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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

Un ejemplo a seguir

Jabier López de Armentia
Opinión
lunes, 5 de junio de 2006, 22:13 h (CET)
Un ejemplo a seguir son nuestros amigos nórdicos. Sociedades ejemplares donde la ética, la moral, la solidaridad van de la mano unidas por una gran y envidiable política social. La gran política social de los países escandinavos.

Escandinavia es aquella península situada al norte de Europa; allí donde se juntan dos continentes, Asia y Europa; allí donde vivir es todo un placer; allí donde las raíces del Estado de Bienestar están muy arraigadas. Una región en el mundo donde la competitividad económica es la mayor del mundo, donde la seguridad social es un sistema plenamente beneficioso para el conjunto de sus habitantes, donde la palabra “corrupción” suena a chino y donde el marco jurídico estable fomenta la confianza de sus ciudadanos. Más de uno soñaríamos con que estas frases sirviesen para describir la tónica general de nuestro país.

Los países nórdicos gozan de gerencia envidiable, siendo un referente en cualquier economía debido a su inmejorable aplicación del mencionado Estado de Bienestar – cuando hablamos de la península escandinava nos referimos a Noruega, Finlandia, Suecia y Dinamarca –.

Muchos podrán decir que el nivel de impuestos que tienen estos gobiernos es muy alto, tachándolo de inaplicable al resto de gobiernos o incluso de contraproducente y excesivo, pero la realidad es que, aunque los ciudadanos tributen más o menos, el verdadero e importante factor de este fenómeno es ¿Qué hacer con esos impuestos recaudados?. Los países nórdicos realizan un muy buen uso de los ingresos, inyectando los recursos de nuevo en la economía y la educación e infraestructuras. Esta es la piedra angular del proyecto y diferenciadora del resto de estados, el uso de los recursos. Con frecuencia se considera que los países escandinavos gastan mucho en prestaciones sociales, pero a este respecto no sobresalen de entre los demás países de la Europa Occidental. Siendo llamativo el ejemplo de que Luxemburgo gaste más en prestaciones sociales que cualquiera de los países nórdicos.

Desde la lógica escandinava se persigue conseguir una sociedad igualitaria, una sociedad donde la pobreza, la corrupción y la desigualdad no tengan cabida, una sociedad donde “muy pocos ciudadanos tengan demasiado y menos aún tengan demasiado poco”.

A día de hoy, por ejemplo, el sondeo anual realizado por World Economic Forum desvela que la economía más competitiva del mundo es la Finlandesa, por tercer año consecutivo, siguiéndole de cerca países como Estados Unidos, Suecia, Dinamarca, Taiwán... Importante el dato: de los cinco primeros de la lista, tres de ellos son escandinavos.

¿A quien no le gustaría tener una economía tan competitiva? Como al principio del artículo he comentado, todos soñamos con que nuestro país se describa por si solo con semejantes datos. ¿Ustedes se imaginan España como modelo a seguir por otros países en materia económica o de bienestar social? ¿Por qué no intentamos una mejor política social, una adaptación del modelo escandinavo a la política social española? Creo humildemente que es más que difícil la puesta en marcha de este modelo escandinavo en las instituciones españolas, ya que gozamos de una mala herencia o desprestigio social hacia los impuestos. Una subida generalizada de los impuestos en búsqueda de una igualdad mayor entre los ciudadanos es interpretada como algo negativo por parte de la gente de a pie. Existe en España la conciencia de que aquel gobierno que suba los impuestos o haga hincapié en versar demasiado sobre ello perderá no sólo votos, sino lazos directos con la ciudadanía, repercutiéndole esto a posteriori en unas futuras elecciones.

Sin embargo en los países nórdicos una subida de impuestos, si es justificada y en aras de mejorar la situación social del país, no es interpretado como algo negativo, al contrario, es aceptado sin mayor problema y sin suponer un coste o desgaste electoral para el gobierno que promulgue esta serie de iniciativas.

Creo no solo nos separa la economía, el bienestar social o aspectos meramente políticos, sino que su cultura es mucho más avanzada que la nuestra.

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