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Etiquetas:   Política   PSOE   Cataluña  

El PSOE en el andén

​ ​El 28-A el electorado español acudió a las urnas chantajeado por un partido socialdemócrata cuya única consigna era “o ellos, el caos, o nosotros, los buenos”
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 2 de septiembre de 2019, 10:18 h (CET)

Ya hace cuatro meses que España está gobernada por un Gobierno en funciones. Nada nuevo bajo el Sol, ya pasó lo mismo hace tres años cuando Mariano Rajoy, elección tras elección no era capaz de conseguir un Gobierno que pudiera llevar adelante las necesidades del Estado español. Por aquellas calendas eran pocos, incuso entre sus conmilitones y aplaudidores, los que confiaban en ese Registrador de la Propiedad al que, un buen día, el último “dios” de la derecha española, José María Aznar, había ungido con los oleos del poder sagrado que impone el estar al servicio de los poderosos.

El 28-A el electorado español acudió a las urnas chantajeado por un partido socialdemócrata cuya única consigna era “o ellos, el caos, o nosotros, los buenos”. I, como buenos súbditos y obedientes corderitos, una mayoría de los españolitos de a pie votaron la lista encabezada por Pedro Sánchez. Unos lo hicieron convencidos que esta nueva esperanza blanca de la derecha moderada defendería sus pobres prebendas: pensiones por encima de la media española y una cierta tranquilidad de que todo seguiría igual, nada iba a cambiar con el partido de la rosa marchita y el puño abierto en el poder. Otros, pensaron que después de invadir las plazas y las calles de España con sus protestas del 15-M, había llegado el momento de pasar factura a la socialdemocracia, andaban errados, por caminos equivocados, porque cuando un partido y sus cúpulas directivas catan las mieles del poder nunca van a dejar que se les arrebate por unos recién llegados, como eran las huestes encabezadas por Pablo iglesias y los suyos.

El PSOE no deja de ser una de las patas de la mesa camilla que el poder de verdad, el que manda, dejó montar en aquella mentira que se llamó Transición. Aquí, de la noche a la mañana, los franquistas de toda la vida, los que ocupaban el Ejercito, la Judicatura, la Policía, la Guardia Civil, el Sindicato Vertical y todos los centros de poder del Estado pasaron de la dictadura a la democracia sin que nadie les pidiera responsabilidades por los años en los que habían estado oprimiendo, e incluso torturando y asesinando a una gran parte del pueblo español,

Felipe González, pasó de la pana a viajar en el Azor, el buque insignia de Franco. Su segundo, Alfonso Guerra, inició una larga carrera política que le llevó a una sinecura de privilegios: vivió y se jubiló, con una buena pensión, en la política, y, cuando estaba en la edad aprovechó los medios públicos a su alcance para favorecer a su hermano, al que montó un despacho ilegal en la Junta de Andalucía, y a sus parejas, a alguna colocándola en la Embajada de España en Roma. Todo normal entre la casta de señoritos andaluces, a la que algunos socialistas sevillanos del “clan de la Tortilla” aspiraban a pertenecer.

Han pasado los años pero en el PSOE nada parece haber cambiado. La prepotencia que en la Transición les daba el tener los dineros de las socialdemocracias europeas, desde Willy Brandt a Olof Palme, y que les sirvió para ganar elecciones en España y anular los partidos socialistas periféricos, entre ellos el PSPV valenciano, sigue en vigor. Son prepotentes, orgullosos y detentadores de la verdad, escuchar a sus directivos, Carmen Calvo, Celaà, Ábalos o al “capo di tutti capi” Pedro Sánchez, entre otros, es la antítesis de lo que tendría que ser la política. Ellos son los dueños de la verdad, los que pueden decir y decidir cuál será la política gubernamental en España. Es verdad, han ganado las elecciones de hace cuatro meses, pero los números no les sirven para gobernar. Ese es su problema.

Y el otro problema, el gran problema, es que necesitan para formar un Gobierno los votos de UNIDAS PODEMOS, los últimos residuos de la izquierda española que quiso y no supo ser. Y lo que es más grave, necesita los votos de los nacionalistas catalanes y vascos, los mismos votos que les auparon al poder en la moción de censura contra Mariano Rajoy. Hoy, eso, Pedro Sánchez y sus fieles escuderos, Àbalos, Calvo y Celaá, han decidió olvidarlo y dirigen España hacia unas nuevas elecciones en las que, muy posiblemente, entregaran el país a las decisiones y el mal gobierno de la derecha extrema y la extrema derecha. Y la culpa tan sólo será de Pedro Sánchez por escuchar los cantos de sirena de ese Iván Redondo, hoy al frente del Gabinete de Presidencia de Pedro Sánchez y antes asesor de García Albiol, xenófobo, homófobo y uno de los más nefastos políticos que la derecha extrema catalana ha tenido desde 1978 hasta la fecha. Pero a Pedro Sánchez le encanta que este elemento le susurre al oído “convoca elecciones, las ganaras con una amplia mayoría”.

Si tenemos que ir a votar el 10-N, por la ineptitud de un PSOE que amenaza a los otros con que el tren ya ha pasado mientras ellos siguen en el andén esperando que el tren pare a su altura, es muy posible que los socialistas se queden, tristes y solos, en el andén esperando que el tren pare a su altura y el tren pase de largo enviándolos a la papelera de la historia. Por incompetentes, chulos, prepotentes e ignorantes.

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