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¿Está todo atado y bien atado entre ERC y P.Sánchez?

Parece que Sánchez ya no habla de la Constitución, sino de las garantías jurídicas
Miguel Massanet
domingo, 15 de diciembre de 2019, 10:16 h (CET)

Da la sensación de que, en lo que se trata del problema catalán, todo está “dado y bendecido” entre los negociadores del PSOE y los de ERC por lo que se refiere al apoyo, creemos que explícito, de los soberanistas catalanes a la ansiada investidura; al menos para los que forman la tribu de arribistas que rodean al señor Pedro Sánchez que, según ellos, si es que fuéramos tan cándidos que diéramos la más mínima credibilidad a la intensa propaganda que están llevando a cabo (en esta ocasión dirigida más a sus votantes que a la oposición que ya hace tiempo que ha dejado de darles el menos valor a sus intentos de convencer de las delicias y ventajas de un gobierno formado por el PSOE y Podemos, con el apoyo - nos tememos que sólo para el día de la investidura- de los separatistas de ERC); darían lugar a una época de recuperación, mejora social y prosperidad económica.


Evidentemente, se dejan en el tintero el hablar del aumento exagerado del gasto público, de los impuestos que será necesario crear o aumentar para sostenerlo, del déficit público que va a generar el exceso de gasto de las comunidades autónomas, de la repercusión que medidas como, por ejemplo, el intento de poner el Salario Mínimo en la línea de los mil euros, cuando todavía los empresarios no se han repuesto del alza a los 900 que, por cierto ya se calcula que ha dado lugar a un aumento de los concursos de acreedores que, en Murcia, ha supuesto (en lo que respeta al tercer trimestre del corriente año) un aumento de tales incidencias de un 74% respecto al mismo periodo del año anterior pero que, en lo que hace referencia a la totalidad de los registrados en España, en su conjunto, ascendió, en el tercer trimestre, a 1.576 (un 28,9% que en el mismo periodo del año anterior). En definitiva que, como sucede con todo lo que intentan que nos traguemos este conjunto de ineptos que han conseguido deslumbrar a todos aquellos que, lo único que vienen deseando es resarcirse de lo que entienden que les ha perjudicado el gobierno del centro derecha, muchos de ellos incapaces de reconocer que estuvimos pasando por unas circunstancias que requerían recortes y moderación.

El hecho es que nos vamos a tener que acomodar a un gobierno mixto de socialistas y comunistas venezolanos, que es todo lo contrario a lo que precisaría España en unos momentos en los que, la misma CE está pasado por los momentos más difíciles de su historia, con la evidencia de que el señor Johnson va a proceder a iniciar el brexit de inmediato y que Europa se va a verse en la necesidad de ir ajustando sus mercados a la nueva política que va a tener que aplicar en sus relaciones con la Gran Bretaña que se va a constituir, al parecer, junto a los EE.UU, en uno más de los competidores con los que va a tener que competir. Con la circunstancia, en el caso de España, de que el gobierno va a depender, para tomar sus decisiones y aprobar las leyes, de todo un abanico de partidos minoritarios que, en cada ocasión, van a pedir ser compensados por los votos que les van a tener que dar al nuevo Gobierno, para evitar fracaso tras fracaso en su gestión parlamentaria.


Quizá sólo sean intuiciones o la desconfianza natural debida a los desengaños que hemos sufrido cada vez en la que nos hemos fiado de las volubles promesas de nuestros dirigentes; pero el caso es que estamos empezando a ver, especialmente en la actuación de los fiscales, un cambio que podríamos definir como de menos rigurosidad respecto al independentismo catalán y a lo que puede suceder si los organismo penitenciarios de Cataluña, deciden aplicar el sistema más benevolente y que más puede beneficiar a los políticos, condenados por el TS por delitos de sedición y malversación de caudales públicos. Evidentemente, un trato que pudiera desvirtuar la gravedad de los delitos por los que han sido condenados, lo mismo que la aplicación de indultos, no iba a ser bien recibido por España, nos referimos a aquella que no forma parte de las autonomía donde el independentismo está más afianzado y en las que desde sus gobernantes hasta la mayoría de los partidos políticos esperan, en algún momento, zafarse de lo que, para ellos, representa el estar formando parte de la nación española.


Pero es evidente que esto, a un gobierno que depende del apoyo de un grupo independentistas, como es el del PSOE, para poder acceder al poder y poner en práctica una serie de medidas, largamente postergadas debido a que no han dispuesto de las mayorías precisas, no es causa suficiente para renunciar a sus objetivos aunque, de momento, algunos de sus colegas o adversarios políticos se puedan cebar con ellos. Pedro Sánchez, a lo largo de los pocos años en los que su protagonismo político nos ha dado a conocer la clase de sujeto que nos está gobernando, no va a pararse en minucias, ni en obstáculos constitucionales o respecto a la separación de poderes que nos legó Montesquieu; porque él tiene trazado un plan del que no le va a desviar nadie mientras tenga en sus manos la vara del poder con la que mantener distanciados de la posibilidad de poder detener sus proyectos que tiene, respecto a lo que él considera que debería ser España.


