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Opinión
Etiquetas:   Política   Pedro Sánchez   PP  

Todos pueden errar y también rectificar… si se les deja

“La sede del PP es el gran bazar de la corrupción” Pedro Sánchez
Miguel Massanet
miércoles, 4 de septiembre de 2019, 10:40 h (CET)

Sí señores, hubo un tiempo en el que el PP dejó de ser un partido de derechas para caer en brazos de la indefinición, de las tentaciones especulativas, de las jugadas económicas apestosas y de una dirección, indudablemente honesta y honrada, pero que fue incapaz de evitar que, dentro del partido, hubiese quienes se dedicaran a medrar sin tener en cuenta el mal que, con su falta de honestidad, estaban haciendo al partido de las derechas españolas. Como era previsible una situación tal no podía durar mucho tiempo y, tanto en Madrid como en Valencia, explotaron con fuerza todos los depósitos de podredumbre corrupta que durante años permitieron que hubiera algunos que aprovecharon su situación privilegiada para enriquecerse o poner en peligro, con acciones ilegales, el prestigio que el partido del señor Fraga Iribarne había ido acumulando desde que, con el nombre de Alianza Popular, inició sus primeros pasos en el mundo de la política nacional.

La oposición, sin excepciones, se aprovechó de la ocasión y descargó toda su furia, largo tiempo acumulada, contra la derecha española a la que siempre se esforzaron en relacionarla con el franquismo, aunque no existiese la menor ligazón entre unos y otros; pero la propaganda de la izquierda había encontrado un filón con el que pensaba que podría acabar definitivamente con la derecha en España. El PSOE, con la complicidad de los separatistas catalanes y vascos se propuso darle el golpe de gracia a su rival endémico, concertando la creación de lo que se denominó un “cinturón sanitario”, el llamado pacto del Tinell, en torno al PP; de modo que no se le permitiera que sacase ni una de sus propuestas en el Congreso, dejándolo aislado por completo y sin posibilidad de hacer valer ninguna de sus proposiciones en la sede de representación popular, el Congreso de Diputados, donde eran sistemáticamente rechazadas por el resto de las formaciones políticas con representación parlamentaria.

No podemos negar que los últimos años del gobierno del señor Rajoy tuvieron más fases de falta de aciertos que de dar en la diana y, en la que tuvo lugar, sin duda, la mayor equivocación de don Mariano y su ejecutivo: fue el lamentable tratamiento del problema catalán, de sus chantajes, sus desafíos, sus violaciones de la Constitución y de la eficaz labor de descrédito internacional llevado a cabo por la Generalitat catalana, por medio de sus llamadas “embajadas”, centros de propaganda subversiva pagados con el dinero del resto de los españoles. El desafío llegó a su punto álgido, de no retorno, cuando los catalanes por su cuenta sin atender al TS ni al TC o las advertencias que desde los mismos se les fueron haciendo, convocaron un referendo ilegal que, aunque se prohibió que se celebrase, los independentistas hicieron caso omiso y organizaron algo que no tenía nada de referendo, ni de legal y mucho menos de garantía de la intimidad del votante, de vigilancia y seguridad de las urnas y, ya no digamos nada del recuento de los votos que tuvo lugar al final de la jornada, sin ninguna de las garantías necesarias para evitar el gran pucherazo en cuanto a lo que se dio a conocer como el resultado de los votos emitidos, que fueron la expresión máxima de la ilegalidad artera de quienes manejaron semejante tomadura de pelo a los españoles y a los mismos catalanes.

El PP quedo gravemente tocado y, en las siguientes elecciones, se demostró el mal que le había causado el caso Gürtel, en Madrid y el caso Camps en Valencia, con una bajada espectacular de votantes que pasaron de 10 millones a menos de 7, de modo que se quedaron con únicamente 123 escaños con los que, a pesar de todo, consiguieron poder gobernar en minoría, eso sí, precariamente y expuestos a fracasar en sus proyectos de ley en el Parlamento de la nación. A pesar de todo mantuvieron su mayoría en el Senado lo que les permitió evitar los intentos de reforma de la Constitución que los socialistas intentaron, en varias ocasiones. El desastre de Rajoy y su gobierno culminó con el éxito de la moción de censura presentada por P.Sánchez y el resto de la izquierda, que apartó definitivamente a Rajoy de la política, dejando desarbolado a un PP que no daba muestras de poder levantar cabeza. Hasta aquí los hechos y hasta aquí lo que sucedió mientras el señor Rajoy y su colaboradora y, a nuestro criterio, responsable del error cometido con Cataluña, la señora vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría, felizmente destronada por el actual presidente del partido, señor Pablo Casado.

