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¿Por qué insisten los empresarios en un gobierno del PSOE?

“Tener una personalidad de preocuparse por la gente es importante. No se puede ser un buen líder al menos que te guste la gente en general. Esa es la forma de sacar lo mejor de ellos.” Richard Brandon
Miguel Massanet
domingo, 30 de junio de 2019, 09:39 h (CET)

Es una rara especie para la que no existen los sentimientos, el patriotismo, los ideales políticos ni, por supuesto, meterse en ningún tipo de gasto o inversión que no reporte algún tipo de ganancia, ventaja económica, propaganda para sus productos o perspectiva de un buen negocio por el que valga la pena asumir algún tipo de riesgo, siempre el menor posible y aquel que esté mejor garantizado. Ya se habrán dado cuenta de que estamos hablando de esta gran masa de ciudadanos que individualmente, mediante sociedades o unión de ellas en lobbies, mega sociedades, cárteles, mega grupos etc., deciden invertir, parte o la totalidad de sus patrimonios, en la puesta en marcha de una sociedad mercantil. Por supuesto que los intereses de estos mercaderes, fabricantes, industriales o banqueros poco tienen que ver con ideales altruistas, partidos políticos, ONG, organizaciones sindicales, organizaciones feministas, mecenazgos u organismos públicos encargados de velar por aquellas personas que no disponen de lo preciso para vivir dignamente o se encuentran en la miseria, se encuentran en desventaja respecto a otros colectivos o experimentan distinciones a causa de sexo, raza, condición social, religión o defectos físicos.


Y no es que a estos señores que se ocupan del comercio mundial, que dirigen y explotan las fuentes de producción, extracción, conversión, transformación, energía y aprovechamiento de las riquezas de nuestro planeta, sean necesariamente personas carentes de sentimientos, explotadores de personas, máquinas calculadoras faltos de compasión o meros ejecutores de las políticas de producción, ventas, innovaciones, beneficios, investigación o desarrollo de las empresas en las que están encuadrados, sino que la economía tiene sus propias reglas, sus directrices, sus métodos, sus condicionamientos y sus criterios, códigos y reglamentos. Las empresas también disponen se la sección de “recursos humanos”, de los comités de empresa o representantes sindicales que se ocupan de que los trabajadores de cada empresa tengan garantizados sus derechos, sus salarios dignos, su seguridad en el trabajo, sus seguros sociales y sus pensiones de retiro. Pero, el fin de las empresas es ganar dinero, que sus balances anuales no acaben con cifras rojas y que sus accionistas o propietarios consigan un rédito por los recursos que invirtieron en el proyecto.


Sin embargo, en ocasiones, la actitud de este “gremio” de empresarios llega a resultar poco comprensible para el común de los mortales. Su facilidad de cambiar de opinión, de inclinarse hacia el bando que más les conviene, de pretender justificar con razones meramente materialistas sus giros de opinión o de comportarse de una forma incomprensible ante situaciones que, para el conjunto de la ciudadanía, para el sistema de gobierno que garantiza el cumplimiento de la Constitución y los intereses de la nación entera, pudieran resultar excesivamente egoísta, cerrada, poco solidaria o, en determinados momentos incluso rayando la traición a la nación a la que pertenecen.


No creemos que Ciudadanos sea lo que llevan años diciendo que son. En realidad, no han tenido tiempo ni ocasión, debido a que no han tenido la responsabilidad de haber gobernado la nación española, para poder constatar si esta “pureza” de gestión, de intenciones, de honradez institucional o de transparencia administrativa de las que tan presumen, en la realidad, en la práctica del día a día, se hubiera podido comprobar o si, por el contrario, una cosa es predicar y la otra dar trigo, que es lo que, antes o después, les suele suceder a todos los partidos cuando tienen la responsabilidad de gobernar un país y, para ello, la dirección del partido no tiene otro remedio que ir delegando en personas a las que apenas conoce o sólo es por referencias, siempre bien intencionadas pero, en ocasiones, falsas o equivocadas.


Estamos en plena reyerta pos electoral, el señor Sánchez, líder del PSOE, está jugando una complicada partida de ajedrez político para conseguir ser investido como presidente del Gobierno español. Se podría decir que juega con dos barajas al mismo tiempo tanteando sus posibilidades de conseguir una mayoría que le permitiera gobernar con apoyos de la izquierda, pero sin tener que comprometerse demasiado con sus socios de Podemos que, a cambio, le piden puestos en el ejecutivo y cargos de ministros y, al mismo tiempo, está poniendo toda la carne en el asador intentando atraerse al señor Rivera utilizando una táctica un tanto infantil, pero efectiva, consistente en intentar responsabilizar a Ciudadanos de que, finalmente el PSOE que él preside, tenga que inclinarse hacia la extrema izquierda y los independentistas ante la falta de apoyo de los partidos de derechas y de centro. Burdo y evidente, pero no por ello ha dejado de tener algún efecto que se ha mostrado en esta especie de rebelión que algunos miembros de Ciudadanos han levantado en contra de la opinión de Albert Rivera. Y es que, señores, a estos rebeldes que han surgido en el seno de Ciudadanos, a los que Rivera les ha señalado la puerta si no están conformes con sus decisiones, se han añadido los empresarios del Ibex, que piensan que, este interregno que tiene lugar entre la celebración de las elecciones y la formación de un nuevo gobierno, les perjudica al negocio.


