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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   Pedro Sánchez  

Sánchez acumulando poder en España y meritando influencia en Europa

“Un político hará cualquier cosa por conservar su puesto. Incluso se convertirá en un patriota”. William Randolph Hearst
Miguel Massanet
sábado, 22 de junio de 2019, 09:10 h (CET)
Y parecía un chico tímido, incapaz de romper un plato, aplicado e iniciándose en política, dispuesto a aprender de quienes lo precedieron. Sí, señores, este hombre que está a punto de tomar las riendas del gobierno de España, sólo hace unos pocos años era un perfecto desconocido para el común de los españoles y hasta me atrevería a decir que, incluso, dentro de su propio partido. Ahora Pedro Sánchez Pérez Castejón, de 47 años y, según consta en su currículum, ateo; ha sido capaz, y se le debe reconocer el mérito de haberlo logrado, de pasar de ser un rival que supo sacar de quicio al propio Rajoy, de superar haber sido expulsado de su propio partido y condenado al ostracismo, a conseguir superar la desgracia, presentarse ante las bases como el defensor de las clases humildes, víctimas del aparato del partido, y conseguir salir reforzado de la consulta que se hizo entre las bases socialistas, para recobrar el secretariado del PSOE, derrotando a todos aquellos que le habían enviado al exilio de la política. Dicen que Stalín había estudiado de seminarista antes de convertirse en el líder de la Rusia soviética, y, sin ir más lejos, tenemos ejemplos en nuestra propia nación como el caso de Xabier Arzalluz, líder del separatismo vasco, que había sido ordenado sacerdote de la orden de los Jesuitas en la que permaneció durante tres años. Luego la lección que podemos sacar de estos ejemplos es que, esto de que “no hay enemigo pequeño”, es algo que nos debemos tomar muy en serio. Lo cierto es que, mientras ha sido capaz de capear el temporal consistente en gobernar con una minoría de 84 escaños, después de haber defenestra al gallego Rajoy y tener el acierto de convocar elecciones, cuando parecía el momento más inoportuno, cogiendo con el pie cambiado a todo el resto de partidos de la oposición; se ha salido con la suya al conseguir 123 escaños, que el PP bajara en 64 y que el resto de sus contrincantes más directos, excepto los separatistas catalanes, hayan quedado en situaciones desairadas o, al menos, incapaces para poder aspirar a ninguna cuota de poder. Pero parece que esta derecha conservadora, este centro tan disputado y tan poco centro o este centro izquierda que presume de liberal, representado por las huestes del señor Rivera, no han entendido nada de nada, no han aprendido de su fracaso en las urnas y no parece que vayan a ser capaces de deducir que, el peligro que amenaza a nuestra nación, no está en los señores de VOX, ni depende de que, quien mande en la oposición al socialismo, sea el señor Casado o el señor Rivera, sino que el verdadero problema que ahora, después de las legislativas y las autonómicas y municipales, no se centra en quien sea más o menos representativo en la oposición sino que, el señor Sánchez, viene demostrando que cuando quiere conseguirlo es capaz de movilizar a toda la izquierda y a los separatistas, para conseguir sacar adelante todas aquellas políticas que les favorecen y son capaces de hacerles conseguir más votos de los que, en la actualidad, pueden alcanzar los partidos que tendrían en sus manos, si pudieran gobernar, la posibilidad de llevar a cabo unas políticas económicas, e incluso sociales, basadas en las teorías posibilistas y no en las basadas en el gasto público desmedido, el engrosamiento de la deuda pública y en el descontrol del déficit público del Estado y de las autonomías juntamente con un aumento de impuestos, propio de los regímenes de izquierdas. Sánchez sólo tiene que esperar a que las disputas entre los partidos más representativos del conservadurismo en España se vayan destrozando los unos con los otros, para tener vía libre para implantar sus propios métodos, consistentes en abrir el grifo de las subvenciones, aumentar las retribuciones de los pensionistas para conseguir que le voten, tener satisfechos a los funcionarios, aumentando su número, dándoles satisfacción a los militares aumentando el presupuesto de defensa ( algo que si lo hiciera un gobierno de derechas hubiera suscitado las iras de las izquierdas) repartiendo cargos y prebendas entre los que le han venido apoyando e intentando, como sigue haciendo con eficacia demostrada, conseguir apoyos para su investidura, prescindiendo de consideraciones éticas, morales, patrióticas o de orden económico que, no por desentenderse de ellas van a dejar de producir, con el paso del tiempo, los efectos que cualquier economista con conocimientos de la realidad, puede adelantar, sin temor a equivocarse, a cualquier estado que se olvide de las reglas básicas de toda economía: no se puede gastar más de lo que se ha ingresado. Una norma que tanto sirve para la macroeconomía de un país como para la microeconomía de una familia española. Sánchez sólo tiene que esperar a que los frutos maduros de desprendan de las ramas del árbol político que ha sabido