Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La tierna edad

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 2 de octubre de 2006, 01:54 h (CET)
“El cuento aquel de Aquí No Pasa Nada
cuento español, de pies a la cabeza,
ven que te cuente, hijo. Todo empieza
con la niñez, tan niña y confiada.”


Rafael Montesinos

Las relaciones humanas son históricas, y por tanto variables. Las edades, los sexos, aquellos rasgos que parecen “naturales” y se supondrían invariables, están sujetos a la historicidad, y las diferencias entre países o épocas son enormes.

El niño ha tenido un puesto cambiante en las diversas sociedades, y con gran variación aun dentro de las occidentales y que no son bien conocidas. Hasta hace muy poco tiempo, la mortalidad infantil ha sido elevadísima: nacían muchos niños y gran parte de ellos morían en el primer años o poco después. Con esto se contaba como algo inevitable. Por esta razón y por otras, el niño carecía de sustantividad era entendido ante todo como la “cría” del hombre. Por lo pronto el niño era una “carga”, una boca que alimentar y un origen de trabajo y esfuerzo. Pronto se le veía como una esperanza de ayuda, como agente a su vez de trabajo. En estratos sociales superiores, como heredero y continuador de la estirpe.

La enseñanza solía envolver cierto desdén por el niño, y considerable dureza. Por supuesto, los azotes eran ingrediente normal en la práctica escolar. En el Diccionario de Autoridades (1726) se registra la expresión “Besar el azote” y se dice: “Esta frase está tomada de los Maestros de niños algo fuertes de natural y condición, que para escarmentarlos después de haberlos azotados les hacen besar el azote”.

Las expresiones que indican dureza son frecuentes: “quien bien te quiere te hará llorar”, “la letra con sangre entra”, el mimo como corruptor; “¨malcriar”, “echar a perder”. No significa esto ausencia de cariño; pero sí asperaza, tal vez más amor de apego que de complacencia.

Hay, sin embargo, una progresiva aparición de la ternura. Ya en el Diccionario de Autoridades (1737) se registra la expresión “tierna edad” , entre las acepciones de tierno se dice: “Se aplica también al tiempo y edad de la niñez, para explicar la delicadeza y docilidad”.

La madre ha estado unida íntimamente a los niños desde la gestación, luego mediante la lactancia –muy larga, luego cada vez más breve; en las clases más altas, evitada durante muchas épocas-; en todo caso, la compañía de la madre ha solido ser muy frecuente, aunque esto ha disminuido mucho al aumentar el número de mujeres que trabajan fuera de casa.

El padre ha solido tener menor presencia para los hijos –y de estos para él, por supuesto-. En nuestra época, ha aumentado un poco la convivencia entre el padre y los hijos.

Las relaciones afectivas entre los niños y sus padres han oscilado entre el respeto –a veces teñido de temor- y el cariño. Hasta avanzado el siglo XX ha sido usual el tratamiento de usted a los padres, que todavía persiste en algunos medios; significaba cierta distancia, con frecuencia falta de confianza. El supuesto general era que los padres quieren mucho a los hijos, y estos deben querer a los padres y sentir por ellos “gratitud”; lógicamente, esto no siempre era cierto.

A pesar de todo, se puede decir que el vínculo con el niño es lo único bueno de muchos hombres. En casos bastante frecuentes, es la única “excepción” en actitudes y conductas resueltamente negativas. No sé si se ha estudiado el papel del niño como formulador de la bondad, como estimulante del fondo mejor de las personas. La relación con el niño se ha sentado siempre en su educación, en el sentido lato del término; pero hay que tener presente la inversa: la educación de los adultos por la convivencia con los niños. Y como dijo el poeta: “Hijo del alba eres, hijo del mediodía. / Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas, / mientras tu madre y yo vamos a la agonía, / dormidos y despiertos con el amor a cuestas”.

Noticias relacionadas

Cataluña sigue en la cuerda floja. El separatismo sigue vivo

Seguimos pensando que la situación catalana está muy lejos de solucionarse

En un mundo de fugitivos

Es asombroso observar que esta humanidad globalizada todavía no sepa vivir armónicamente

La campaña contra la violencia de género

No parece que esté teniendo mucho éxito: siguen muriendo mujeres

Noticias que impactan...

O ya no

Marta Rovira, feminista, lenguaraz, embustera y manipuladora

"Hay un límite donde la tolerancia deja de ser virtud” B. Burke
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris