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Opinión
Etiquetas:   Reflexión   Religión   Pensamiento  

La historia se repite

​El instinto depredador del hombre tiene un origen a lo largo de la historia
Octavi Pereña
lunes, 30 de diciembre de 2019, 10:54 h (CET)

Ima Sanchís le pregunta a Pere Portabella, director de cine y político: ¿Qué ha entendido del ser humano? El político responde: “Todas las especies se adaptan al cambio excepto nosotros. Somos instintivamente depredadores”. Este concepto que el director de cine tiene del ser humano no gusta a mucha gente que lo consideran bueno por naturaleza y culpan al entorno de su perversidad. Si no existiese el instinto depredador en el ser humano no se hubiesen cometido los genocidios que se han cometido a lo largo de la historia hasta nuestros días. No se sabría nada de campos de exterminio. Ignoraríamos la existencia de campos de reeducación de disidentes políticos como los que constan en China y Corea del Norte. La aplicación de la tortura para hacer confesar delitos que únicamente se encuentran en las mentes de los torturadores. Los gulags soviéticos…

<b>Víctor-M. Amela</b> le dice a <b>Martí Domínguez</b> entomólogo y periodista de manera afirmativa: No reincidiremos en esta barbarie, refiriéndose a los crímenes cometidos en la Alemania nazi. Parece ser que el reportero dude de que una situación parecida se pueda volver a repetir en nuestros días. <b>Martí Domínguez</b> le tiene que recordar que “biólogos, físicos, sicólogos…Sí. El nazismo dio soporte a la ciencia, porque financió sus departamentos en universidades…Y los científicos colaboraron a favor de la salud y la felicidad de los alemanes, hablaban del higienismo social, de eliminar individuos de <i>razas inferiores</i> ¡Y ayudaban a hacerlo!”!

¿De qué manera los científicos ayudaron a la felicidad y a la salud de los alemanes? <b>Martí Domínguez</b>, explica: “Unos defendían el <i>labensraum</i> (espacio vital), el derecho natural del pueblo alemán a más territorio. Otros el <i>labensborn</i> (fuente de vida), granjas de recién nacidos: Mujeres arias se dejaban embarazar…por oficiales de las SS. Entregaban a los niños arios a familias nazis, y niños rubios en países eslavos. Y el doctor <b>Asperger</b> gaseó a niños <i>inferiores</i>”.

Volvamos a la duda que tiene <b>Amela</b> de que hoy se vuelva a producir algo tan cruel como lo que se produjo durante el nacismo. El “¿No?” con el que comienza la respuesta de <b>Martí Domínguez</b>, el entomólogo y periodista le está diciendo: ¿Estás seguro? Si la cultura nazi fomentó el genocidio y la cultura de la guerra, ¿crees que la nuestra evitará que se repita? Quien avisa no es traidor. El entomólogo se explica: “Aconsejo estar muy atentos para evitar que una idea te ilumine…y entres en una espiral hacia un solo punto de luz, igual que las polillas hacia la luz de una bombilla”. Para evitar quemarnos como lo hace la polilla cuando entra en contacto con la bombilla encendida, tenemos que alejarnos cuanto más lejos mejor de las ideas totalitarias que nos encandilan con las promesas de imposible cumplimiento y que destruyen a quienes no las comparten. No tenemos que olvidar nunca lo que <b>Portabella</b> dice: los seres humanos somos instintivamente depredadores. ¿Qué hace que nos comportemos peor que las bestias?

El engendro de la bestia se produce en el Edén, con la desobediencia de Adán a la prohibición de Dios de que moriría si comiese el fruto del árbol prohibido. Desobedeció y murió espiritualmente en el acto. Físicamente vivió 930 años y murió. A pesar de que por la misericordia de Dios nació de nuevo como hijo de Dos por adopción, el germen de la muerte ha permanecido vivo en toda su descendencia. El primer acto que evidencia que el ser humano es portador del instinto depredador fue el asesinato de Abel, hijo de Adán, por su hermano Caín.

La radiografía que la Biblia hace del hombre como portador del instinto depredador lo hace con estas palabras: “Y vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Las crónicas describen con detalle la perversidad humana manifestada en las guerras para dominar a los pueblos vecinos. Los genocidios cometidos durante la colonización de pueblos considerados inferiores y desgraciadamente los infligidos en el nombre de Cristo.

El instinto depredador del hombre tiene un origen a lo largo de la historia. He aquí como lo describe el apóstol Pablo: “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto. Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1: 19,20). La creación habla del Creador que por su palabra hizo los cielos y la tierra, hecho que hace que el ateísmo sea inexcusable. Prosiguiendo su relato el apóstol dice que los hombres cambiaron la gloria de Dios por imágenes consideradas artísticas, hecho que hace que Dios deje al hombre sometido al libre albedrio.

Dejado el hombre en esta condición, que se considera libertad, le lleva a cometer las maldades que el alma sin freno le incita a realizar: “Toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad, llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de malos, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” (vv.29-31). Esta descripción que hace el apóstol Pablo del hombre alejado de Dios es lo que <b>Pere Portabella<b> denomina instinto depredador del hombre, que estando en activo, hace que la historia se repita y que el hombre no aprenda de sus tropiezos.

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