cultivar gracias a la estupidez de sus oponentes, enzarzados en luchas fratricidas sin darse cuenta de que, aquellos mismos que los votaron, se están haciendo cruces de que, una vez conocidos los lamentables resultados obtenidos en las urnas, lo único de que sean capaces es de atacarse con inhabitual insania, los unos a los otros, mientras que ante sus ojos, los socialistas, se dedican a acaparar poder autonómico y municipal sin que, para conseguir sus objetivos les importe aceptar la presencia de Bildu o tienen que hacer concesiones a los nacionalistas vascos y catalanes para conseguir el apoyo que precisan para evitar tener que convocar nuevas elecciones; una posibilidad que, aunque dicen que nos les preocupa porque no van a perder lo conseguido, en realidad tienen el peligro de que el PP salga más reforzado a costa de sus posibles competidos del centro derecha como son Ciudadanos o VOX, que, según las encuestas que siguen apareciendo, parece que serían los más perjudicados si se celebraran unos nuevos comicios. No así los que han venido formando durante años el llamado bipartidismo: el PP y el PSOE. Pero, hay otra faceta muy importante a la que nadie parece prestar mucha atención. Se trata de la política internacional a la que el presidente, en funciones, de la nación española parece prestarle especial atención. No olvidemos que el socialismo en el resto de Europa está pasando por una fase de descrédito, de escasas posibilidades de recuperar la fuerza que, en otros tiempos, tuvieron en la política de la UE; superados por la derecha y, en especial por los extremismo de derechas e izquierdas que, durante los últimos tiempos, han dado muestras de haber ido adquiriendo más importancia en todo Europa. Los populismos intentan ir desbancando a las dos grandes fuerzas de la política europea, conscientes de que mientras el capitalismo sea quien rija los destinos de las principales naciones europeas, las posibilidades de infiltrase en los gobierno de cada una de ellas pueden resultar nulas o casi nulas. Y aquí es donde Sánchez ha puesto sus esperanzas de adquirir prestigio entre la izquierda europea, con el aval de sus espléndidos resultados obtenidos en España, lo que lo pone en un plano superior a todo el resto de dirigentes de izquierdas que no han sido capaces de mantenerse en el poder en sus respectivos países y que han tenido que ceder ante los resultados de otros partidos conservadores que los han relegado a los últimos lugares de la política en la propia CE. Se sabe manejar hábilmente y ha conseguido atraer a la, hasta hace poco, temible señora Merkel de Alemania y ha logrado, o al menos lo está intentando, formar pareja con el señor Macron, de Francia, que sigue empeñado, ante las poco afortunadas encuestas que le van rebajando su popularidad entre los votantes franceses, en constituirse en el líder de la CE una vez que, Inglaterra, inmersa en el desconcierto del “brexit” y pendiente del nombramiento de un sucesor para la señora May, ha dejado de ser una nación de referencia dentro de Europa y ahora, la lucha por el poder, se está librando entre las naciones francesa y alemana, ambas dirigidas por gobernantes en horas bajas, lo que le da una especial importancia al hecho de que, los que apoyen a una o a la otra, consigan descartar, en favor de una de ellas, la balanza del poder. No es un secreto que Pedro Sánchez espera sacar tajada para España de esta situación, aunque lo que él busca, en realidad, es obtener más influencia en la CE, es conseguir que se le asigne un puesto de relevancia en la propia UE que le permita, a la vez, afianzarse en el Gobierno de España e, intentar potenciar en la propia CE, una remontada del socialismo, con la posibilidad de que, por los resultados obtenidos en las elecciones españoles y el prestigio que para su persona, le proporciona ser el único partido de izquierdas socialista que haya obtenido tan notable victoria; tenga posibilidades de ser elegido el dirigente del grupo socialista en el Parlamento de Bruselas. O así es como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos viendo con no poca preocupación cómo, en esta ocasión, el comportamiento de los políticos de las izquierdas está siendo, al menos desde su punto de vista, mucho más lógico, organizado, efectivo y popular que la actitud de la oposición, incapaz de ponerse de acuerdo y de ser capaces de renunciar a tantas líneas rojas que, por otra parte, no consiguen otra cosa que favorecer los planes de la izquierda, al menos hasta que, una vez pasados estos meses de lucha por situarse en el mapa político español, empiecen a producirse los resultados de una política carente de coherencia y basada en un incremento desproporcionado del gasto público y el aumento, consecuente, de los impuestos para recaudar más. Pero esto sucederá cuando hayan pasado un tiempo que puede tardar en llegar meses, cuando la inercia de la política de derechas dé paso a la realidad de una política filocomunista, basada en el intervencionismo estatal, la burocratización del país y la necesidad de fomentar una política social a todas luces fuera de la capacidad de gasto de la nación española.
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