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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos  

Mas un funámbulo cruzando el delicado cable de la ilegalidad

“Mala cosa cuando en el ánimo se representa la temeridad con rostro de valentía y la cordura con rostro de cobardía”, Quevedo
Miguel Massanet
viernes, 10 de mayo de 2013, 08:37 h (CET)
Resulta poco menos que incomprensible que un señor, supuestamente ilustrado, como es el señor Arturo Mas, presidente de la Generalitat catalana, haga un comentario tan absurdo y estúpido, perdóneseme la expresión, cuando se ha referido a la decisión del TC de suspender el acuerdo del Parlament catalán, en el que se declaraba a Catalunya como “una nación soberana”. Podemos entender que no le haya gustado que le desmontasen su tingladillo separatista; podemos aceptar que el hecho de encontrarse fuera de la ley le haya molestado y también podríamos admitir que siga diciendo tonterías respecto a lo que, para él, es un ejercicio democrático, cuando para el resto de españoles, incluso muchos de los que residimos en Catalunya, no es más que un montaje de los independentistas para intentar justificar lo que, viendo lo establecido en nuestra Carta Magna, no puede aceptarse desde ningún punto de vista: la rotura de la unidad de la nación española De ”Insólita, preocupante y profundamente decepcionante, pero el camino sigue” ha sido la forma en la que el presidente del Gobern catalán se ha pronunciado sobre la decisión del TC de suspender un acuerdo que, para todos los españoles, resultaba paladino que no se sostenía bajo ningún argumento, por muy nacionalista que pretendiera ser.

Sólito, clarificador y alentador, señor Mas, ha sido para todos los españoles el que, el TC, por una vez, se haya mostrado respetuoso con la Constitución española de 1.978 y, en especial, con lo que hace referencia a la unidad inviolable de la nación española, que no admite intentos, más o menos solapados, de utilizar argumentos insostenibles, hacer una interpretación segada de lo que es un gobierno democrático; con la pretensión de que, cada una de las autonomías, por si sola, se atribuya como un derecho democrático el poder decidir sobre su permanencia en España. Si se siguiera esta teoría, cualquier municipio en el que la mayoría de ciudadanos lo pidiese podría también independizarse de España y, aún más, de la propia autonomía en la que está encuadrado. Alguien, seguramente, recordará como, en la 1ª República, bajo en mandato de Pi y Margall se redactó la nonata “constitución federalista” (11 junio 1873 a 18 julio 1873), donde, vean ustedes la coincidencia, se hablaba de que “las regiones eran estados soberanos”. España se enfrentó al caos total y estuvo a punto de su desintegración; se declararon las repúblicas independientes de Cataluña, Málaga, Cádiz, Valencia, Granada, Sevilla, Alcoy, Cartagena. Algeciras, Almansa, Andujar etc. Algunas, incluso, las hubo que pretendieron guerrear entre ellas (Granada vs. Jaén y la de Jumilla vs. Murcia).

Pero, fruto de que los gobiernos que se han ido sucediendo, desde la llegada de la democracia a España, han estado contemplando el fenómeno independentista, tanto del País Vasco como de Catalunya, con una evidente parsimonia y lenidad, como si no tuviera importancia y fuera fácil, una vez extendido a una gran parte de la población de ambas comunidades, el controlarlo, reprimirlo o apaciguarlo; ha sucedido lo que era normal que tuviera lugar: la propaganda nacionalista, las diatribas de prensa, TV y el resto de medios de comunicación de Catalunya, han ido bombardeando a la ciudadanía catalana con consignas separatistas, con infundios sobre como España les estaba robando; con falsas expectativas como que Catalunya se podía valer por sí sola y que, con la independencia, los catalanes se convertirían en uno de los países más ricos de Europa. Primero fueron pequeños detalles, después se empezaron a prohibir cosas como la rotulación en castellano; más tarde se habló de la inmersión lingüística y que los chavales estuvieran obligados a comunicarse en catalán en los recreos. Se empezaron a incumplir las sentencias del T.Supremo; del TC, y del TSJC, sobre las horas lectivas obligatorias de estudio del castellano, sobre el derecho de los alumnos, cuyos padres lo solicitaran, a ser educados en su idioma vehicular y así, poco a poco pero de una forma constante, se ha llegado a la insumisión abierta de los propios organismos oficiales, empezando por el Gobern de la Generalitat, a las normas emanadas de los tribunales españoles, algo que ha culminado con el rechazo frontal a la decisión del TC de suspender la declaración del Parlamento catalán de que “Catalunya era un estado soberano”.

Aparte de que, la aventura soberanista propuesta por CIU y ERC, no tiene ninguna posibilidad de sostenerse desde el punto de vista económico, debido a que las bravatas y declaraciones de los separatistas no son más que rayas en el agua, si se tiene en cuenta que han necesitado del apoyo del Estado ( a cargo del FLA) para pagar los vencimientos de los bonos patrióticos, abonar ( sólo en parte) las deudas que tienen con las farmacias ( 300.000 euros pendientes de pago) y con otros colectivos con los que están endeudados, a pesar de los recortes de gastos que Mas ha ordenado que superan, incluso, a los llevados a cabo en el resto de España por el señor Rajoy. Es evidente que, por añadidura, sus posibilidades de entrar en la UE son nulas, al menos durante muchos años; con lo que, lo primero que debieran explicar el señor Mas, el señor Junqueras, el señor Homs o el señor Mas Colell y los socialistas del PSC, con el señor Navarro en primer lugar es ¿cómo se las van a arreglar para abonar las pensiones a los jubilados; cómo pagar el desempleo a los 600.000 parados que tiene esta autonomía; como podrán sostener una Sanidad deficitaria, una enseñanza arruinada y, cómo podrán atender las infraestructuras; si no han sido capaces de asumir, con éxito, el traspaso de los ferrocarriles de rodalías? Mucho tememos que aumentando los impuestos.

Hay algo que parece axiomático: España no puede subsistir sin Catalunya y viceversa por lo que, las posibilidades de que el Estado español se avenga a ceder la soberanía a los catalanes, es algo inimaginable. Sin embargo, en este caso, no parece que las palabras del señor Mas, de los señores Homs y Junqueras y las de la señora presidenta del Parlament catalán, señora Nuria de Gispert; todas ellas contrarias a la decisión del TC y, lo que es todavía más peligroso, abiertamente contrarias a acatarla y unánimemente dispuestos a incumplirla, con lo que no parece que, al gobierno del señor Rajoy, le queden muchas alternativas sobre el camino a seguir si, la Generalitat, sigue empeñada en desobedecer al TC, al resto de tribunales y a las mismas normas del gobierno de la Nación. En el caso de la “constitución federalista” de la 1ª República del siglo XIX, se truncó con el golpe de Estado del general Pavía (1.874); en el caso de la declaración unilateral de la República Independiente de Catalunya, la del señor Maciá en octubre de 1.934, también acabó en agua de borrajas y, el siguiente intento de Companys, todos sabemos cual fue su fin.

Las posibilidades de una modificación de la Constitución de 1.978, en lo que respeta al tema de la unidad de España, no se ve posible y, el intento de hacerlo iba, sin duda alguna, a levantar ampollas en muchas instituciones del Estado y en una gran parte del pueblo español, que no podría entender como, por no poner en juego los mecanismos constitucionales para acabar con estos actos de insolidaridad e intentos de secesión, se permitiera que unos pocos separatistas se salieran con la suya con lo que, sin duda, sería una cadena de deserciones que acabaría con nuestra nación. O al menos, señores, así es como veo yo tan delicado tema.
Comentarios
AlejandroAM 12/may/13    22:35 h.
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