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Opinión
Etiquetas:   Fanatismo   Extremismo   Política  

​La señora I. Celáa, su particular Constitución y su dogmatismo totalitario

“Las Arpías atroces/ graznan desde sus ramas, tal como hacen/ los buitres y sienten los que yacen inmóviles.” Dante Alighieri
Miguel Massanet
lunes, 20 de enero de 2020, 08:40 h (CET)

¡El poder para las mujeres! Brama este feminismo galopante que se ha hecho dueño de nuestros país, de manera que la propia compañera de Pablo Iglesias, Irene Montero (supongo que llamarla esposa sería demasiado fuerte para tal defensora del independentismo femenino) que, cuando habla de sus compañeros del Gobierno tiene que hacerlo en femenino: “ministras” o cuando ha cambiado lo de “Unidos Podemos” por “Unidas Podemos” , en un desprecio absoluto por sus camaradas del género opuesto que, sin embargo, militan en el mismo partido; descabalgando de su hombría a todos aquellos ministros, de segunda clase para ella, que tuvieron la mala suerte de nacer con los atributos masculinos, pese a que algunos de ellos, seguramente, hubieran preferido cambiarlos por los identificativos sexuales de las féminas, para encontrarse más a gusto con los cuerpos con los que, la juguetona naturaleza, los dotó.

Los 100 días de gracia que se le conceden a cualquier gobierno que inicia su andadura, el señor Sánchez y sus seguidores ya los consumieron con creces durante el tiempo que han tenido a España en barbecho, mientras se ocupaban de afianzarse en el poder, sin que ninguna de sus promesas de mejorar España se hayan cumplido. Una de las características del nuevo Gobierno ha sido, sin duda alguna, el dar un empuje al feminismo que representa la nueva vicepresidenta y ministra de Igualdad, del grupo comunista de Podemos, señora Inés Montero. Constituyen un trio, junto a la señora portavoz del Gobierno, la ministra portavoz del Gobierno Mª Jesús Montero y la inefable Isabel Celáa, una señora con apariencia de monja, pinta de institutriz a lo fräulein Rottenmeyer, de la serie Heide de dibujos animados; todas ellas formando parte del chute feminista con el que parece que se pretende impulsar una nueva etapa con la que avanzar en lo que se viene entendiendo la “liberación de la mujer” o, lo que es lo mismo, fomentar la menor natalidad, la menor dependencia de las mujeres de la atención a sus hijos y eso que ellas gustan de reclamar, el “derecho a su propio cuerpo”, que no es ni más ni menos que practicar el sexo, libremente, entre hombres mujeres, entre mujeres o cualquier otra combinación que se les pudiera ocurrir que, por lo visto, resulta incompatible con intentar perpetuar la raza humana y, especialmente en el caso de España, en mantener un nivel deseable de nacimientos para cubrir las necesidades demográficas para mantener las proporciones necesarias para la sostenibilidad del sistema.

Pero hay declaraciones, expansiones de carácter más que dudosas, intentos de adoctrinamiento o interpretaciones legales más que objetables de esta ministra, autocomplaciente con sus pretendidas admoniciones ejemplares que, en ocasiones, se permite darnos a los ciudadanos que, francamente, sería mucho mejor que dejase de utilizar si no quiere estar dispuesta, como en esta ocasión que nos ocupa, a recibir una avalancha de críticas, reproches y rectificaciones que no contribuyen en modo alguno, a fomentar el “prestigio” de esta señora. No, señora Celáa, puede que los hijos no sean propiedad de los padres, como sería el caso de un coche, un piso o un título universitario, porque cuando nacen no llevan consigo una escritura de propiedad que otorgue la propiedad del uso, disfrute y aprovechamiento de sus frutos como sería el caso de los otros bienes materiales susceptibles de estar afectados por el derecho de propiedad. Pero no se equivoque y no pretenda confundir a los ciudadanos españoles intentando trasladar unos derechos que corresponden únicamente a los padres con los que un régimen, como el que usted parece insinuar, en el que estos niños pasan a ser propiedad del Estado. Usted se ha permitido una interpretación muy sui géneris del Artº 27 de nuestra Constitución.

En el número 1 se reconoce la libertad de enseñanza, lo que supone que no es preciso que todos los centros de enseñanza estén sujetos a un control gubernamental en cuanto a las orientaciones que les den a las enseñanzas que se impartan en sus aulas. Pero es en el número 3 en el que se deja clarísimo que, si es cierto que los hijos no pertenecen en nuda propiedad a nadie, también, por cierto, lo es más el que: “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Dudamos de que ni el Gobierno ni los centros de enseñanza puedan determinar, por su propia cuenta, cuáles puedan ser las enseñanzas religiosas que tengan derecho los padres a reclamar que se les impartan a sus hijos ni, tampoco oponerse al tipo de moral que los padres pudieran elegir para sus vástagos; salvo que estuviera en contra de la Constitución y pudieran constituir un delito previsto en el CP.

