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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Violencia machista

La violencia de género se extiende como la marea negra producida por el Prestige porque no se ama al prójimo como a uno mismo
Octavi Pereña
martes, 4 de junio de 2013, 07:57 h (CET)
Las apariencias engañan. La violencia de género no solamente afecta a las clases sociales más desfavorecidas, también hace estragos entre la jet-set. Cuando uno se entera de casos de violencia machista entre personajes que ocupan espacios destacados en las revistas del corazón, se llega a la conclusión que cualquier persona puede verse involucrada en una relación violenta. De este delito se hace eco la sociedad de manera especial durante un día al año, pero los medios nos informan un día sí y otro también de hechos que nos recuerdan la brutalidad de este delito y de su cotidianidad.

El doctor en filosofía Steven Stasny dice que debe hacernos pensar el hecho de que cuando se inicia la violencia es muy probable que aumente sin parar. “Una vez que el comportamiento ha cruzado el dintel lo más probable es que su comportamiento siga”. Desgraciadamente, cuanto más dure la relación violenta más difícil se hace abandonarla. El Dr. Stasny comenta: “Cuando una mujer se encuentra atrapada (en una situación violenta) no conviene pasar por alto las acciones destructivas con la esperanza que con el paso del tiempo su compañero cambiará. Además, la violencia acostumbra a empezar de manera suave y va creciendo. Los violentos siguen un modelo de conducta con el objetivo de empequeñecer a sus víctimas, de esta manera destruyen su autoestima y el sentido de su valor. Una vez la violencia emocional aumenta y se convierte en violencia física, muchas víctimas tienen tan maltrecha su autoestima que se culpan a sí mismas. Se llega a tener este sentimiento porque los violentos a menudo aíslan a sus víctimas de sus amigos y de las personas que aman. Con estos factores trabajando juntos, a menudo se tiene el convencimiento de que es imposible huir”. Difícil es salir de una situación semejante, pero no imposible.

El Dr. Stasny añade: “Cuando la pareja (la violenta) amenaza con hacerse daño, puede invocar la culpabilidad y la vergüenza. La culpabilidad es lo que mantiene a las personas atadas a relaciones no importa lo indeseables que sean. Cuando alguien te hace daño físicamente puedes llegar a pensar que se debe a un problema de autocontrol, pero cuando te perjudica sicológicamente, lo más probable es que su proceder se deba a algo que tú has hecho”.

Graciela Ferreira hace este retrato del violento: “El hombre violento no se distingue en nada de la normalidad masculina en general. Puede ser simpático, seductor, atractivo, caballeroso, y con actitudes de ciudadano modélico. Esto le permite camuflarse y pasar desapercibido en el mundo exterior de la familia, poseer doctorados universitarios, ser funcionario del Estado, docente, sicólogo, juez, empresario, obrero, policía, deportista político, parado, médico, cocinero o científico”.

El apóstol Pablo refiriéndose a los falsos maestros que se introducen en las iglesias para apartar a los fieles de la verdad apostólica se “disfrazan de ángeles de luz” para no ser descubiertos, transformación que también adoptan los violentos para no ser desenmascarados y así poder dañar a sus víctimas. Pero el camuflaje no es perfecto. Prestando atención se descubren detalles que manifiestan el demonio que se esconde detrás del disfraz angelical.

Algunas señales que descubren al demonio que se esconde detrás de la imagen de no haber roto nunca un plato: No encuentra nada bien lo que hace la mujer, la culpa de todo lo que pasa, no reconoce ningún error. Cuando se inicia una relación la mujer tiene que fijarse en los sentimientos del otro. Si no descubre empatía, es decir, no manifiesta comprensión hacia sus sentimientos se enciende una lucecita roja que avisa del peligro que la amenaza. También se enciende un intermitente cuando el hombre se muestra muy posesivo y no permite a su compañera libertad de movimientos y con palabras muy persuasivas le prohíbe desobedecer sus órdenes. También es una señal de peligro cuando el hombre le pone dificultades a tomar decisiones porque toda la verdad la posee él. La perfección no la posee nadie pero si el compañero no hace movimientos serios de enmendar las imperfecciones, esta persona no es la indicada para atarse a ella de por vida. Otra señal de desastre inminente es cuando el hombre se manifiesta excesivamente posesivo y la aísla de las amistades y de la familia. Otra señal de peligro es cuando el novio quiere forzarla a tener relaciones sexuales sin importarle los sentimientos de la mujer en aquel momento, ello indica que la considera objeto, no persona que debe ser amada. Otra señal de alerta se manifiesta cuando la pareja le quiere controlar el dinero para hacerla totalmente dependiente de él.

La violencia de género no nace por generación espontánea. Desde el inicio de una relación se encienden lucecitas rojas que avisan del peligro que acecha. Al primer indicio de desconfianza, antes de estar emocionalmente atada al otro, es conveniente romper la relación incipiente. Si no se hace así llegará la hora de lamentarse. Desatender las evidencias de peligro que se han manifestado desde un principio pasa factura. Llegado a este punto una puede quedar marcada por toda la vida con secuelas sicológicas que la harán un vivir muy difícil.
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