Uno, en su modestia y como mero observador del entorno en el que intentamos vivir, se pregunta si, conociendo los planes que tiene previstos el señor Sánchez y su equipo, respeto al engrosamiento de la deuda pública, a los planes de aumentar las prestaciones relativas a jubilaciones, a establecer una renta básica para atender a todos los españoles que no tengan trabajo, a mejorar la prestación de desempleo para los que sigan sin trabajo una vez agotado el plazo, a ir aumentando la plantilla de funcionarios, etc.; los empresarios de las empresas del IBEX no se dan cuenta de los peligros que les espera si caen en la trampa que les tiene preparada Sánchez. Todo ello suponiendo que no llegue a cumplir su promesa de deshacer las modificaciones laborales que se produjeron, siguiendo las indicaciones de Bruselas, para mejorar la flexibilidad de las plantillas de las empresas en apuros y evitar el excesivo intervencionismo de los sindicatos de trabajadores en la negociación de los convenios colectivos de empresa, cuando en la actualidad se da preferencia a los convenios de empresa respecto a los sectoriales, provinciales o estatales; algo que, naturalmente a los sindicatos como CC.OO o UGT, no les ha hecho ninguna gracia porque les ha restado protagonismo e influencia en la negociación sindical.


No somos simpatizantes especiales de Ciudadanos ni, por supuesto, las variaciones de criterio que ha venido demostrando esta formación política durante muchos años, tan pronto arrimándose al PSOE como al PP en un juego que le ha permitido al PSOE salir de pasos complicados sin que, por otra parte a Ciudadanos les haya reportado ventaja alguna; y lo mismo ha sucedido con sus reticencias a apoyar con firmeza al PP debido a que lo que están intentando es hacerse con el lugar que ocupa, en el centro dere4cha, el partido del señor Casado. Sin embargo, en esta ocasión alabamos la postura de Ribera de mantenerse firme en su decisión de votar en contra de la investidura de Sánchez, debido a que, por mucho que a los empresarios les pudiera resultar incómoda la prolongación de la falta de Gobierno (de hecho ya llevamos muchos meses sin que se pueda decir que existe normalidad en el gobierno de España y, sin embargo, no parece que la economía de la nación se encuentre condicionada por tal circunstancia), parece absurdo que se pueda apoyar un gobierno que está esperando ocupar su lugar en las instituciones para aumentar los impuestos y empezar a poner en práctica toda una serie de medidas de izquierdas que el país, en las circunstancias actuales, no está en condiciones de soportar, por mucho que a los empresarios les parezca que, cediendo ante el poder, conseguirían mantener su statu quo actual.


La postura de la CEOE, actualmente dirigida por un señor procedente de las PIMEC, siempre ha adolecido de la idea de que, si se les da facilidad para hacerlo, pretenden ser ellos mismos los que negocien directamente con los Sindicatos y, si es a nivel sectorial, tanto mejor. Tienen sus abogados y economistas para los temas estrictamente legales pero, algunos de los que forman la cúpula de la organización empresarial, generalmente pertenecientes a empresas de grandes dimensiones, están convencidos de que están mejor preparados que nadie para discutir con los líderes de los trabajadores que, puede que en ocasiones, no tengan mucha preparación pero que, a la hora de pedir y exigir les puedo asegurar que saben hacerlo a la perfección. Siguen convencidos de que ellos serán capaces de “mostrándose muy amables”, pagando comidas los representantes de los trabajadores, ofreciendo algunas mejoras sociales como financiar un equipo de fútbol, por ejemplo, serán capaces de conseguir ahorrarse unos millones de euros o, al menos intentarlo, porque estos convenios cerrados en falso tienen la particularidad de que los señuelos pronto quedan al descubierto y los verdaderos problemas, que quedan sin resolver, suelen resurgir con más fuerza hasta que llega un momento en que la insatisfacción de los trabajadores les conduzca a una huelga en la que se pierde todo lo que se intentó ahorrar, con intereses incluidos.


Es evidente que España no puede quedar al albur de empresarios, muchos de ellos catalanes en los que, aparte del interés económico, prima el nacionalismo soberanista tan cerrado que les impide ver con claridad lo que sería Cataluña independiente, en manos de izquierdas como ERC o la CUP, aislados de Europa y viéndose obligados a pagar tasas por las importaciones y exportaciones que intentaran realizar para poder sobrevivir.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no acabamos de entender que, gente inteligente y expertos en economía sean tan obtusos que no vean en un gobierno socialista, el principio de lo que acabaría siendo, como ha sucedido con el socialismo del resto de Europa, el principio del fin de la prosperidad que hasta ahora hemos conseguido mantener.

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