación teológica juvenil, y de sus continuas investigaciones sobre lo religioso y la dimensión teologal a lo largo de su trayectoria intelectual. La intención explícita de superación del conceptualismo e idealismo de la metafísica tradicional se muestra claramente tanto en su obra Sobre la esencia como en la trilogía sobre la inteligencia.

Frente a las demostraciones de la existencia de Dios que son puramente racionales y, por tanto idealistas, Zubiri propone una consideración de lo divino como experiencia de las cosas del mundo, algo que afecta tanto al ateo como al agnóstico y al teísta.

El fundamento de realidad que es Dios niega el transcendentalismo de lo espiritual respecto al mundo como concepción característica de la Patrística y de la Escolástica, y plantea que la propia vida es en términos de Zubiri experiencia de Dios. Ciertamente la idea de religación es uno de los procedimientos demostrativos que expresa el poder de lo real, y en este sentido se parece al planteamiento spinozista por lo menos en algunos aspectos. La identificación entre el mundo y Dios con su formulación Deus sive natura, a mi juicio, quizás pudiera ser integrada en los desarrollos teológicos zubirianos, pero con numerosos matices y precisiones conceptuales.

La religación que es el poder de lo real no posee las connotaciones propias de la fenomenología de la religión que analiza lo sagrado, numinoso, misterioso, etc. La configuración de la realidad es sagrada porque expresa o manifiesta un poder, una organización. Esto supone, a mi juicio, una transvaloración acertada que transfiere a lo humano lo divino, es una forma de divinizar la vida finita de los hombres. Como escribe Zubiri: «El hombre es una proyección formal de la propia realidad divina; es una manera finita de ser Dios. El momento de finitud de esta deiformidad es lo que, a mi modo de ver, constituye eso que llamamos «naturaleza humana». Dios es trascendente «en» la persona humana, siendo ésta deiformemente Dios». ( HD 14).

Lo que me parece magnífico porque resalta la dimensión positiva y plenificadora de la acción y la praxis humana para transformar la realidad en beneficio de la propia existencia mundana de los seres humanos.

Lo poderoso de la realidad es algo previo y fundamentante de lo fascinante representado por los fenómenos religiosos. La religación es el hecho constatable de la ligación o unión al poder de lo real como establece Zubiri. (HD 92-93). Que se opone a considerar lo religioso como actitud ante lo sagrado. (HD 380). Considero que este planteamiento anteriormente expuesto establece un cambio muy profundo en el entendimiento de la religiosidad, y en general del hecho religioso que queda unido a la experiencia de la vida y la realidad de un modo inmanente. Puesto que como indica Antonio González que el mismo Zubiri trate de realizar un análisis del tratado de historia de las religiones de M. Eliade muestra el respeto a la originalidad de lo religioso analizando su base fáctica primordial. El análisis de las vivencias religiosas, y las investigaciones aportadas por la psicología de la religión y la fenomenología y sociología junto con otras ciencias son integradas de modo coherente y abierto por Zubiri en su indagación sobre el logos o razón religiosa que forman parte también del análisis de la religación.

La negación de la aplicación del concepto de ser a Dios por Zubiri muestra de modo claro su conexión conceptual con el neoplatonismo, y con la denominada teología negativa.

Lo divino deja de ser lo radicalmente otro, la alteridad, y es un sentido que a mi me recuerda a Feuerbach en cierto sentido puesto que es la proyección de los máximos ideales humanos, pero sin el ateísmo del pensador alemán.

Existen otras numerosas interpretaciones del fenómeno religioso como la de Gustavo Bueno que considera que el mundo de los númenes que conforman el orden de los animales originan una zoolatría, que es el inicio de muchas formas de adoración religiosa. Esta interpretación me parece perfectamente asumible y considero que se integra en el ámbito de la antropología y la etología, como por ejemplo, si se analiza el toro neolítico o el toro numinoso, en la metábasis del Dios Osiris representado como un toro de cuernos puntiagudos. (Bueno, El animal divino, p.271).

