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'El camarada Lobo' se siente disgustado

Dmitry Kosirev
Redacción
sábado, 20 de mayo de 2006, 01:39 h (CET)
Cuando uno empieza a estudiar la reacción de los medios noticiosos mundiales ante el reciente mensaje que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, dirigió al parlamento (también lo llaman informe sobre la nación), se le hacen evidentes ciertas particularidades de la mentalidad humana. La primera viene a confirmar la afirmación de que el arte es una gran fuerza. El presidente dijo muchas cosas interesantes, pero la prensa del mundo entero cita en titulares sólo un dicho tomado por Putin no se sabe de qué fuente: “El camarada lobo sabe a quién se come, y se lo come sin hacer caso de nadie”.

Conviene seсalar que en la variante escrita del discurso, que Putin llevaba consigo, no figuraban ningunos lobos.

Sospecho que no se haya citado la gran literatura rusa, sino una fábula de los aсos 1960 (en que Putin era un adolescente todavía), olvidada hoy día. En la década del 60 todavía estaba muy en uso la palabra “camarada”, que actualmente se percibe en Rusia como arcaica. Quienes recuerdan aquella época, tendrán en la punta de la lengua el nombre de aquella fábula y recordarán su mensaje satírico dirigido a un burócrata despótico, así como a la lisonjera secretaria que pronuncia las palabras citadas.

Pero la gloriosa prensa internacional ha dictaminado: han bautizado de “camarada lobo” a EE UU (a Bush, Cheney, Rumsfeld, etc.)

Ahí está otra característica de la mentalidad humana: uno no ve lo que existe en realidad, sino aquello que espera ver.

Es que esperaban que el presidente ruso dé en su mensaje una respuesta a lo dicho hace poco por Dick Cheney, vicepresidente de EE UU, en Vilnius: éste acusó a Rusia de estar abandonando la vía de desarrollo democrática y de practicar un chantaje energético contra algunos de los países limítrofes.

En vísperas de la intervención de Putin, del Kremlin se filtró la noticia de que su mayor parte estaría dedicada a los asuntos internacionales y que también se daría una respuesta a Cheney. Pero en realidad no era así. El presidente de Rusia se dirige al parlamento del país no para dar respuestas a vicepresidentes de otros países.

Igual que los anteriores mensajes anuales de Putin, el actual estaba dedicado casi de lleno a los problemas internos de Rusia y pasaba por alto los asuntos internacionales.

Como resultado, los medios noticiosos extranjeros empezaron a buscar – y hasta descubrir – la respuesta de Putin a Cheney en los más inesperados lugares. Les ayudó mucho en ello lo del “camarada lobo”, por supuesto.

Es interesante que literalmente al día siguiente ya el secretario de Defensa de EE UU, Donald Rumsfeld, haya intervenido como columnista en Le Figaró francés. Y también recibió una fallo severo, pero ya por parte de la prensa rusa: “El camarada lobo se siente disgustado con el discurso de Putin”.

Entre los medios noticiosos rusos, sólo las numerosas ediciones oposicionistas vislumbraron el acento anti-EEUU en el mensaje presidencial. Mientras que otras, las que no se proponen el objetivo de criticar cuanto se diga, vieron en el discurso aquello que éste contenía realmente, y lo comentaron bajo los títulos “Putin y el amor” o “El Ejército y los niсos”.

Pues el mensaje estuvo centrado realmente en dos temas principales, que desplazaron todo lo demás, en aquello que preocupa al país más que nada hoy día: el drama demográfico del país y el problema de renacimiento de las Fuerzas Armadas. Ilustran bien lo primero las siguientes dos cifras: actualmente, la población de Rusia es de 143 millones, y si se mantienen las tendencias actuales, hacia 2050 la van a poblar unos 100 millones. Precisamente por ello una parte considerable de los ingresos que aporta el crecimiento económico de Rusia y el superávit de casi un 10 % del presupuesto federal se dirigirán a estimular la natalidad. A este tema y otros gastos de miles de millones de euros Putin les dedicó más de la mitad de su discurso de una hora de duración: la duplicación del subsidio a las madres con niсos, el pago de varios miles de euros por el nacimiento del segundo niсo, etc.

¿Quizás se pueda catalogar como “respuesta a Cheney” (y ahora también a Rumsfeld) el segundo tema clave del mensaje, el del Ejército?
Pero para el electorado ruso el Ejército no es un problema internacional, sino interno: es un problema social y hasta demográfico en cierto grado. Putin hizo recordar que en 1999, cuando los terroristas chechenos irrumpieron en el Daguestán limítrofe, surgió la necesidad de reunir a 65 mil efectivos. “El Ejército contaba con un millón 400 mil, pero no había quién supiese combatir. Por ello lanzaban al combate a unos bisoсos”, dijo.

Tendrán muy buena imaginación aquellos que le imputan renacimiento del militarismo a un país que gasta en su defensa dos veces menos que, por ejemplo, Francia o Gran Bretaсa, sin hablar ya de que el presupuesto militar de EE UU expresado en cifras absolutas es 25 veces mayor que el de Rusia. Son cifras tomadas del mensaje presidencial, dicho sea a propósito.

El público ruso acepta el aumento de los gastos militares del país, entre ello por la siguiente frase contenida en el mencionado artículo de Rumsfeld: “EE UU centra su atención hoy día en Iraq y Afganistán, pero en lo venidero va a partir en su política de las opciones que hagan otros Estados, tales como Rusia y China”.

Verdad que Rusia y China no son Iraq y Afganistán, ni mucho menos (aunque EE UU se ha atascado ya en estos dos últimos, muy seriamente y por mucho tiempo). Esperemos que, al declararlo, “el camarada lobo” simplemente se haya pasado un poco de la raya.

Además, EEUU es un país de coyotes, pero no de lobos.

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Dmitry Kosirev, para RIA Novosti.
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