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Opinión
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Sectas y partidos políticos

Los nombres, identidades, intenciones e ideologías importan
José Luis Heras Celemín
jueves, 25 de abril de 2019, 13:53 h (CET)

En democracia, Sectas y Partidos Políticos no son lo mismo. Conviene ver la diferencia, sobre todo en un momento como éste, a tres días de unas Elecciones Generales y a las puertas de las Elecciones Municipales y Autonómicas convocadas. Hasta en el diccionario, los términos ‘secta’ y ‘partido’ producen dudas; y hay que poner empeño para encontrar la diferencia entre ellos. Una diferencia, esencial y excluyente, que rechaza a la secta como grupo de participación política, distinto al partido, la única forma de actividad de grupo propia del sistema.

Veamos: Secta es el conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica (acepción 1), la doctrina que se diferencia e independiza de otra (acepción 2) o el conjunto de creyentes en una doctrina que el hablante considera falsa (acepción 3). Partido político, por su parte, es el conjunto o agregado de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa. De la simple lectura, se deduce que ‘partido’ es un término que define a un grupo sin connotación alguna. Por contra, ‘secta’ precisa parcialidad, diferencia, independencia y falsedad. Todo ello en un grupo, que el diccionario llama conjunto aunque sea subconjunto, que supone una asociación amplia con cualidades no comunes entre los subconjuntos existentes en ella.

Si tenemos en cuenta que ambos conceptos han de aplicarse al sistema político común del que formamos parte, la democracia, habremos de convenir que el único conjunto al que se refiere el sistema participativo es el que atiende a la característica común de todos los subconjuntos, y elementos, que hay en el sistema. Llegamos así a la cualidad común que es propia de la democracia: Todos los individuos son iguales en obligaciones y derechos ante la ley y el sistema. Igualdad ante Ley y sistema. Es la única característica. Con ello, surge el axioma, inexorable, sin réplicas, añadidos ni menguas: Todo ciudadano que forme parte de un grupo que cumpla la Ley en el Sistema Político que nos hemos dado tiene derecho a participar en la actividad política por los cauces de participación previstos, los partidos políticos; y sin las trabas que puedan aplicarse a las sectas que traten de excluir a quien cumpla con la Ley.

De esta forma, el sistema se purifica de sectas y sectarios, con respeto a las normas y en beneficio del interés general, para otorgar la capacidad de participar en las cuestiones públicas sólo a los partidos políticos.

Si echamos una mirada en derredor, nos encontramos con un conjunto de subconjuntos sociales, que andan por ahí, que, en aras de no se sabe qué, asumen la facultad de imponer y dar capacidades para participar en la actividad política sin reparar en lo que pudiera ser (es) una de las más flagrantes violaciones del principio que impone la norma principal de convivencia contenida en la Constitución: Nadie está por encima de la Ley, ni puede imponer normas al margen de ella. Por ello, los grupos o personas que traten de excluir a personas o grupos por voluntad propia, sea quien sea y por los motivos que puedan usar, se convierten en sectarios o sectas abyectos; con la fuerza conceptual del adjetivo y la carga emocional y semántica que supone.

Voluntad y motivos. La voluntad excluyente de sectas y sectarios lleva a su autoexclusión del sistema. Por lo anterior expuesto, y por ser ajenos a los principios demócratas que alimentan el Estado de Derecho. Los motivos que puedan usar, sean los que sean, si no se basan en la Ley y en la defensa de lo que ésta ampara, producen la necesidad de apartar del sistema a sectas y sectarios para defender el sistema. La realidad y esencia demócratas son tan obvias que, en uno de los casos más notables de los que se ven estos días, junto a la exclusión por convicciones políticas de ultras extremos de izquierda o derecha, aparece un rechazo tan magnífico que merece una proclamación grave y solemne:

Quien en democracia no defiende que el adversario pueda actuar con libertad, hablando o usando cualquiera de sus derechos ciudadanos, no es demócrata, es un sectario, medroso o no, que debe apartarse.

Justicia, Leyes y Procesos judiciales aplicando la Ley. Sí. Pero, además, ante las elecciones próximas, Generales, Autonómicas o Locales, es necesario actuar con urgencia para conseguir eficacia. En nuestro sistema hay un órgano, la Junta Electoral Central, encargado de velar por la limpieza electoral. Lo ha hecho ya en casos pasados, actuales y conocidos. Por ello, no parece extraño esperar que ahora, si sectas y sectarios trataran de privar de derechos constitucionales a personas o grupos que están dentro de la Ley, actúe. Como prevé la Ley y debe. Para que sean los partidos políticos las únicas organizaciones que articulen la participación ciudadana en la actividad política.

¿Ultras de extrema izquierda o extrema derecha?, ¿Unidas Podemos o Vox?, ¿Nacionalistas o independentistas?,

¿Marginales o centrados?

Los nombres, identidades, intenciones e ideologías importan. Claro que importan, pero menos. Mucho menos que la Ley que nos hemos dado a lo largo de la historia, la que propicia nuestro Estado de Derecho y la que, al margen de sectas y sectarios, debe regular la convivencia y mejorar con el aporte de los únicos cauces de participación política válidos: Los partidos políticos. 

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