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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Vida privada

El concepto vida privada no existe porque todo lo que se hace en secreto actúa como una ola expansiva que afecta a otras personas
Octavi Pereña
miércoles, 29 de enero de 2014, 07:15 h (CET)
El comportamiento extra conyugal de François Hollande vuelve a poner sobre la mesa el controvertido tema de si las personas públicas tienen o no derecho a vida privada. La cultura occidental con su filosofía que concede un gran valor a la libertad personal se extralimita en esta libertad cuando rompe el freno ético. Al dar este paso la persona se dirige directamente a saltar del acantilado.

Cuando se habla del derecho a la vida privada se refiere a que el ser humano no tiene porque dar explicaciones a nadie de su comportamiento. Esta es una postura que puede adoptarse pero ello no significa que los principios éticos y morales que un Dios justo ha establecido para que el hombre funcione sin contratiempos se hayan evaporado. Todos los seres humanos sin distinción de raza, cultura, religión están obligados al cumplimiento de la Ley de Dios y sujetos a las consecuencia que su desobediencia comporta. Se puede no estar de acuerdo, pero la Ley de Dios sigue vigente . Romperla tiene sus consecuencias desagradables.

Entre los animales y el hombre les separa un abismo. Las bestias se rigen por el instinto que de manera inexorable dirige su comportamiento. El ser humano, en cambio, ha sido creado a imagen de Dios, hecho que lo distingue totalmente del mundo irracional. Además, ha sido dotado de libre albedrío, es decir, de tomar decisiones que marquen su destino: “Y mandó el Señor Dios al hombre, diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás” (Génesis 2:16,17). Disponía del libre albedrío incontaminado. Haciendo uso de esta facultad decidió comer “del árbol de “la ciencia del buen y del mal” que se le había prohibido hacer. El resultado de dicha desobediencia fue la siembra de la muerte física , hecho que contemplamos a diario y perder la comunión con Dios que significa que “estamos muertos en nuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). Si el hombre gozando de una perfecta comunión con Dios fue incapaz de guardar la Ley de Dios, ahora que del Creador le separa un abismo infranqueable, es imposible obedecerle. Pero el hombre no está abandonado a su suerte. Con las pieles de animales, que por el contexto bíblico tenían que ser de corderos, con las cuales Dios cubrió la desnudez de Adán y Eva, implica derramamiento de sangre la cual, simbólicamente significa el perdón de los pecados. A la vez dichos sacrificios son el primer anuncio profético de Jesús, el Cordero de Dios, muriendo en la cruz del Calvario por los pecados de los hombres. Entra en funcionamiento la misericordia divina. El hombre no se encuentra desamparado.

Desgraciadamente los humanos se cogieron a la mano que les extendía Dios. La maldad se extendió rápidamente. El resultado fue el Diluvio Universal, la primera manifestación global de la justicia divina. No es cierto, pues que el hombre pueda hacer lo que mejor le parezca sin que sufra las consecuencias.

Volvamos al derecho a la intimidad. Se puede invocar como un triunfo democrático. Estoy de acuerdo. Nadie está legitimado a adentrarse en la intimidad ajena. El alma es un recinto cerrado en la puerta del cual cuelga un cartel en el que se lee: Prohibida la entrada.

Además el Creador ha dado un manual de instrucciones para que funcione perfectamente la obra de sus manos. Este texto se puede resumir en los llamados Diez Mandamientos. Es séptimo dice con toda claridad: ”No cometerás adulterio“. (Éxodo 20:14). Aunque ciertos informes calificados científicos comparan el comportamiento humano con el de ciertos primates, Dios no creó al hombre polígamo, lo hizo monógamo. Ahora bien, es el pecado quien ha introducido en él tendencias polígamas. Como decíamos antes el ser humano diferenciándose de los irracionales está dotado de voluntad para decidir. Las decisiones que toma lo hace bajo la dirección de su naturaleza contaminada por el pecado que le ha perturbado su conciencia haciéndole decir que lo malo es bueno y a la inversa. Debido a que el corazón, la fuente de donde brotan los pensamientos está contaminada, los razonamientos que hace también lo están.

Debido a ello llega a la conclusión de que con su vida privada puede hacer lo que mejor le parezca. Se me podrá decir que son muchos quienes no han cometido adulterio tangible que puede gravarse en video. Hasta cierto punto es cierto. Téngase en cuenta los millones de euros que se gastan en el negocio del sexo. Pero Jesús va mucho más allá del acto carnal. Cuando dice: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28). ¿Quién puede decir que no ha cometido adulterio espiritual? Se puede minimizar este adulterio porque es intangible. Hoy gracias a internet se ha expandido considerablemente porque con suma facilidad se puede descargar pornografía en la intimidad de la habitación que es donde se manifiesta la calidad de la vida privada, lejos de testigos indiscretos. Este pecado considerado inocuo, ¿qué consecuencias tiene? Este es el alcance de la trasgresión de este mandamiento de la Ley de Dios “ :Porque cualquiera que guarde toda la ley, pero ofende en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10).

Si hacemos una breve intrusión en los Diez Mandamientos descubriremos cuales son las consecuencias de este pecado que se pretende conservar como derecho a la vida privada: Abre la puerta a la idolatría, es decir a adorar a muchos dioses que no son Dios y a transgredir el descanso semanal en bien de la economía. Incuba la rebelión de los hijos ya que arrebata la autoridad de los padres. A la muerte se la minimiza considerándola un daño colateral. Los robos proliferan en todas las clases sociales y la justicia no actúa como debería hacerlo. La mentira es la esencia de la sociedad y la erosiona al arrebatar la confianza mutua entre personas. La codicia de los bienes ajenos propicia la realización de los pecados que condena la Ley de Dios. Lo que se considera una nadería tiene el poder de encender una gran fuego. Siendo así la cosa, ¿se puede seguir diciendo que en la vida privada ni Dios puede meter la nariz?
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