Pero es que la señora Celáa parece que no contempla tampoco el Artº 14 de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea sobre Derecho a la Educación en su apartado 3º, donde dice: “Se respetan, de acuerdo con las leyes nacionales que regulan su ejercicio, la libertad de creación de centros docentes dentro del respeto de los principios democráticos, así como el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y .pedagógicas”. La propia Convención Americana sobre Derechos Humanos, confirma una vez más, en su Artº 12, en su apartado Libertad de Conciencia y de Religión. (4) “Los padres y en su caso los tutores tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Es obvio, señora Celáa, que los padres tienen mucho que decir sobre la orientación moral o ética que desean que reciban sus hijos menores de edad. La pretensión que parece querer dar a entender con su particular interpretación de nuestra Constitución, no la suya, de que los hijos deben quedar al albur del partido que gobierne durante un tiempo la nación, no es conforme con lo que al respeto vienen reconociendo las leyes internacionales y nuestra misma Constitución. Creemos ver en la señora ministra peligrosos ramalazos de la doctrina nazi, en aquel terreno educativo de las juventudes alemanas en el que dominaba el Reichfürer de las SS, H.Himmler, la famosas NSDAP y aquellas escuelas de adoctrinamiento de la élite germánica, las NAPOLAS de las que las Waffen-SS, durante la Segunda Guerra Europea, se fueron nutriendo. Adoctrinamiento partidista, supresión de la enseñanza de religión (fuera la que fuere), despego de la familia y radicalización de un ideario (en aquel caso nazi y, en el que se desarrolló en la URSS, el comunismo) intolerante e incompatible con cualquier clase de democracia.

No ponemos en duda que el gobierno actual, socio-comunista, comparte ciento por ciento las mismas ideas de la Celáa que, por otra parte, es lo que ya se viene practicando en las escuelas del País vasco, las ikastolas y en las de Cataluña en las que se imparten, sin el menor rubor, el separatismo; una historia tergiversada, un clima de odio hacia el resto de pueblos de España y el concepto de que Cataluña es expoliada por el resto de la nación española. No tardaremos en ver cómo, entre los acuerdos entre el gobierno socialista y la ERC, que desconocemos, pero que van a ir apareciendo en forma de avances de las facultades de los gobiernos nacionalistas, en detrimento de las que venía detentando el Estado y, en consecuencia, de la unidad de la nación española.

Los ejemplos de las cesiones ante este feminismo feroz, intolerante, excluyente y extraordinariamente fanatizado, ya se están empezando a notar, tanto en los nombramientos para la formación del nuevo Gobierno, como par los nuevos cargos ocupados por mujeres, tanto en la Justicia como en otros puestos (ejemplo la Guardia Civil, por primera vez dirigida por una señora, María Gámez, algo que no sabemos cómo habrán recibido los miembros de tan laureado cuerpo armado). La nueva delegada del gobierno para la Violencia de Género, la señora Rosell se ha apresurado a dejar claro “Espero estar a la altura del feminismo en este país”, dejando aclarada su postura al añadir: “La lucha es contra siglos de desigualdad patriarcal y contra todas las formas de violencia machista que genera”. Curiosamente, ninguna de ellas ha aludido a que los asesinatos de mujeres en manos de sus compañeros, no sólo no han disminuido sino que han aumentado durante el tiempo en que, los del PSOE, han estado al frente del gobierno de la nación.

Y un colectivo que debieran de haber mostrado más prudencia, debido a la imparcialidad que se les atribuye en el ejercicio de su profesión de juezas, el de la Asociación de Mujeres Juezas de España, ha manifestado su complacencia por el nombramiento de Rossell, por medio de la portavoz del grupo, la magistrada Lucía Avilés, con una expresión que parece ser el anuncio de una campaña de las juezas en favor del feminismo y no de la objetividad que debería presidir cualquier actuación judicial. Dice la señora: “Estoy segura que los derechos humanos y el feminismo van a estar bien salvaguardados con ella”

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, creo que hemos entrado en una fase en la que el sentido común ha desaparecido del pensamiento de nuestros políticos, la moderación ha dado paso a unos ataques directos, feroces, completamente carentes de lógica y si impregnados de mucho rencor, odio, revanchismo y evidente intento de acabar con el adversario, no sólo para neutralizar su actuación en la presente legislatura, sino y muy especialmente, para intentar acabar con él, borrarlo de la competencia y anularlo por completo, como modo de poder instalarse en un régimen de carácter totalitario, de clara opción comunistoide y con la artera intención de perpetuarse en el poder, como viene sucediendo en la república de Venezuela, en manos del sátrapa Maduro. Marchad, marchad/ sembrando paz y amor/ Marchad, marchad/ por la ruta imperial.

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