Pero, como siempre sucede con la izquierda española, no se podía pensar que, después de la renovación de la cúpula del PP bajo el mando del señor Casado y de la purga que se hizo de los restos del marianismo que todavía quedaban después del abandono de Rajoy, incluida la vicepresidenta, podían permitir que, un partido renovado que había dejado atrás el lastre de aquella época de corrupción, pudiera conseguir remontar y recobrar la confianza de aquellos antiguos votantes de derechas que, escandalizados por la corrupción, habían decidido cambiar su voto o abstenerse en las anteriores elecciones legislativas o municipales. El PSOE y el resto de partidos de izquierdas y separatistas sabían que, si lo permitían, volverían a perder las elecciones debido a que la política económica, el manejo del gasto público, el enorme endeudamiento y el déficit público que representaría la aplicación de las doctrina sociales que se había prometido a sus votantes por la izquierda, no podían ser soportada por una nación sometida a unos impuestos de tipo incautatorio, que pesarían sobre su economía como una pesada losa que impediría que nuestras empresas estuvieran en condiciones de competir en condiciones de igualdad en materia de precios ni en calidad, con los productos del resto de la competencia de las naciones de la UE. En consecuencia ahora, puede que en vísperas de unas nuevas elecciones, saben que no hay que despreciar ocasión para indisponer a los votantes con el PP si quieren gobernar a su aire durante los cuatro años de la legislatura.

¿Oportunismo, casualidad, motivaciones políticas, o, una mezcla de todo ello ha sido lo que, precisamente en estos momentos, unos jueces hayan decidido que es oportuno imputar a las señoras Aguirre y Cifuentes sobre un tema que está en manos de la Justicia desde hace varios años? Recuerdan ustedes el caso de los señores del PSOE, sobre los que pesan graves acusaciones de haber delinquido, los antiguos dirigentes del PSOE en Andalucía, la perla del partido socialista, señores Griñán y Chaves, vista para sentencia desde el mes de diciembre del 2018, que se esperaba para este verano y ¡qué casualidad!, ha pasado todo el verano y no ha sido dictada. ¿Qué ocurre con todos los imputados por los presuntos delitos cometidos por miembros de la Junta de Andalucía con motivo de los EREs fraudulentos en los que se perjudicaron a los obreros y se defraudaron varios millones de dinero público y, tampoco parece que tengan prisa los jueces en dictar las correspondientes sentencias, a pesar de que ya han pasado los años suficientes para que hubieran decidido sobre ello?

No, no hace falta que piensen ustedes en casualidades ni en curiosas coincidencias del destino porque la realidad (no es ni mucho menos la primera vez que ocurre) se encarga de quitarnos el velo que ocultaba las manipulaciones de la izquierda para manejar la opinión pública según les convenga. El señor Pablo Casado lo estaba haciendo bien. Ha abandonado aquella postura un tanto desafiante que utilizó al principio y ahora se mantiene dentro de la mesura, sin dejar de denunciar las irregularidades de los socialistas, pero sin pretender golpear contra el aguijón, una postura que evidentemente no le podía favorecer, ni fuera ni dentro de su propio partido. Sin duda alguna, estos últimos meses después de las últimas elecciones le han hecho comprender que no dispone de la fuerza suficiente para pretender imponer opiniones que sabe que le iban a conducir al fracaso y, ha pretendido mantenerse expectante, esperando el desgaste del resto de líderes políticos, tales como Iglesias y Rivera, ambos con serias dificultades, no sólo fuera, sino dentro de sus propios partidos, pero sin dar su brazo a torcer ante los cantos de sirena que, desde el PSOE, intentan utilizar para que se abstenga en la sesión de investidura del Sánchez, algo que, si nos hemos de fiar de lo que está sucediendo, todavía se ve como algo un tanto difuso.

Intentan, de nuevo, que lo que fueron sus armas preferidas para desbancar a Rajoy, como las corrupciones de la Güguel y Camps, ahora revivirlas, en este caso utilizando la imputación contra Aguirre y Cifuentes cuando estamos hablando de unos hechos que tuvieron lugar hace diez años, por unas personas que ya no forman parte de la dirección, completamente renovada del PP, que les sirvan para embadurnar de lodo a los actuales dirigentes del partido que nada han tenido que ver con lo que sucedió durante aquellos nefastos años. No se debe caer en la trampa de permitir que ahora, usando presuntos delitos cometidos en el pasado por personas que ya no pintan nada en el PP, se ponga en tela de juicio la honradez de todos estos nuevos dirigentes del PP, que tienen derecho a descargarse de aquellas servidumbres del pasado para poder presentarse ante los votantes como limpios de toda mancha como cualquier otro partido que no haya sido investigado con la minucia, dedicación, persistencia, ahínco y, en muchas ocasiones, predisposición en encontrar delito, aún donde no lo hay, con el afán de enlodar la fama del partido de las derechas.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos que manifestar el disgusto que nos produce que estos que intentan gobernarnos, molestos por las dificultades que les obstaculizan poder acceder al gobierno, algo que no debería extrañarles porque esta supuesta victoria, de la que tanto se han envanecido, no ha sido más que una modesta ventaja que no ha conseguido que obtuvieran más de 123 escaños, muy lejos de la mayoría absoluta, si bien superior a los 84 con la que han estado gobernando, de una forma despótica, durante los pocos meses que han conseguido mantenerse, hasta que se vieron obligados a convocar elecciones. Es posible que unas nuevas elecciones no clarifiquen un mapa político del que, con toda probabilidad, vamos a estar muchos años hasta que los votantes entren en razón y se den cuenta de que con el trabajo, la economía, los derechos individuales de los ciudadanos, la propiedad y la ética y la moralidad no caben subterfugios, inventos, teorías marxistas o sistemas igualitarios, proyectos que ya fueron ensayados por los comunistas con resultados francamente desastrosos. Vean lo que fueron la URRS y toda la Europa del Este y la miseria que siempre los acompañó.

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