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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La crueldad por argumento

Antonio García-Palao
Redacción
viernes, 8 de septiembre de 2006, 21:38 h (CET)
No puedo comprender cómo en la localidad de Tordesillas (Valladolid) se puede seguir permitiendo celebrar que un toro sea maltratado hasta la muerte a base de ser alanceado por seres humanos. No puedo comprender que las leyes en vigor sobre la prohibición de maltrato animal sean obviadas, convirtiéndose en papel mojado y en definitiva una farsa ante los ojos de los responsables legislativos, ejecutivos y judiciales. No puedo comprender que la clase dirigente, con formación universitaria en su mayoría, de un país que se supone europeo, no se conmueva ante la barbarie a las puertas de sus centros oficiales y sus hogares. No puedo comprender cómo la incultura de parte de la población, disfrazada de tradición, se haga pasar por cultura a los ojos de los que deberían iluminar y conducir con su ejemplo y compromiso de responsabilidad.

¿Dónde está la ética de los intelectuales españoles? ¿Dónde queda la moral de algunos letrados? Maltratar a un animal y alancearlo hasta la muerte es cruel, impropio del ser humano, ofensivo para la mente y el espíritu, promueve la agresividad, la falta de respeto por la naturaleza y en definitiva supone una enorme carga de responsabilidad para la conciencia de los que pudiendo evitarlo lo permiten.

Que no nos hablen de tradición. Llega a ser detestable la incapacidad de distinguir entre lo merecedor de continuidad y lo que debería haber sido erradicado en su momento. Que no nos hablen de distintas competencias institucionales para encubrir la inhibición y la connivencia. Hay cosas en la vida que son tan claras y cristalinas como el agua de manantial. Hablamos de la bondad de corazón, del amor y el respeto por la vida y por una apuesta clara por la educación, el bienestar y el progreso de la humanidad.

Se lo pido en nombre de los que no pueden hacerlo. Se lo ruego encarecidamente. No permitan que se sigan celebrando fiestas populares basadas en la crueldad y maltrato de animales. Se lo demando en nombre de lo más sagrado.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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