Ya lo ha dicho. Quiere otra Constitución en la que se defina a España como una “nación de naciones”, como su directo valedor, el señor Iceta, ha repetido últimamente al concederle a Cataluña y a otras comunidades la calidad de “nación”, dándoles a los separatistas un motivo de alegría más en cuanto, si seguimos así, no va a ser difícil que el concepto que tienen en Europa del separatismo español vaya derivando hacia la idea de que, al fin y al cabo, de un país de autonomías con amplias libertades de actuación a un país federalizado, como pretende Sánchez, tampoco hay tanta diferencia. Las palabras son importantes y las palabras mal enfocadas, que dan la posibilidad de ser ambivalentes o que puedan interpretarse en distintos sentidos, pronunciadas por un líder o un funcionario importante,es evidente que las carga el Diablo.


Si el PSOE ya ha admitido que el problema catalán es un conflicto político, un regalo para los señores Puigdemont y la señora Ponsetí, al situar el tema de discusión entre los catalanes separatistas y el Estado español, en un plano de simples garantías jurídicas, alejadas de lo que se pudiera entender como un incumplimiento flagrante de la Constitución y de las leyes penales del país, en cuanto a su función de vigilantes de la unidad de España; se presta a que se den pasos, dentro del ámbito constitucional, amparados en garantías jurídicas que, en un momento determinado, cuando las circunstancias les sean más favorables o la división interna entre personas que desean continuar siendo españoles y aquellos otros ciudadanos que prefieren la secesión, una división que en la actualidad se inclina a favor de los españolistas, pero que no hay ninguna garantía de que esta proporción no cambie en unos años; pudieran facilitar a Cataluña que, desde la consideración de estado federal, se tuviera la tentación de pasar a ser un estado independiente. Una solución que probablemente no satisficiera al grupo de Puigdemont y Torra, pero que, sin duda alguna, a los presos de LLedoners, les parecería muy aceptable.


Quiero citar un párrafo de un artículo en La Vanguardia de J.J. López Burniol que dice: “Hace ya días que los periódicos publican noticias que implican una abdicación de la dignidad del Estado y un menoscabo de las instituciones, comenzando por la monarquía… constituyen un síntoma de algo muy profundo y a la vez muy potente que se está incubando en España, que terminará por afectar, a corto plazo, al actual régimen constitucional: una crisis sístémica”.Parece evidente que España da la sensaciónparece de que, en manos de semejantes dirigentes políticos, tiene pocas posibilidades de salir ilesa de lo que se podrían entender como “golpes de Estado disimulados”, teniendo en cuenta que, el socio principal del señor Sánchez (y, a la vez, su peor enemigo, al acecho de su oportunidad) Pablo Iglesias, es una persona contraria al régimen monárquico y ya no digamos del señor Junqueras de ERC, un señor que, como Iglesias, está empeñado en convertir a Cataluña en una república, sólo que el primero no parece que busque solamente que el régimen que se deba cambiar sea el catalán, sino que su interés está en convertir a toda la nación en lo que consiguieron transformar, en forma de dictadura, en su añorada Venezuela de la que, por cierto, ahora procuran no hablar.


O así es como, señores, desde la óptica de un simple ciudadano de a pie, vemos con preocupación como para la Cataluña separatista parece que ha llegado el momento del maná, de las vacas gordas, de la financiación generosa y magnánima por parte del Estado, representado por el gobierno socialista, que ya se anuncia con lo que ya es un chollo para los catalanes representado por el 50% del total del financiamiento autonómico previsto para todas las autonomías ¿Cuáles van a salir perjudicadas con esta medida? ¡Evidentemente la mayoría del resto, menos la propia Cataluña que saldrá beneficiada por haber sido la comunidad que se ha enfrentado a España amenazando con la independencia! El señor Sánchez tiene que ceder porque o cede o se queda sin investidura, no tiene alternativa. Al menos así se deduce de las palabras, siempre apocalípticas de la vicepresidenta en funciones, señora Calvo, experta en mentir con soltura y en aparentar tener razón siempre, tal es el énfasis que pone en cada una de sus intervenciones públicas; cuando dice que no hay alternativa alguna a este engendro que tienen proyectado para apartar a la derecha del gobierno de España se vuelve a equivocar ¡No, señora Calvo, no dice la verdad porque, si el señor Sánchez hubiera querido, tenía la oportunidad de gobernar en minoría, siempre que aceptase algunas de las contraprestaciones que, como sucede siempre que se busca un acuerdo, se le hubieran pedido! Pero Sánchez no ha querido ceder ni en uno solo de los pactos generales que se le pedían, porque le impedían seguir en su intento de convertir a España en una república bananera, que es algo que tienen todas las trazas de poder conseguir. Como diría Tácito en su Agricola: “Destrozan, arruinan y hacen rapiña del imperio; y cuando llenan todo de soledad, lo llaman paz”

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