Regresando a Zubiri es natural que la consideración de la multiplicidad de dioses de las numerosísimas religiones existentes en el mundo sea algo perfectamente comprendido por cualquier filósofo. La determinación de lo teologal llena la vida del hombre, porque es cierto que el problematismo de la realidad humana es la manifestación del problema de Dios. Incluso pienso que la complejidad de lo real es otra expresión de lo insondable del misterio del Universo que desde mi análisis es lo más difícil de explicar racionalmente, ya que la regresión al infinito es, en principio, una de las pruebas de que la capacidad mental humana quizás no sea capaz de entender las razones por las que existe todo.

Que la religación no debe ser entendida como únicamente el poder de lo real es entendible, desde la perspectiva de la propia autorrealización humana que construye progresivamente su personalidad, como coherentemente afirma Zubiri. Que la fundamentación de Dios esté en parte basada en la constitución del yo es una interpretación zubiriana que desde mi planteamiento se desvincula de la teología tradicional, y proporciona un aspecto más actual al sentimiento religioso y a su análisis antropológico.

Ciertamente a lo largo de su obra Zubiri critica determinados aspectos de la teología clásica. Por ejemplo respecto a las vías de Santo Tomás afirma una serie de críticas que desde la perspectiva contemporánea son muy coherentes. En efecto, la primera vía de Tomás que parte del movimiento no es concluyente porque existen causas naturales de la infinidad de movimientos existentes en la naturaleza o en el mundo, si se valoran las leyes físicas que rigen el cosmos. Que el paso de la potencia al acto no es un hecho, como piensa Zubiri, es cierto ya que es simplemente una forma de explicación puramente conceptual de lo que sucede sin considerar las razones científicas profundas que determinan la dinamicidad de las cosas reales.

La segunda vía tomista aunque se piensa que aborda la cuestión de la existencia de Dios a posteriori por medio de la causación eficiente, en el fondo es una simple hipótesis o, como dice Zubiri, una interpretación de la experiencia. (HD 119).

La tercera vía parte de la consideración de que lo posible, y lo necesario son algo dado en la experiencia. Ciertamente los propios cambios naturales están sometidos o subordinados al devenir temporal, y en este sentido se entiende lo inevitable de la contingencia de lo que sucede. Además el azar interviene de modo más decisivo de lo que generalmente se supone en múltiples ámbitos de la evolución natural de las especies animales y vegetales.

Que la realidad se transforma, como resultado de su propio dinamismo, refuta de modo muy claro la no necesidad de la realidad de las cosas que se producen, y se destruyen. Es razonable, por tanto, que también Zubiri considere que “lo posible y lo necesario no son un hecho dado en la experiencia”.

Zubiri niega de modo radical que unas cosas tengan más entidad que otras, ya que existen es cierto diferentes formas de organización más simple o más compleja de la materia, pero esto no prueba la realidad de los grados del ser que afirma Tomás de Aquino.

Respecto a la quinta vía propuesta por Santo Tomás que establece que en la naturaleza existe un orden de finalidad considero que es una simple suposición humana, sin un fundamento empírico que lo justifique de modo coherente. Indudablemente la síntesis filosófica y teológica de Tomás de Aquino es formidable y muy valiosa, lo que no impide la discusión crítica de su pensamiento.

Para Zubiri Dios es realidad sentida y no pensada como ente que es ser ulterior de lo real. Debe ser rechazada por tanto la idea de que la fundamentación del ser no es la realidad, ya que representa una incoherente entificación de lo real.

Pensar que Dios no tiene ser, a mi juicio, es un gran descubrimiento conceptual que niega, o al menos pone en duda, los presupuestos teológicos respecto a la divinidad de grandes pensadores escolásticos como Escoto y Santo Tomás de Aquino. Las cosas del mundo tienen ser frente a Dios que no lo tiene, ya que la expresión de la fuerza posibilitante o absoluta es lo real, con todo su poder respecto al mundo, la naturaleza, y la propia vida humana.

La negación del panteísmo por Zubiri ex explícita, aunque reconoce que Dios está formalmente en las cosas, pero haciendo que ellas sean en Dios realidades distintas. (HD 175). La negación del agnosticismo representa el carácter intramundano de lo divino, y también la afirmación con cierto sentido metafísico de surgimiento de la realidad de las cosas, como si surgiesen de la fuente creadora divina que, en términos de Zubiri, es Dios entendido como realidad fontanal.
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