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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El insomnio

Francisco Arias Solís
Redacción
domingo, 3 de septiembre de 2006, 04:42 h (CET)
“A mí no me gusta el vino
porque agrada al paladar,
me gusta porque da sueño
y porque me hace olvidar”.


Augusto Ferrán.

El escritor británico Lawrence Sterne, decía refiriéndose al sueño: “¡Qué felicidad constituye para el hombre cuando las ansiedades y las pasiones se alejan ...!” En 1900 Freud escribía su Interpretación de los sueños dando a este hecho normal una dimensión o un significado para el psicoanálisis, y también para algún fenómeno que puede ocurrir en relación no ya sólo con el sueño por sí mismo, sino con la ensoñación que ocurre frecuentemente mientras se duerme.

El sueño es un fenómeno periódico, elemental e indispensable para todo el mundo animal, y, por ende, para el ser humano. Un hecho fisiológico y como tal tiene su patología como no podía ser de otra manera. La más frecuente es la imposibilidad de dormir, el insomnio, que puede ser producido por un trastorno intrínseco o por la dificultad de conciliar el sueño por alguna enfermedad psíquica o física.

El insomnio es un trastorno frecuente, que afecta, en los países industrializados, a un 25 por ciento de la población y cuya repercusión social, económica y sanitaria es importante.

El sueño constituye uno de los factores más importantes que contribuyen no sólo al bienestar sino a la eficacia humana, no tanto en relación con la cantidad de horas dormidas como en lo que respecta a la profundidad del sueño.

Es frecuente que las personas con trastornos del sueño exageren el número de horas de vigilia, sin olvidar que cuando no se puede conciliar el sueño, el tiempo pasa de forma muy lenta alargando de forma importante la noche, lo que contribuye a aumentar la ansiedad, que prolonga el insomnio, con lo que se cierra el círculo vicioso.

El reposo que proporciona el sueño es evidentemente fisiológico, y como tal puede presentar anormalidades o irregularidades importantes que, por sus características generan una patología propia, adoptando formas que no serían parangonables a las que pueden darse durante la vigilia.

Los terrores nocturnos y las pesadillas son frecuentes en niños y jóvenes, casi nadie se escapa de tenerlas y, cuando persisten en la edad adulta, posiblemente estarán relacionadas con alguna alteración psíquica.

El sonambulismo es un fenómeno que ha despertado siempre una cierta curiosidad en el terreno de la fantasía, pero es un hecho evidente que a menudo requiere atención médica.

El sueño y sus falta –insomnio- , es un tema importante ligado a la neurología, a la psiquiatría y a toda la medicina, cuyo diagnóstico etiológico puede ser difícil, aunque sus trastornos pueden encajar en la neurosis o estados depresivos.

Los sedantes o la gran cantidad de “pastillas para dormir “no constituyen, habitualmente, la solución de un problema que, por su complejidad debe merecer especial atención. Y como dijo el poeta: “El sueño de cada día, / dánosle hoy Señor. / Y perdónanos si en sueños / no te soñamos mejor”.

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