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Etiquetas:   Conflictos y dilemas   -   Sección:   Opinión

Ética, moral y legalidad

Francisco Montesano
Francisco Montesano
sábado, 24 de junio de 2006, 05:14 h (CET)
Si algo estamos seguros en nuestro tiempo es que los conceptos de ética, moralidad y legalidad se confunden y se funden en una misma acción para muchos de los que habitan este planeta. La definición semántica de los tres conceptos tal vez poco importe, la realidad es que por conveniencia o ignorancia, las personas se mueven utilizando estos conceptos de acuerdo a las circunstancias que les toca vivir y a los preceptos incorporados en su aprendizaje.

La ética, palabra que define a la rama de la filosofía que estudia los fundamentos de lo que se considera bueno, debido o moralmente correcto, en nuestros días tan olvidada y hasta cuestionada por las mayoría de nuestro conciudadanos como una antigüedad, si se pretende sobrevivir en este mundo impiadoso con los débiles y los frágiles de espíritu que pretenden aún honrar al ser humano, tal un Don Quijote moderno.

La moralidad entendida como un conjunto de costumbres, creencias, valores y normas de un individuo o grupo social determinado que orientan acerca de lo bueno o malo, correcto o incorrecto, de una acción, adaptada a cada pueblo y a cada cultura, se la disfraza y encubre con los nuevos signos de la modernidad. Teoría según la cual debemos adaptarnos a los cambios de este nuevo siglo de la informática y los medios audiovisuales para no quedar relegados en un mundo que avanza sin los frenos de contención adecuados.

Constantemente verificamos que con la legalización de los hechos se ocultan las intenciones reales de los implicados en los sucesos, con lo cual la ética de la relación o la moralidad del acto queda sin efecto, ya que es legal. Para que estos supuestos ocurran el o los involucrados principales deben contar con los medios necesarios para la maniobra, ya sean políticos o de poder.

La diferencia entre ambos conceptos que nos ocupan, ética y moral, radica en que la ética es un conjunto de normas que nos vienen del interior y moral son las normas que nos vienen del exterior, o sea de la sociedad. Sin vacilaciones comprobamos hoy que las imágenes proyectadas a través de la televisión y el cine influyen en el comportamiento social, especialmente en los niños y los adolescentes, y así los medios audiovisuales se han convertido en los formadores del carácter ético y moral de nuestra sociedad.

Producto de una sociedad en constante cambio, la influencia de los medios de comunicación con las imágenes y la información que recibimos de todas partes del mundo están contribuyendo de una manera significativa en forma positiva o negativa, desafortunadamente. Esta situación nos lleva a preguntarnos, no sin una gran vergüenza: ¿Cuál es la ética o la moral de nuestros medios?

Noticias en su número 1451, publicó un editorial titulado “Libertad condicionada”. Allí señaló que “la mayoría de los medios de comunicación sellaron un pacto no escrito con la última dictadura militar: acordaron un espacio dentro del cual se podía criticar, en una suerte de ‘libertad condicionada’. Se criticaban los baches, las veredas en mal estado y el tendido descuidado de los cables de teléfono, entre otros temas menores, muchos medios miraban para otro lado. Para el lado que el Gobierno quería que se mirara”.

El 24 de Marzo Clarín anunciaba que la Argentina tenía un nuevo gobierno. Había que leer la letra chica o fijar la atención en la pequeña foto del helicóptero para obtener algunos datos más de lo que realmente pasaba. La Nación, por su parte, aclaraba que María Estela Martínez de Perón había sido detenida. Nadie osó usar la palabra ‘golpe’ en sus titulares. Mucho menos aún ‘dictadura’. Las portadas de los días que siguieron refuerzan la tendencia. Salvo por el detalle de que en las fotos aparecen militares, el lenguaje empleado podría llegar a hacer pensar que se trataba de un nuevo gobierno democrático que llegaba al poder”.

El blog, llamado “Visualmente”, editado por los periodistas Dolores Pujol y Norberto Baruch, editó un especial sobre el 24 de marzo, en el cual recordaba como “en mayo de 1977, Clarín realizó el anunció desde su portada, con un recuadro gigante a dos columnas que ocupaba los dos tercios derechos de la primera plana (…) Clarín se ocupó de detallar en ese recuadro todos los pasos que se siguieron para la compra de las acciones de Papel Prensa. Y puso especial énfasis en aclarar que, gracias a la inyección de capital de los medios compradores, la planta iba a poder finalizarse de una vez por todas. Al final, haciendo honor al refrán que habla de la ‘cola de paja’, se cuidaba de aclarar: ‘Como surge de todo lo expuesto, la transacción se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado (...), preservando un proyecto de interés nacional y resguardando el abastecimiento para todos los diarios de su principal insumo, en defensa de la libertad de prensa, de conformidad con una centenaria tradición argentina y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida’”.

Es interesante recordar que el año pasado, el Foro del Periodismo Argentino (FOPEA), organizó una charla sobre periodismo en la que participaron Magdalena Ruiz Guiñazú y Horacio Verbitsky. el columnista de Página/12 también recordó que durante la dictadura, La Nación y Clarín se asociaron con el Estado en la sociedad Papel Prensa.

Las notas de “Visualmente” fueron acompañadas por las tapas de los diarios Clarín, La Nación, Crónica y La Opinión, extraídas del libro “Decíamos ayer” de los periodistas Eduardo Blaustein y Martín Zubieta, las más completa revisión editada hasta ahora de lo que los diarios publicaron durante la dictadura.

Por eso es bueno recordar a Bertrand Russell en Sociedad humana: ética y política, quien dijo: En cada comunidad, incluso en la tripulación de un barco pirata, hay acciones obligadas y acciones prohibidas, acciones loables y acciones reprobables. Un pirata tiene que mostrar valor en el combate y justicia en el reparto del botín; si no lo hace así, no es un ‘buen’ pirata. Cuando uno hombre pertenece a una comunidad más grande, el alcance de sus obligaciones y prohibiciones se hace más grande; siempre hay un código al cual se ha de ajustar bajo pena de deshonra pública.

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